Basta una persona para mejorar una relación

Somos seres sociales. Desarrollar relaciones sanas con otros seres humanos es simplemente esencial para gozar de una vida plena. Sin embargo, con los años es habitual que cada vez nos resulte más difícil relacionarnos con otros, siendo este tema una frustración habitual. Lo que quizá no sabemos es que una persona es suficiente para mejorar una relación.

Si pensamos en las relaciones, me gusta distinguir entre relaciones escogidas (pareja y amigos) y relaciones dadas o impuestas (familia, hijos, jefes, compañeros de trabajo, familia política, parejas de amigos, vecinos, etc.).

En una relación elegida ha habido un «proceso de selección» previo y ha habido una elección expresa, una voluntad de incorporar esa persona en tu vida. El resto de relaciones, la mayoría en realidad, te vienen dadas.

Según nos hacemos mayores aumentan las relaciones impuestas en nuestra vida, por lo que nos vemos obligados a pasar cada vez más tiempo con gente con la que a lo mejor no nos apetece, en una época además en la que cada vez tenemos menos tiempo.

En este momento aparecen nuestras carencias en la gestión de relaciones personales y autocontrol.

Yo, por ejemplo, siempre he sido extremadamente celosa de mi salud mental y por tanto muy selectiva de las personas que dejaba estar en mi vida. Era (y soy) muy afortunada, tenía suficiente gente estupenda ya en mi vida y me molestaba tener que aceptar gente que sabía que iba a perturbar mi equilibrio emocional.

Tengo un radar muy sofisticado para detectar lo que hoy se llama gente tóxica y huía de ellas como de la peste, cortándolas de mi vida de raíz.

Mi método, muy eficaz, era infantil. Jamás aprendí a gestionar a personas complicadas. Tampoco aprendí a gestionarme a mí misma en situaciones complicadas de manipulación, ofensas o impertinencias.

Cuando llegas a un trabajo y el jefe es un idiota, la salida consecuente con ese método es cambiar de trabajo. Desgraciadamente, la probabilidad de que tu jefe no te guste es bastante alta. Y si no es el jefe, tendrás una compañera insoportable, o un cliente insufrible.

Más tarde llegan las parejas de tus amigos y tu familia política. Que puede ir bien, pero cuando llegan los hijos, pues se suele complicar. Y, por último, llegan los hijos. Les adoras, claro, pero te puedes no llevar bien con ellos, porque nadie te asegura que te guste el carácter de tus hijos a partir de cierta edad. Duro, pero cierto.

Entonces te das cuenta de que tienes que aprender a relacionarte mejor con quien no quieres relacionarte.

O mejor dicho, querer relacionarte mejor con quien necesitas relacionarte.

Pues sí, qué complicadas son las relaciones humanas.

Merece la pena, en mi opinión, invertir tiempo en aprender a gestionar relaciones. Y aprender a gestionarse a uno mismo.

Como coach, no hay cliente con la que no hable de relaciones. Aunque no sea el objetivo por el que contrató un proceso de coaching, siempre, siempre sale el tema en algún momento del proceso.

Mantener relaciones personales sólidas es necesario para el bienestar humano

Llevo años de trabajo personal y he investigado mucho el tema de relaciones. Me gusta empezar con 3 conceptos:

  1. La más importante, que las relaciones personales son clave en la vida humana. Es lo que nos mueve. Sin relaciones sanas tu vida está incompleta. Y si una relación cercana está dañada, el sufrimiento afectará a todo tu estado de ánimo.
  2. Tu relación contigo mismo es una relación en sí misma y es tu relación más importante.
  3. Y una gran noticia, basta una persona para mejorar una relación. El trabajo personal sobre “tu lado” de la relación, da resultados increíbles y mejora toda la relación.

El punto 3 es maravilloso. Y funciona. Seguro que tienes dudas, pero es real.

  • Cuando trabajas en ti y te tomas el tiempo en conocerte, aprendes que lo que te molesta de los demás es algo que de algún modo tiene un reflejo en ti, una carencia o un área que quieres mejorar.
  • Cuando trabajas en ti aprendes a gestionar tus emociones. A identificarlas, nombrarlas y entenderlas. Las emociones que te generan tienen un significado. Si alguien te genera una emoción incómoda, sabrás identificarla y por tanto recuperas el control y te encuentrarás más cómoda de nuevo en la relación.
  • Aprendes a identificar comportamientos manipuladores o victimistas, (en otros y en ti) con lo que estás mejor preparado para ofrecer una respuesta elegida, no reactiva al comportamiento que tienes enfrente. La relación se hace más sana.
  • Vas a practicar además el perdón, la auto-compasión y la aceptación. Cuando te lo concedes a ti, se lo concedes también a los demás y eso redunda en la calidad de tus relaciones, especialmente con tus seres más queridos.

Vamos a hablar de comunicación en el próximo post, primer problema en las relaciones y vamos a trabajar sobre las siguientes semanas. Recuerda:

“Basta una persona para mejorar una relación” (Marianne Williamsom)

Empieza hoy mismo y compruébalo.

Feliz día,

Ana

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