Las opiniones de los demás

Somos seres sociales por naturaleza. A todos nos importan las opiniones de los demás. Nuestra supervivencia se basó durante años en la pertenencia al grupo. Pero, ¿te está ayudando hoy?

¿Deseo o necesidad?

Somos seres sociales con una fuerte vocación de pertenencia, pero del deseo de agradar a los demás a la necesidad de hacerlo a toda costa, hay un trecho.

El problema es cuando pones la opinión de los demás por encima de la tuya.

Y el problema aún mayor es cuando intentas controlar lo que los demás opinan de ti.

No puedes controlar la opinión de los demás

La gente opina. Es más, la gente juzga. Todos juzgamos. Es un hecho. El cielo es azul y la gente juzga.

Las madres juzgan. Sería guay que lo hicieran menos, y sin embargo, lo hacen. Yo lo hago. Y tú también lo haces.

Pero no debes olvidar que los juicios que la gente tiene dependen de ellos. De sus creencias. De como han «programado» su cerebro sus padres de pequeños, de sus juicios y de sus experiencias.

Aunque nos cueste creerlo, tenemos muy poco que ver en lo que opinan de nosotros los demás.

Intentar meternos en el cerebro de los demás es imposible. Y aún lo intentamos. ¡Cuánta energía malgastada!

¿No me crees?

Haz la prueba. Mira dentro de ti. Hay gente que te cae mal. Directamente. No les pasas una. Hay gente que te cae bien y hagan lo que hagan se lo aceptas.

De hecho, ante el mismo comportamiento a unas personas las perdonas y a otras las condenas.

Observa tus juicios y te relajarás ante los de los demás.

Las opiniones de los demás no son asunto tuyo

Hace mucho tiempo descubrí que me caía mal mucha gente, como la mitad de la población (fue antes de convertirme en coach y reconciliarme con el mundo). Y me dí cuenta que yo le caería mal al menos a la mitad de la gente también.

Esto me dió mucha libertad. Me liberó de la necesidad de agradar. Permití a los demás juzgarme. Les permití opinar mal de mí. Y entendí que había una elevada posibilidad de no gustarle a bastante parte de la población. Y eso está bien.

Porque opinan diferente. Porque se comportan diferente y tienen otros valores y otra forma de ser y mostrarse en la vida. Y está bien.

Y aprendí que tiene que ver con el que juzga, no con el objeto del juicio.

Porque yo (y todos) tengo unos grandes manuales sobre cómo debería ser la gente. Son mis reglas, la forma en que espero se comporten los demás. No son reglas universales, son las que mi cerebro tiene en su programa.

Y cuando alguien está delante de mí, yo no veo a esa persona «limpia», tal y como es. La filtro por mis programas. Y le aplico toda mi «mierda» (perdón por la expresión).

El hecho de que alguien me guste o no depende totalmente de mí. De mis pensamientos hacia ella. Que, por cierto, tienen mucho que ver con mis pensamientos hacia mí misma.

Lo que piensan los demás de mí depende sólo de lo que hay en su mente. Imágina que alguien piensa que las mujeres son inferiores. Qué tontería ¿verdad? ¿Tiene algo que ver contigo? Podrás ser super simpatica, competente y maravillosa, pero si esa persona tiene esa creencia… ¿te convierte en inferior? ¿A qué nunca te plantearías que eso fuera cierto?

Lo vemos muy claro en ejemplos extremos, pero en otros pequeños, es lo que hacemos, permitimos que las opiniones de los demás nos cuestionen nuestro criterio y concepto de nosotras mismas.

Especialmente como madres. Y esto nos genera mucho estrés.

El miedo al que dirán

Veo a diario mujeres que se sienten muy cuestionadas como madres o profesionales. Dudan de si mismas ante la menor crítica o comentario.

Insisto. Lo que los demás opinan y sienten hacia ti sólo dependen de lo que su cerebro produzca. Y aunque hay formas de manipularlo (temporalmente sólo), ¿realmente quieres hacerlo?

Digo yo, que ya que la gente va a opinar y juzgar, que lo hagan sobre tu auténtica versión y haciendo lo que quieres hacer.

Y una cosa importante: a la gente realmente le importa muy poco lo que tú haces. Te lo prometo.

A cada uno le preocupa su vida. Lo que les pasa a ellos. En mis sesiones mis clientas hablan de ellas de su vida. Y si hablan de otros es sobre cómo les afectan. No intentan arreglar la vida de nadie.

Quizá hablar de ti puede ser un minuto de entretenimiento si no tienen otro tema de conversación, pero más allá de eso a nadie le importa realmente tu vida.

Suena duro. Es la realidad. Y liberador al mismo tiempo.

A los que te quieren de verdad- que se cuentan con los dedos de una mano- les importa tu vida. Al resto, les da igual. No tiene impacto en ellos, les da igual.

Y desgraciadamente, tú les pones de directores de tu vida, concediendo a su opinión más valor que a la tuya y permitiendo que influyan en cómo te sientes. ¡Cuánto poder les damos!

Tu compromiso con tu opinión

Esto es todo una cuestión de qué opinión valoras más.

Imagina que alguien te dice «Tu hijo(a) no vale mucho». ¿Qué dirías? ¿Lo creerías? Ni de broma. Pensarías «Pero, qué tonteria». Ni perderías el tiempo dudando, pensando si es verdad. Tu compromiso con el amor y tu concepto de tu hijo es inmutable, es incondicional. Tu opinión prevalece.

Cambia «hijo» por «ti». ¿Tu compromiso se tambalea?

Tu opinión es o debe ser la opinión más respetada por ti, la de mayor valor.

Cuando estás segura de ti misma y confías en tu opinión, no necesitas la aprobación de los demás, ni que sean como tú. Aceptas las diferencias en forma de ser y opinión.

La falta de aceptación de otras opiniones es simplemente inseguridad.

Acepta que los demás opinen otra cosa. Acepta no gustarles. Dales permiso para juzgarte (lo van a hacer igualmente-¿por qué no hacer las paces con ello?)

¿Observas el cambio que se produce en ti?

Vive tu vida

Ojo, que no estoy hablando de hacer lo que te de la gana, en plan rebelde. Eso es otra forma de inseguridad aún mayor.

Estoy hablando de librarnos de la necesidad de complacer, de dejar de manipular a los demás tratando de controlar lo que opinan de nosotras siendo quien no somos. Estoy hablando de ser auténtica.

Vas a alejar a gente, sin duda. Y vas a atraer a otros. Y eso está bien.

La necesidad de pertenencia es intrínseca al ser humano. Nos ha traído hasta aquí. La necesidad de conectar con otros seres humanos es según demuestra la neurociencia imprescindible cómo mamíferos.

Así que es normal que seas sensible a la opinión de los demás. Eres humana, no te juzgues por ello. Pero no conviertas el deseo en necesidad y concedas a los demás tanto protagonismo en tu vida. Es tu peli, tu libro, tu eres la prota.

Es tu vida.

Dejar de buscar la aprobación de los demás te hace ser más productiva

Como consultora de productividad, lo que más me interesa de esto es que te vuelves muy poco productiva cuando estás tan pendiente del resto. Cuando confías en tu criterio, no preguntas tanto, usas tus metas y objetivos cómo brújula, produces mucho más.

Cuando trabajas siendo tú, sacas mucho más trabajo y de mayor calidad. No puedes entrar en flow (estado de altísima concentración y productividad) sin ser tu misma.

Esto es importante, porque la opinión más importante de todas es la nuestra. En realidad, lo más daño o bien te hace, es lo que tú pienses de ti misma y no hay mejor forma de construir tu confianza en ti que haciendo mucho, siendo productiva y consiguiendo buenos resultados.

No por los demás o para los demás. Para ti y, por extensión, para sus seres queridos

Feliz día

Ana García Liébana

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Fotos de unsplash. Gracias

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