Me distraigo cada vez más

Vivimos en la época de la distracción. Nos cuesta concentrarnos, mantener el foco, y tardamos en hacer las cosas más de que sería necesario. No te hablo de las personas que siempre se han distraído al pasar una mosca. Nos pasa a todas. A las que tradicionalmente nos hemos concentrado muy bien. ¿Por qué?

Entre los sospechosos habituales está el móvil, sin duda, en primer lugar. Las notificaciones, lucecitas, pantallas emergentes, globitos y toda clase de estímulos estilo máquina tragaperras que nos roban nuestra atención.

Lo cierto es que nos distraemos porque podemos. Y porque es irresistible. Podemos distraernos porque hay mil medios para hacerlo. Y como humanas, tal y como está programado nuestro cerebro es imposible no hacerlo. Es imposible no mirar qué mensaje puede estar dentro de esa lucecita que parpadea. Sencillamente imposible. Tratar de pelearlo desde ahí es prepararte para el fracaso.

Distracciones digitales

Chiste de Dilbert:

  • He leído que la gente tiene problemas para concentrarse debido a las distracciones digitales
  • Perdon, ¿qué?
  • [Beep] Espera un segundo…
  • ¿Qué estabas diciendo?
  • Umm, no me acuerdo. No sería importante

 
Dilbert es una tira cómica de Scott Adams
Que publicaba en un periódico
Y se recopilaron en un libro que se llama El principio de Dilbert.
 
Si no lo has leído te lo recomiendo.
 
La vida de la oficina se entiende mucho mejor con Dilbert
Inteligente sátira de los postureos y sin sentidos de las empresas.
Tiene 20 años y sigue de rabiosa actualidad.
 
Dilbert a mí me dio una gran liberación
Yo pensaba, ¿soy la única a la que esto le parece un despropósito?

Esas reuniones sin preparación
Ese aparentar, diciendo cosas sin pies ni cabeza, pero con muchos términos en inglés
Esas priorizaciones en las que 50 cosas son prioritarias
Ese jefe mediocre
Esas normas ilógicas y contradictorias.
 
Muchas veces no podemos evitar quedar atrapadas en tonterías
Pero si no perdemos la capacidad de reírnos de ello
Al menos seguiremos peleando por cambiarlo.


 
Esto, a pesar de los esfuerzos de Adams, sólo ha empeorado.
Es sorprendente darse cuenta de que la tecnología nos ha atontado más que ayudarnos a gestionarnos mejor.
Varios estudios empiezan a cuestionar las bondades de las nuevas tecnologías en productividad, por la pérdida de foco y atosigamiento que suponen.

Lo que favorece la concentración

La productividad es tanto como nos organizamos cuando trabajamos como lo que no hacemos cuando trabajamos.
Y esto se nos olvida.

Que son dos caras de una moneda.
La conexión (llámalo concentración) exige desconexión
La productividad requiere descanso
Y la creatividad necesita periodos de mente en blanco.
Reírse, divertirse y cuidarse.
 
Veo mucha locura de productividad insaciable.
Obsesión por la gestión del tiempo.

El objetivo no es la medalla a la más productiva
Que esto va de vivir y ser feliz
Y de hacer, pero no por hacer, sino para crear una vida que merezca la pena ser vivida
Todo lo demás no es productividad
Es ocupadismo, y es una forma de evitar mirar a los ojos a lo que tenemos delante
Habría que ver por qué.

Y el problema es que nos falta ambición con nuestro tiempo. Asegurarnos de que hacemos lo que tenemos que hacer en un plazo concreto para tener tiempo de lo demás. Esta mentalidad es clave para tener foco.

Si vas a estar si o sí mil horas delante de la pantalla, si como emprendedora trabajar el fin de semana es una posibilidad, me extiendo. No me concentro y me enfoco al 100%, sino que me permito distraerme. Trabajo a un ritmo lento, poco exigente, en el que admito interrupciones. Dejo que mi mente se disperse, que se vaya al móvil a la mínima dificultad que encuentra.

Me distraigo. El hábito de distraerse

Y voy creando el hábito de distraerme. Nuestro cerebro se acostumbra, hace suyo y sin esfuerzo lo que hace habitualmente. Y lo que le lleva poco esfuerzo le gusta porque es un gran ahorrador de energía. Lo necesita. Entender que nuestro cerebro ahorra energía como principio fundamental es clave para entender como funcionamos. No somos vagas, no nos falta disciplina. Nuestro cerebro ahorra energía. Por lo tanto tiene un sesgo, tendencia a lo que gasta poca energía.

Crear contenido, desarrollar un nuevo programa, realizar una oferta requieren mucha más energía (pensar) que deslizar el dedo en las redes sociales. Es así de sencillo. Te pones a crear, a hacer algo exigente y tu cerebro se acuerda, qué oportuno, de que quizá te han escrito un email super urgente. O quizá hay algo en redes que tienes que atender.

Eso no es el caso.

La disciplina que necesitas es la de apagar el dichoso móvil. «Reacostumbrar» a tu cerebro a currar sin interrupciones

Distracción en el trabajo
Me distraigo consultando el móvil mientras trabajo. Photo by Firmbee.com (Instant Images)

No es tarea sencilla reaprender un hábito. Pero se puede.

Límites. Ir sola al baño o no

En ocasiones escucho que una madre no puede ni ir al baño sola
¿No tienen puerta?
 
De verdad que quizá en una época muy concreta en que el niño está empezando a investigar puede que quieras estar muy pendiente, pero enseguida llega un momento en que es sano cerrar la puerta y que los niños entiendan que algún momento no estamos disponibles.
 
De verdad que nada bueno sale de la constante disponibilidad
Sólo resentimiento.
  
No hace mucho una clienta decía que desayunaba con el móvil y recibía Whatsapp de su jefe a las 10 de la noche.
Y no podía desconectar.
Lógico. Pero la culpa no es de tu jefe sino tuya
Por no poner límites



Las personas necesitamos límites. Nos ayudan a entender las cosas
Imagina una cosa borrosa. No sabes donde empieza y acaba
Mal 
Entre las personas la ausencia de límites crea conflictos
Porque asumimos que el otro sabrá donde están
Qué osados somos
Pensar que el otro leerá nuestra mente y sabrá donde está un limite que no le hemos dicho.
Si la gente conoce poco sus propios límites, ¡cómo van a conocer los tuyos!

Además la gente estira el límite todo lo que le dejas
No es maldad (o quizá sí)
Pero desde luego que es como funciona en la realidad.
 
Los niños prueban y desafían los límites
es parte del aprendizaje
Ah, vale. Hasta ahí sí, a partir de aquí no.
Y se paran.
Si no hay un a partir de aquí no, el niño (y cualquier persona) sigue estirando la cuerda a ver hasta donde llega.
Veo mucho sufrimiento, mucho por no decir no, por no marcar un hasta aquí a tiempo.
Por vergüenza, inseguridad, por no molestar
Jolín, por no molestar dejas que te molesten.
Porque no lo pusimos a tiempo
Bueno, tienes derecho a ponerlo cuando quieras.
 
Ponemos puertas en la entrada de casa porque entendemos que hay gente bien, pero de otros hay que protegerse
No ponemos límites emocionales o interpersonales y luego nos sorprendemos de que nos arañen.
 
Y en gestión de tiempo, hoy en día, con los medios remotos, el email, el teams y el reteams, o marcas claro inicio y fin de hora de trabajo, por ejemplo, y unos cuantos límites más o estás perdida.
Literalmente perdida

Me distraigo. Motivación para distraerte menos

Recuerdo el primer día de vuelta al trabajo en mi segunda ronda de prácticas
Estudiaba en un programa fantástico de la universidad que te permitía hacer prácticas en empresas
Tuve que elegir entre Erasmus o prácticas
Siempre práctica, elegí el camino mas corto a encontrar un buen trabajo.

El caso es que volvía en mi segundo año y me había tocado con el mismo jefe de equipo que la otra vez. Era lo normal, pero yo había fantaseado con que me llevaban a otro área, porque ese tipo era un idiota de campeonato.

Me incorporé el primer día de un nuevo proyecto.
Estaba en Plaza Castilla, cerca de casa y quedaron a cenar unas amigas.
“Sí, puedo”, siendo el primer día de proyecto, seguro que no hay problema- pensé.
Las chicas quedaron en la misma Plaza Castilla, para vernos según salía yo de trabajar.

Pues no pudo ser.
Este señor decidió que teníamos que analizar los datos que nos habían ido pasando.
Y salimos a las 23 de la noche.

Obviamente no había trabajo para todos hasta esa hora
Obviamente, él no tenía amigos.

Esta práctica tenía un solo objetivo, mandar un mensaje.
Aquí no se sabe a que hora terminas de trabajar.

Esto es una enorme tontería.
E innecesaria.
Muy de gerentes mediocres con una gran inseguridad en su liderazgo.

He estado en proyectos más complejos donde salíamos a las 20- una hora razonable en consultoría- y en los picos currábamos hasta que hiciera falta. Sabíamos perfectamente cuando tocaba currar hasta las mil.

Aprendí muy pronto, sobre el presencialismo español.
Y siempre me rebelé contra él.
Me rebelé, ya sabes, a nuestro estilo, protestando mucho, pero haciendo poco.

Yo pensaba “curras a saco y cuando acabas te vas”.
Lo que pasa que yo curraba a saco y no me iba, porque no te podías ir
Y entonces dejas de currar a saco.
Llegas un poco más tarde
Hablas, tomas un café. Otro café. Yo no digo que no nunca a un café.
Y te alargas al comer

Estás muchas horas currando a un ritmo suave
Lo contrario de como debemos trabajar. Pocas a un ritmo muy intenso.

Al volver de Londres pensaba en incorporarme de nuevo al estilo español
Paternalista y presencialista
Y me entraban los 7 males.

Y monté mi negocio
Pero luego pensé que en realidad no se trata de irnos, sino de cambiar lo que no funciona donde estamos
Va nuestra productividad en ello
Y nuestro bienestar

Hay empresas flexibles y otras en el Cromañon
Jefa que andas por aquí, ¿qué fomentas?
Y si trabajas por cuenta propia, ¿qué estilo te estás imponiendo?

Si hay un hábito bueno en productividad es el de cambiar horas por foco.

No estar, sino ESTAR.

Feliz día

Ana

Ana Garcia Liébana

Consultora de productividad especializada en directivas, empresarias y emprendedoras

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