Las emociones inútiles: la culpa

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Hay emociones que no tienen ninguna utilidad para ti. Te hablo hoy de una de ellas; la culpa.

Inicio una serie de artículos en los que voy a diseccionar determinadas emociones en mucho detalle para que te conviertas en una experta emocional. Mi propuesta para ti es trabajar por la madurez emocional (asumir la responsabilidad sobre cómo te sientes en todo momento y saber hacer una manejo adulto y efectivo de tus sentimientos).

Hoy voy a tratar la culpa desde dos puntos de vista, cuando te echas la culpa a ti misma y cuando les echas la culpa a los demás. El artículo es un poco más largo e intenso, quizá, pero es clave que lo estudies bien para avanzar en tu manejo emocional.

Voy a empezar por emociones que te sacan del presente, culpa (se centra en el pasado) o preocupación (te lleva al futuro), pues son de las más nocivas, precisamente porque desperdicias el momento presente en estados temporales sobre los que no puedes actuar.

Culpabilizándote

La culpa nos sirve para valorar nuestro comportamiento. Nos indica qué consideramos bueno y nos señala que somos responsables de nuestros actos.

Es un termómetro y es buena cuando la utilizamos para aprender e identificar lo que nos parece una buena forma o no de comportarnos y de ser en la vida.

Cuando la culpa deja de ser útil es cuando te bloquea o inmoviliza. Cuando por sentirte culpable, dejas de vivir el presente y te pasas la vida viviendo el pasado, rememorando el evento una y otra vez intentando darle un desenlace diferente del que fue.

No hay nada que puedas hacer que vaya a cambiar lo que hiciste y engancharte en ello solo te sirve para malgastar el momento presente.

El origen de la culpa

Vivimos en una sociedad en que se promueve la culpa. Desde pequeños se lanza ese mensaje de que si algo te importa tienes que sentirte culpable. Parece que haces algo mal y no te sientes culpable es que no te importa.

Se usa por los adultos para manipular a los niños y por adultos en posiciones de autoridad para manipular a otros adultos.

Tiene un lado tremendamente peligroso desde el punto de vista del crecimiento personal, porque parece que puedes hacer algo mal si te castigas suficientemente por ello.

En vez de corregir lo que haces mal, te castigas, te culpas y parece que te exoneras. Eso es perverso y terrible.

La culpa también sirve para evadirnos. El “es que yo soy así” “soy un desastre, no puedo cambiar” te da una excusa para no actuar y para no tomar el control de tu propia vida. En vez de trabajar para cambiar te recreas en la culpa y en el pasado para no afrontar el presente.

En esta vertiente, hay que eliminarla de raíz.

Usando eficientemente la culpa

La culpa tiene su lado bueno (como todo). Es un termómetro moral, sin ella no seríamos funcionales en sociedad. Pero tiene que regir nuestro propio sistema de valores, no el marcado por otros. Vamos a ver como:

Cuando sientes que algo que has hecho está mal, aprovecha la información. Analiza por qué te sientes mal.

¿Se ajusta tu comportamiento a tu escala de valores?

¿Es un comportamiento que está alineado con la persona que quieres ser y la vida que quieres llevar?

¿Es una culpa externa, un “no deberías hacer eso” que te viene de la infancia o la sociedad pero con el que no estás de acuerdo en realidad?

Si es comportamiento que no te gusta para ti y no lo quieres mantener, añádelo a tu trabajo personal. No pierdas ni un segundo en la culpa y muévete a establecer una estrategia y un plan para eliminarlo.

  • Comprométete con tu decisión de cambiarlo.
  • Entiende que la culpa que sientes no netea tu mal comportamiento. No es aceptable en tu vida y no lo vas a permitir.
  • No te castigues, ni te machaques. Eres humana y estás creciendo. Perdónate por haberlo hecho y muévete hacia delante con tu plan.

Si el comportamiento te parece aceptable y está en tu escala de valores (y no hace daño a nadie ni es ilegal) lo que te toca trabajar es tu necesidad de aprobación por los demás.

Te voy a poner un ejemplo. Esto pasa muchísimo con la educación de nuestros hijos. Estás en un restaurante. Tú tienes una idea de lo que es apropiado que hagan los niños en un restaurante. Tus suegros tienen una idea diferente. Te sientes culpable como madre porque tus hijos no se están comportando como ¿deberían? Espera.

¿Cómo quieres tú que se comporten tus hijos en un restaurante? Si es importante para ti que los niños pasen desapercibidos como si no existieran puedes neutralizarles con la tablet sin sentirte culpable por ello.

Si consideras que los niños son niños y no se les puede pedir que estén sentados dos horas en una mesa conversando y no quieres neutralizarles con una pantalla, puedes optar por restaurantes con zona de niños, llevarles un juego o un libro que leer o comer en casa o de picnic.

Y adiós a la culpa.

Busca tu forma, lo que tú quieres para ti y tu familia. Cuando lo tienes claro y eres coherente no hay culpa. La culpa viene de la inconsistencia o de no tener muy claro cual es tu postura ante el tema. El resto del mundo tendrá otra forma de verlo y hacer las cosas y eso está bien.

Y si haces algo y no te gusta el resultado, no le eches la culpa al resto. Asume tu responsabilidad. Y esto me lleva a la segunda para del blog.

Echando las culpas fuera

Lo peor que puedes hacer en tu vida, echar la culpa a los demás de tus emociones o acciones.

Te desapoderas, le concedes a otro el poder de tu estado emocional. Le asignas a otro la responsabilidad de tus acciones. Te has quitado todo el poder, victimizado e infantilizado.

Qué terrible.

¿Por qué te harías algo así?

Cuando culpas a otros (tu jefe, tu marido, tus hijos, el gobierno, la empresa, el tráfico, el camarero, “la gente”, la crisis) por cómo te sientes, por tus acciones o por los resultados de tu vida estás renunciando a todo tu poder, a tu capacidad como ser humano y estás condenándote a no salir de ahí, salvo que los demás te saquen.

Tus emociones las creas tú. Tus acciones las haces o no tú. Sólo tú decides como interpretas los eventos que te suceden y sólo tú manejas tu mente, y por tanto tus pensamientos que son el origen de todo.

Es un concepto complejo y difícil de asumir porque toda la vida desde nos han enseñado lo contrario. “Mira, has hecho llorar a esa niña”, Has hecho enfadar a mamá”

Cuanto antes asumas la responsabilidad antes tendrás el control de tu vida.

Si los demás son los responsables de cómo te sientes son los demás estás a su merced. Y para sentirte de otro modo tienen que cambiar ellos, sobre los que no tienes ningún control.

Pero si depende de ti, sólo tienes que trabarte a ti misma. Y eso es una buenísima noticia. Porque te da una enorme libertad

Responsabilidad Vs. Culpabilidad

¿Esto quiere decir que somos responsables de todo lo que nos hacen?

No. Existe la asignación de responsabilidad apropiada. Si alguien te roba, procede hacer una asignación de responsabilidad y puede ir a la cárcel o recibir el castigo apropiado a su acción.

Pero de lo que no es responsable el otro es de cómo te sientes. Y ese es el matiz importantísimo. Si decides victimizarte, entender que el mundo es un lugar terrible, si te abandonas al drama, le estás dando el poder de esa acción a esa persona y a un hecho pasado. Esa es tu elección.

Como decides sentirte hoy, como eliges interpretar lo que pasó para que tu vida sea eficiente y feliz, eso es lo que es tu responsabilidad.

Si lo sé, no es inmediato. Requiere práctica. Y para eso creé Mujerdristas. Para aplicar esto y practicarlo. Y estudiarlo a fondo. En noviembre dedicaré el mes a trabajar la madurez emocional. Os enseñaré herramientas para lidiar mejor con emociones negativas y saber evocar emociones positivas y estado de ánimo. Se abre el plazo de inscripción el 20 de octubre.

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Fotos cortesía de Unplash. Créditos hoy a le_me, lmtrochezz y fuuj

Fuentes: Tus zonas errónas (W.Dyer) y The life coach school (#156, 36 y 25)

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