Las expectativas sobre tu matrimonio

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¿Son realistas tus expectativas sobre tu matrimonio y tu pareja? Uno de los problemas más graves de los matrimonios surge por tener expectativas imposibles.

Tenemos establecidas unas expectativas- muchas veces de forma inconsciente- imposibles sobre lo que debe ser una relación de pareja y cómo debe comportarse el otro que crean una gran decepción y desilusión en la convivencia.

Ahora, los últimos estudios demuestran que las parejas exigentes con lo que le piden a su matrimonio son más felices. La clave, ambicionar una relación genial, no conformarse con algo mediocre, pero entendiendo que nuestra pareja es humana, por lo tanto imperfecta.

Vamos a verlo en profundidad.

Las expectativas creadas por la sociedad

Las películas con las que hemos crecido pintan el amor como algo idílico, extra-terrenal. Existe una media naranja perfecta para cada uno, hay una persona correcta con la que todo es mágico y sencillo.

Tu pareja tiene que anticiparse a tus deseos.

Tiene que hacerte feliz.

Tenéis que ser perfectos el uno para el otro. Completaros.

En vez de pensar que esto es lógicamente una película y que la realidad es más terrenal puesto que se compone de humanos haciéndolo lo mejor que pueden, miramos el facebook y pensamos que hay algo malo con nosotras.

La realidad

Al principio de la relación uno lo da todo. Te esfuerzas y usas todos los lenguajes del amor– regalos, contacto físico, tiempo, haces cosas por él y le dices lo que le quieres y todo lo que te gusta de él. Él hace lo mismo y todo fluye.

Hay un poco de teatro en ello. Muestras tu mejor lado y ocultas en lo posible tus defectos.

Con el tiempo la cabra tira al monte. Es agotador ser quien no eres y poco a poco os mostráis como sois. Se pone de manifiesto que hay algunas diferencias de opinión, lo que es normal en una relación entre seres humanos libres. Pero esto choca con nuestras expectativas.

Si comparamos con la expectativa de perfección que puede que nos hayamos creado en nuestra cabeza, la emoción que se nos va a generar siempre es la decepción.

Ningún ser humano puede hacernos felices (eso es nuestro trabajo porque depende de tus pensamientos) y nadie puede completarte porque tú ya estás completa al 100% y nadie nunca podrá cubrir tus carencias ni proporcionarte autestima y confianza más que tú misma.

Si es lo que esperas de él, le has puesto una tarea imposible.

La decepción

Puede que seas realista y no esperes que él te arregle la vida, pero aún así probablemente tendrás muchas expectativas de él. Como marido y como padre. Aquí empieza en muchos matrimonios la desconexión.

Una de las mayores decepciones que yo sentí con Carlos fue cuando tuvimos a la niña y él no se sentía inmensamente feliz y estaba un poco enfurruñado porque tenía menos tiempo para él y para jugar a sus “estúpidos videojuegos“.

Ella era absolutamente maravillosa y estaba bien. No dormía un carajo pero estaba sana, era preciosa. ¿Qué más podía pedir?

Bueno, él quería su tiempo.

Yo le catalogué como egoísta. Y nuestra relación cambió profundamente.

Yo era la generosa, que me sacrificaba, en sus propias palabras, sin esfuerzo para que la niña estuviera perfecta. Y él era el egoista que solo pensaba en él y en su trabajo y sus juegos y sus “cosas infantiles“.

Para mí la niña era lo más importante. Más que él. Y más que yo.

Esa era mi visión. Y le juzqué severamente porque no era la suya. Por cierto, hoy creo que mi visión era errónea, la madre es importante, el padre es importante Y el hijo es importante.

Podría haber sido comprensiva con él. La realidad es que él se sentía así. Pero no lo hice. Critiqué lo que él sentía.

Criticar los sentimientos de tu pareja es el camino directo a la desconexión emocional.

Te distancia porque si juzgas los sentimientos del otro, te los va a ocultar. Y si no hay intercambio de sentimientos, no hay conexión emocional.

De la decepción al desprecio

Cuidado con transmitirle decepción a tu marido (o a cualquier persona que te importe, en especial con tus hijos). Cuando hay disgusto en ti ante la forma de ser de la persona que tienes delante, esto se transmite y permea tu comunicación.

Entras en terreno peligroso, porque de ahí al desprecio hay un paso. Y el desprecio sí es el veneno de las relaciones.

El desprecio se manifiesta en forma de crítica, burla, sarcasmo, escepticismo. En ese nivel la desconexión es profunda y sólo va a ir a más. Empieza una erosión difícil de corregir.

Estamos sentando una base errónea muy nociva de querer que sea quien no es y que se comporte cómo otra persona.

El foco en lo negativo

Es fácil ver como una persona tiene puesto el foco en todo lo negativo de su marido. En lo que la otra persona no hace y cómo de mal se comporta. En sus carencias y defectos.

Toda la energía está puesta en cambiar al otro. En que la persona cambie lo que hace o lo que es y así podemos quererle y ser felices.

Podemos estar toda la vida así. Cada vez más desconectadas de él. Y sólo empeorará la relación.

¿Alguien ha conseguido cambiar a su marido? Que me escriba y me lo cuente.

Si queremos enfocarnos en lo negativo vamos a encontrar evidencias siempre de lo que no nos gusta. De lo que no hace bien. Si pensamos que pasa demasiado tiempo en la oficina para no estar en casa encontraremos pruebas de ello. Si pensamos que es desorganizado, encontraremos evidencias todos los días. Si queremos creer que no tiene ni un detalle con nosotras, se nos aparecerán ejemplos, al igual que se nos aparecían las embarazadas por todas partes al estarlo nosotras.

La aceptación y el amor incondicional

Toda relación cambia en un instante. Cuando cambias el foco de lo negativo a lo positivo.

Es realmente así de simple.

Ese es el primer paso. La primera decisión.

La segunda es aceptarle como es. ¿Pero cómo voy a aceptarlo tal cuál es?

Pues tal cual.

Te diré un secreto. Él va a ser como es siempre, te guste o no.

Céntrate en lo que te gusta de él. En sus cosas buenas. Las tiene. Te enamoraste de él. Es humano, es un ser maravilloso. no tengo ninguna duda. Es imperfecto, claro, también tú.

No te digo que te engañes y que decidas que te gusta lo que no te gusta.

Te pido que recuerdes lo que te gusta de él. Que gires la cabeza y pienses, aquí y ahora mismo, lo bueno que hay en él. Si puedes recordarlo y al hacerlo te enterneces y te das cuenta de que probablemente estás siendo un poco injusta con él, entonces hay esperanza.

La aceptación no es resignación

Me paso bastante tiempo explicando la diferencia entre aceptar algo y resignarte a ello. Recuerdo que este concepto que costó bastante a mi en su momento y es clave para tu felicidad.

La aceptación viene desde una emoción positiva. De abundancia y amor. En el caso de lo que hablamos hoy de aceptar a tu pareja es amarlo por ser él, amar su esencia.

La resignación tiene su origen en la escasez. No hay elección, es lo que hay. Te resignas a una vida mediocre o un matrimonio infeliz porque crees que no puedes elegir o te sientes obligada (por los niños, por ejemplo).

La aceptación es ser suficientemente madura emocionalmente como para entender que todo lo puedes cambiar. Si estás con él es porque quieres. Lo eliges y entiendes que nada ni nadie es perfecto. Que sus defectos le hacen humano y real. Que es exactamente como debe ser. Y lo sabemos porque así es cómo es. Intentar cambiar o controlar a otro ser humano es una empresa sin sentido y toda la energía que liberas cuando dejas de intentarlo va directa a tu felicidad.

Es muy bonito entender lo maravilloso que es ese ser humano que tienes al lado. Lleno de imperfeciones y precisamente por ellas.

Si no puedes ser compasiva con él, es que tienes que empezar por serlo contigo. Pero ese un tema para otro blog.

Feliz día

Ana

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Fotos de unsplash.com. Gracias chuttersnap, kellysikkema, pabloheimplatz y hun7er.

5 comentarios en “Las expectativas sobre tu matrimonio”

    • Gracias, Celeste. Bueno, yo lo he intentado durante años, sin éxito, y qué enorme aprendizaje aceptar que mejor empleaba la energía en cambiarme yo!Aún así, alguna vez me despisto y sigo intentandolo de vez..pero nada eh? no hay manera!

      Responder

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