La necesidad de complacer a los demás siempre

Socialmente sentimos la necesidad de complacer a los demás. Lo que en su momento nos mantuvo a salvo, hoy limita nuestro crecimiento. No hacemos por el qué dirán y preferimos estar en el grupo que ser nosotras mismas y pelear por nuestros sueños.

Mi madre me decía mucho de pequeña que una de las cosas más difíciles en la vida era decir que no. Yo le contestaba que a ella le resultaba muy fácil, porque estaba todo el día diciéndomelo.

Tenía razón. Y con los años, se lo he agradecido mucho.

Estamos educadas para agradar a los demás. Somos seres sociales y necesitamos al grupo para sobrevivir, eso lo tenemos claro, y es bueno, pero hay una gran diferencia entre ser amable y buscar la aprobación de los demás a toda costa.

El problema viene cuando modificas tu comportamiento para agradar.

Cuando no te atreves a decir no por miedo al rechazo.

O cuando pones los intereses de los demás por encima del tuyo.

Qué significa ser complaciente

Es una persona que se preocupa en exceso de gustar a los demás y busca la aprobación constante de los demás en todo lo que hacen. Es, como siempre el grado, lo que hace que pueda ser un problema.

Ser empática, querer que los demás estén bien no tiene nada de malo. Hay una línea, en la que pasas a dejar de decir lo que piensas, o hacer lo que quieres, cuando se convierte en un problema.

Cuando la necesidad de complacer a los demás es un problema

Desde el punto de vista del desarrollo personal, hay tres problemas fundamentales derivados de la necesidad de complacer a los demás a toda costa:

  • Autosaboteas tu crecimiento porque priorizas a los demás y no sabes decir que no, con lo que nunca consigues tus objetivos y tus metas.
  • Tus relaciones no son auténticas, profundas y sanas porque no te atreves a expresar lo que sientes y piensas en realidad, para evitar el conflicto, y cambias de opinión para amoldarte a lo que diga el que tienes delante, con lo que la gente deja de confiar en ti. Tus relaciones son mentira, en el sentido de que no mantienen una relación contigo, si no con la versión reflejada de ellos mismos que proyectas para gustar. Pero pronto se da uno cuenta de tu falta de coherencia interna.
  • No sabes tomar decisiones. Te has acostumbrado a que las decisiones las tomen otros por ti, porque actúas buscando provocar una emoción, el agradar al otro. Al final no sabes ni lo que te gusta a ti o como eres en realidad y sin esa guía no tienes marco de referencia, ni práctica para tomar tus propias decisiones.

Como coach de vida equilibrada, me interesa la parte que tiene que ver con decir no y anteponer los intereses y necesidades de los demás a lo que dice en tu calendario que ibas a hacer.

También te diré que no hay que sentir vergüenza. No es un símbolo de debilidad necesariamente. Es costumbre, es lo que se espera de nosotras, en lo que llamamos los programas pre-aprendidos. Todas lo tenemos. Es el grado lo que hace que sea quizá poco conveniente para ti.

Hay ciertos comportamientos que muestran que puedes estar siendo excesivamente complaciente:

No tienes control de tu tiempo

El mejor ejemplo lo encontré hace poco con una de mis cliente. Me cancelaba a última hora todas las sesiones porque le surgían imprevistos. Pero no eran emergencias, era que alguien le había pedido algo, o se habían presentado en casa. Estábamos trabajando precisamente cómo poner límites y decir no e, ironías de este trabajo, no sabía priorizar sus sesiones de coaching frente a cualquiera que le pidiera algo. Es un claro ejemplo de la necesidad excesiva de complacer a los demás.

Esta complacencia te lleva a decir que sí a los demás antes que a ti. Te lleva a sobrecargarte de trabajo y a posponer los sueños. Acaba llevando muchas veces al resentimiento, esperas que los demás respeten tu espacio y límites, cuando tú eres la primera que no los respeta.

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No sabes decir que no

Como bien decía mi madre, decir que no es incómodo. Te enfrenta al posible rechazo, a no gustar. A ser antipática. ¡Madre! ¡Que no se nos ocurra ser antipáticas!

Cuando dices que no, cuando priorizas tus intereses, tus objetivos y tus necesidades por encima de los demás no eres egoísta. Eres madura emocionalmente. Ambiciosa y tienes las cosas claras.

Que luego dejes un tiempo para ayudar a los demás o no, es otro tema que no tiene nada que ver.

Cuando dices que sí por miedo a decir que no, no eres generosa. Eres falsa. Y te acabas sintiendo mal, con resquemor porque te has sentido obligada. Y sientes que no te gustan tus relaciones afectivas, que la gente se aprovecha de ti.

No quiere decir que a veces digas que si a cosas y modifiques tus planes. Pero lo haces con alegría, convencida, porque te parece importante, no porque no te atreves a decir que no, por miedo a que se enfaden contigo o dejar de gustarles.

Yo no creo que nadie se vaya a enfadar conmigo por decir que no. ¿Por qué lo harían? ¿Qué clase de persona se enfadaría porque le digas que no puedes hacer algo porque tienes otra cosa que hacer, importante para ti?

Llevas muy mal que alguien esté molesto contigo

No puede soportar que alguien esté enfadado contigo. Te sientes terriblemente incómoda. Haces todo lo posible por compensar el daño.

Las personas se enfadan por sus propios motivos y a veces te habrás equivocado y tendrán que perdonarte, si quieren. Pero tenemos que aprenden que los demás pueden elegir seguir enfadados y dejar de hablarnos. Es su decisión. Y está bien.

Cuando tienes una mentalidad de abundancia y entiendes que hay muchas personas, aceptaras y respetarás que alguien se enfade y darás tiempo de que se les pase o no. Sin dramas.

Aceptarás también que hay personas que piensan distinto. Y personas a las que no les vas a gustar. ¿O es que a ti te gusta todo el mundo?

¿La has cagado? Pide perdón y palante. No hay que regodearse en el error y flagelarnos.

Hay un episodio de Friends buenísimo para ver esto. El de la Baby Shower (temporada 8 capítulo 20). Rachel y Phoebe le organizan una fiesta a Rachel por el nacimiento del bebé y se olvidan de invitar a su madre, que finalmente se entera y acude. Mónica se siente tan culpable que hace todo tipo de tonterías todo el capítulo para tratar de compensarlo. Es genial. Y estoy segura de que todas lo hemos hecho alguna vez.

Evitas el conflicto

Si para evitar el conflicto das la razón a todo el mundo, pretendiendo estar de acuerdo siempre con todos, estás siendo excesivamente complaciente. Y tus relaciones lo notan.

Se nota cuando alguien no es auténtico. Tenemos una parte del cerebro que busca inconsistencias (la que busca el peligro constante para mantenernos a salvo).

Piensa que la relación que los demás tienen contigo no es con tu yo real, sino con esa versión ajustada que haces para cada uno, según lo que crees que quieren escuchar. Tratas de manipular la visión que los demás tienen de ti. Pero cuando hay un conflicto, por ejemplo entre pareja y una amiga y tú no tomas partido, te metes en problemas con los dos. Porque esperan lealtad y porque si antes estabas de acuerdo con ellos, ¿por qué no ahora?

Y no es que se haga a propósito. Lo haces porque se te ha olvidado quien eres.

No sabes quién eres

Me gusta mucho ilustrar esto con la película de Novia a la fuga. Es una ejemplo clásico habitual entre las mujeres. Ella (Julia Roberts) pide los huevos según la pareja con la que está. En un momento de la peli Richard Gere le pregunta ¿Pero a ti cómo te gustan los huevos? Y ella no le sabe contestar.

Si te pasa esto, y todas podemos caer en esto en un determinado momento, es el momento de pararte y reflexionar. ¿Yo qué quiero? ¿Cómo quiero responder a esta situación? ¿Quién quiero ser en mi familia, con mis amigas, en el trabajo y con mis hijos?

Una cosa es dejarte influenciar lógicamente por tu entorno y otra muy distinta es no tener claro quién eres, como eres, lo que te gusta y tu opinión de las cosas.

Muchas, muchas veces en las sesiones le pregunto a mi clienta ¿y tú qué quieres? Y no me saben contestar. Y eso no puede ser. Que nos pasa, a mí también, pero hay que evitarlo.

Tenemos que vivir con intención, con nuestras ideas formadas y elegidas de forma consciente. Esto nos da confianza, seguridad en nosotras mismas como ninguna otra cosa lo hará nunca.

Y tener seguridad en ti misma es la base para lograr la vida que quieres. Sólo con una buena autoestima y sobre una fuerte confianza en ti te atreves a pedir lo que crees que mereces, a no conformarte y a luchar y pelear con todo por tus sueños. Y no hace falta que el sueño sea vivir en las Bahamas trabajando 4 horas a la semana. Soy más seria que eso. El sueño sé bien que es disfrutar de la vida que ya tienes. Crear un vínculo profundo con tus hijos y tu pareja. Estar satisfecha en tu trabajo. Y dejar de sentirte culpable por todo a lo que no llegas.

De la teoría a la práctica

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Ana García Liébana

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Photo by Erriko Boccia (desde unsplash.com)

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