La vida que quieres

Ana García Liébana

Tu cerebro puede crecer

Hoy te hablo del cerebro, como materia (normalmente te hablo de la mente- el cerebro pensante), y de cómo cuidar el elemento físico causante de tus pensamientos y de tu calidad de vida, pues tu cerebro puede crecer.

Y es que hace tiempo leí que íbamos a vivir 120 años.

Me entró un poco de nervio. 120 años son muchos años. 120 concretamente. 50 más que 70.

Muchos años de los «malos».

El ser humano lleva buscando el elixir de la eterna juventud desde el inicio de los tiempos, y yo ante la expectativa de vivir mucho me quedé fría. Porque vivir muchos años como anciana no me hace ilusión.

Y no es que lleve mal los años, soy de la opinión, como decía Ramón y Cajal, que las arrugas que me deben preocuparme son las del cerebro, no las de mi cara. Pero sí me inquieta vivir sin salud. La pregunta es, como hacer que los años «malos» sean buenos. Con salud y vitalidad.

Y me puse a investigar cómo alargar la salud del cerebro y del cuerpo.

Además, todo lo que es bueno para tu cerebro en el futuro favorece el rendimiento cognitivo ahora (que piensas mejor, vaya). Y eso es una mejora de tu productividad. Perfecto para Mujerdristas. Así que mataba dos pájaros de un tiro.

Hay muchos libros ahora sobre cuidar la salud de tu cerebro. Están de moda. Por dos motivos: el alzhéimer, desgraciadamente, ha crecido mucho, y porque con los avances de la neurociencia se sabe por fin mucho más de como funciona nuestro cerebro.

Te recomiendo dos libros divulgativos; Saludable mente de Marcos Vázquez y Cuida tu cerebro de Álvaro Bilbao. El primero lo ha escrito un experto en fitness, que no es médico, ni psicólogo, pero que, quizá por eso, es muy didáctico y se explica muy bien. Álvaro Bilbao es muy famoso en redes, probablemente le conozcas más por el lado de educación de niños pequeños, pero es experto en neurociencia y plasticidad y también encuentro que el libro es fácil de leer y muy práctico.

Tu cerebro es materia

Esto parece una perogrullada, pero merece la pena destacarlo. Nuestro cerebro es una materia, por lo tanto requiere para funcionar bien que lo «alimentémonos». Y su alimento es oxígeno, nutrientes y un fertilizante especial para que las neuronas se conecten entre sí y se «lleven bien».

[Quizá los neurocientíficos se rasgan las vestiduras por la super simplificación, pero a mí me sirve].

Y nuestro cerebro hace muchas cosas. Pero muchas en cada instante. Manda órdenes y recibe y comparte información con el cuerpo. Y además piensa.

Y a la actividad de pensar se la asignamos a la mente (al menos yo lo hago así). Pero la mente, los pensamientos, emanan del cerebro. No salen de la nada.

Es lógico pensar que una adecuada salud de la materia que piensa dará lugar a mejores pensamientos.

Pero lo cierto es que hasta hace muy poco no era posible demostrar la relación entre cuerpo y mente, ni entre salud física del cerebro y transtornos de la salud mental.

Esto está cambiando, y es una noticia maravillosa.

Podemos decir que nuestro rendimiento cognitivo y estado de ánimo dependen de la salud de nuestro cerebro. Y ya se ha demostrado que la salud de nuestro cerebro depende de la salud de nuestro cuerpo.

Es decir, cuanta mejor salud física tengamos, mejor salud mental tendremos. Esto añade para mí un nuevo argumento para esos días en que no me apetece salir a hacer deporte o comer saludable. Y como nuestras hormonas y neurotransmisores a veces juegan en el quipo contrario, especialmente a partir de cierta edad, pues todo lo que sume, bienvenido sea.

Ya no es por mantenerme en mi peso. Es para que mi cerebro piense mejor, tenga más claridad y envejezca mejor. Le cuesta a mi cerebro discutirme este argumento. Si es por ti.

Neuroplasticidad

Hace varios años, Ramón y Cajal, al que se le considera el padre de la neurociencia, afirmó que «en el cerebro adulto las conexiones neuronales eran fijas e inmutables. Todo puede morir, nada puede regenerarse». Menuda sentencia. Pero él mismo quería equivocarse, creo, porque dijo «corresponde a la ciencia del futuro cambiar, si es posible, este cruel decreto».

Afortunadamente, así ha sido.

Hoy se sabe que el cerebro es plástico. También el de los adultos.. La práctica mental hace crecer el cerebro. Creamos nuevas conexiones con lo que hacemos. Y, además, nuestras experiencias fortalecen o debilitan las conexiones entre las neuronas.

Podemos ayudar a nuestro cerebro a crear nuevas conexiones, y también, con los nutrientes adecuados, favorecer que sea más eficiente creando dichas conexiones. Fascinante.

Reserva cognitiva

Mas hechos chulos.

Han hecho estudios que han demostrado que el cerebro tiene la capacidad de mover ciertas funciones de una zona del cerebro a otra, cuando una zona está dañada. Esto es muy grande.

El cerebro envejece. Las neuronas van muriendo y zonas del cerebro quedan dañadas. Normal. Pero han estudiado cerebros de ancianos con y sin síntomas de alzhéimer o demencia, y han visto que todos los cerebros tenían dañadas zonas del cerebro. ¿Por qué unos manifiestan síntomas y otros no? porque el cerebro ha sido capaz de reconducir la actividad hacia otra zona del cerebro.

Esto se llama reserva cognitiva. Lo explica Marcos Vázquez con un símil brillante. Cuantas más herramientas tengas a tu disposición, menos echarás en falta una si la pierdes. Si un carpintero pierde el martillo pero tiene un mazo, podrá seguir trabajando.

El tema ahora es ver cómo podemos hacer crecer la reserva cognitiva. Que no es fácil. Se sabe que mucho es genético, pero estudios recientes demuestran que los hábitos diarios también la afectan. Lo de siempre, los genes los tenemos, pero que se activen o inhiben depende de nuestros hábitos de salud. Pero creo que todos estaremos de acuerdo en que queremos incrementar nuestra reserva cognitiva, pues será la que nos dé posiblemente calidad de vida en el futuro.

Qué hace crecer tu cerebro

¿Y qué cosas, entonces, son las que podemos hacer para mejorar el rendimiento de nuestro cerebro ahora, prevenir la depresión y protegernos frente al temido deterioro cognitivo?

Cuidar nuestra alimentación

La plasticidad de tu cerebro requiere ciertos nutrientes y nuestros hábitos de alimentación actuales le perjudican. Comemos demasiado, demasiado a menudo, poco variado y mucho químico. Así, por resumir. Habrá más artículos en profundidad, hoy quiero darte una idea global de las áreas a trabajar.

Mimar nuestro sistema digestivo.

Al intestino se le llama el segundo cerebro. Para que te hagas una idea, el intestino se conecta con el cerebro por 3 vías. Tres. Sistema nervioso, inmune y endocrino. La salud del intestino y la calidad de la microbiota tiene un impacto importante en la salud cerebral.

Hacer ejercicio

por muchos motivos, si tengo que coger uno, diría que el más importante es que el cerebro necesita oxígeno, mucho oxígeno. El 20% del que bombea el corazón. Es un acaparador, el tío. Pues digamos que un corazón fuerte ayuda a un cerebro oxigenado. Y me gusta la teoría de que nuestro cerebro evolucionó en movimiento. Nuestro cerebro creció hasta convertirnos en la especie superior (y muy superior) del planeta (con un cuerpo poco espectacular) en movimiento. El sedentarismo atrofia la musculatura y las neuronas.

Cuidar las horas de sueño.

Al dormir el cuerpo hace las labores de mantenimiento. Consolida lo aprendido, filtra recuerdos y, lo más relevante sobre lo que estamos hablando, elimina desechos. Es un poco como sacar la basura. Curiosamente, no es que el cerebro descanse al dormir. El cerebro está muy activo mientras duermes. Esa actividad nocturna es esencial para tu salud.

Reducir el estrés

Sobre el estrés voy a escribir muchos artículos en los próximos meses. Quede aquí como idea general que un estrés crónico, esa constante tensión, empeora las funciones ejecutivas (organización, impulsividad, lógica y razonamiento, etc.). e inhibe la neurogénesis (capacidad de crear nuevas neuronas). El hipocampo (memoria) se hace más pequeño. Empeora el control de nuestra impulsividad y reduce nuestra capacidad de razonar, tomando peores decisiones. El estado constante de alarma mantiene la amígdala activada, como ante un peligro constante. En ese modo el cerebro no activa el sistema inmune, ni el de «mantenimiento», ni se pone a «pensar ni crecer». Solo le interesa sobrevivir. A largo plazo, ya te imaginas las consecuencias. El estrés puntual es bueno y necesario. El constante, letal.

Cuidar nuestras relaciones sociales

Esta es posiblemente la menos conocida forma de cuidar nuestra salud. Lo dicen los estudios una y otra vez, la mejor arma para un cerebro pleno es disfrutar de relaciones sociales sanas. Toma ya. Ya he escrito mucho sobre relaciones sanas en el blog, pero como resumen te dejo un par de datos que he leído en Saludable Mente. «Se considera que el aislamiento social acorta la vida tanto como fumar, y se asocia al doble de la salud mental que la obesidad. Además la calidad de las relaciones es uno de los mejores predictores del riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas». Yo entiendo que la gente a veces dice cosas que te molestan, que somos torpes y ofendemos. Que te molestan y te sientes incomprendida y juzgada. No te aísles. Busca gente bien, que la hay. Acepta que nadie es perfecto y mantén relaciones buenas. Es un seguro de vida.

Aprender cosas nuevas

La mejor vía conocida para aumentar tu reserva cognitiva. Aprender cosas nuevas, conocer sitios nuevos y hacer cosas distintas. Probar nuevas comidas. Lee. Formarte en tus hobbies. Aprender idiomas. Conocer gente nueva. Y distinta. Mayor, menor, de otra cultura, con otra forma de ver las cosas. Nada atrofia más el cerebro que tenerlo en el mismo entorno. Si has visto Inside Out (y si no la has visto pues es mi recomendación para la peli de este finde) recordarás que la niña tiene islas: la isla de la familia, de la amistad, del hockey, etc. Cuantas más islas tengas, mejor.

Vivimos en una época fascinante. Por fin se va descubriendo el último de los grandes misterios, el del cerebro humano. La masa más compleja del universo, decía Asimov. Y aún queda mucho, pero desde luego se van abriendo las puertas para curar y prevenir las terribles enfermedades mentales.

Además, entender el cerebro va a permitir desarrollar el cerebro de los niños de una forma radicalmente diferente a la actual. Vamos a poder enseñar a los niños de acuerdo con el desarrollo de su cerebro, y, espero, dejar tonterías como ponerles a leer cuando su cerebro todavía no está maduro para ello.

Creo firmemente que muchos síndromes y déficits se convertirán sencillamente en «cada niño tiene su proceso». Igual que a mi hijo se le han caído muchos menos dientes que a los de mi amiga y no pasa nada.

Entender nuestro cerebro nos permite cambiar, crecer y crearnos la vida que queremos. Al fin y al cabo, nuestra experiencia vital, no es más que el conjunto de reacciones químicas que se producen en nuestro cerebro.

Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro

Ramon y Cajal

Feliz día

Ana

PD. Mujerdristas es mi programa de productividad, específico para la madre trabajadora.

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