Ley del vago: Lo pienso pero no lo hago

Procrastinar.
Que palabra fea.

Vaguear, de toda la vida vaya.
Pero procrastinar suena más profesional.

Vagueas, pero en una oficina elegante mientras te pagan bien por ello.
Y lo llamas procrastinar.

Se siente mejor.
Porque vaguear es de ser vago,
Procrastinar es estar vago.

Qué bonito el castellano diferenciando el ser del estar.

Procastinar, digo procrastrinar, digo, ay con las erres
(En serio, ¿Quién inventó esta palabra?)

Procrastinar es más sofisticado que vaguear porque no decides no hacer algo y punto.
Sino que lo aplazas.
Lo recolocas en el calendario.
Decides otro momento para hacerlo
Patada palante.
Y así te sientes mejor. Porque lo tienes controlado. Eso crees, al menos. Tienes un momento pensado para hacerlo.
En realidad, puedo hacerlo el jueves, que tendré tiempo.

Hay una asunción de que te sentirás mejor el jueves.
Y de que no habrá imprevistos y cosas de última hora.

Son asunciones arriesgadas.
Como asumir que estábamos preparados para quitarnos la mascarilla al aire libre.

Es mucho más probable que el jueves tengas más estrés que el día que lo aplazaste porque se han ido acumulando mierdas durante toda la semana.
Y difícilmente tendrás más energía un jueves que un lunes, si descansas los fines de semana.

Estoy más hecha a la semana.
Bueno.

Después de, pongamos, 40 años a 52 semana por año, 2080 repeticiones, quizá podemos decidir que a la semana estamos hechos desde el lunes.
Podemos incluso decidir que los lunes son un buen día y muy productivo.
De hecho, lo son.
 Aquí ya me has perdido, Ana.

No importa. Puede seguir odiando los lunes si quieres.
Pero sin aplazar, entendiendo que aplazar cosas para el final de la semana nos provoca estrés.

Saber que haces algo y por qué lo haces ayuda a entenderte mejor y es más fácil buscar estrategias para solucionarlo. Porque llega el verano, los 40 grados y las noches de dormir mal y apetece todo menos currar al 200%.

Esta semana es de esas. 
De tener que recurrir a todos los trucos anti- procrastinación que conozco.
Que son varios.
Pero lo cierto es que hay días que sale mejor que otros.

A todos.
La gente va a la oficina para tener el impulso del jefe o del ambiente de trabajo.
Te metes en gimnasios o vas con una amiga para animaros juntas y reducir la tentación de quedarte viendo Netflix.

El apoyo en el grupo es buena estrategia.
Pero escondemos el origen sobre por qué no nos metemos en la tarea.
Ese es el trabajo.

Para conseguir algo muy importante, que es que cuando un día no eres excesivamente productiva, en vez de crear círculo de culpabilidad que te hace ser menos productiva durante varios días, lo paras y vuelves al juego.

El trabajo en este caso se llama Mujerdristas. Un curso guiado para aprender un método eficaz de planificación y una herramienta para manejar tu mente y emociones alrededor del uso del tiempo. Pásate por el enlace.

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