Cómo poner límites y crear relaciones saludables(2)

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En las relaciones personales es esencial poner límites para crear relaciones saludables. Te cuento cómo hacerlo de forma eficaz y elegante y siempre mantenerlos.

El artículo de hoy es una continuación del de la semana pasada. Si no has leído el artículo te recomiendo lo leas antes de leer éste.

La situación

Hemos identificado un área de nuestra vida en que queremos poner un límite. Se está produciendo una violación de dicho límite, una invasión en nuestra propiedad física o emocional y queremos protegernos.

Vamos a comunicar el límite a la otra persona. Reunimos el coraje y lo decimos: “Prefiero que me aviséis cuando vais a venir”. O “No me gusta que llegues tarde”.

¿Hemos marcado un límite?

No.

Hemos nombrado una preferencia.

Falta la parte más importante, la consecuencia. Tenemos que tener claro qué va a pasar si se incumple nuestro límite. En primer lugar tiene que quedar claro que no es una preferencia, es un no.

A veces nos sentimos tan incómodas poniendo el límite que lo hacemos tan suave que el otro lo entiende más como un deseo, que como algo relevante.

Pero lo más importante es que lo dejamos como flotando… se queda una pregunta en el aire…¿o qué?

Qué va a pasar si no lo cumplen es la pieza clave al marcar un límite.

La consecuencia

He leído mucho sobre límites y lo que más me sigue gustando es lo que propone Brooke Castillo: (1) explicar lo que tú vas a hacer si se traspasan tus límites y (2) estar dispuesta a honrar tu palabra. Es un enfoque 100% coaching en el que mantienes todo tu poder.

En vez de centrarnos en el comportamiento de los demás, que no podemos controlar, vamos a enfocarnos en nosotras, en lo que queremos hacer si se produce otra invasión.

Un límite bien puesto marca la acción que tú vas a tomar si ellos siguen haciendo lo que están haciendo. Es una enorme diferencia. No le estás pidiendo al otro que cambie, estás explicando lo que tú harás al respecto.

De esta forma mantenemos todo nuestro poder y nos aseguramos de que vamos a estar bien ya que hemos establecido nuestros términos. Podemos relajarnos, ser nosotras mismas y disfrutar de la relación.

Si dependemos de que los otros hagan algo o no lo hagan, estamos vendidas. Nos posicionamos como víctimas de un comportamiento, impotentes por definición- porque la acción está en el otro lado, fuera de nosotras.

En el ejemplo de visitas sin avisar. Es un caso muy incómodo porqué ¿cuál es la única posible acción que queda en tu mano? No abrir.

Jajaja, te estoy imaginando escandalizada. “¿Cómo voy a hacer eso?” Pero vamos despacio a recordar la situación que estábamos usando de ejemplo:

Tus suegros se presentan cuando quieren sin avisar a ver al bebé recién nacido. Y a ti te llevan los demonios cada vez que lo hacen. Les estás cogiendo manía. Te estás obsesionando con el tema además, dándole vueltas. La privación de sueño y el no estar trabajando te hace centrarte más en estas cosas por la ausencia de otros estímulos. No te gusta ser así porque eres una tía muy inteligente y no entiendes porque estás en esta situación, dándole tantas vueltas. Te sientes prisionera en tu propia casa, porque la gente aparece cuando le da la gana. A tu marido le pones la cabeza como un bombo cada día con el tema. Él le ha dicho suavemente a sus padres que avisen, pero en realidad pasa bastante porque él está trabajando y no le parece para tanto. Cree que exageras, que es muy hormonal.

Es una situación que veo habitualmente. Si no idéntica seguro que en cierto modo resuena contigo.

Hay una cosa importante que debes recordar: ellos son adultos y los adultos pueden hacer lo que quieran. No nos tiene porque gustar, pero los adultos pueden, y de hecho, hacen lo que quieren. Eso te genera incomodidad porque parece que no tienes opciones, más que aguantarlo. La antesala del resentimiento.

Pero siempre tienes opciones. Siempre. Tú también eres adulta y puedes hacer lo que quieras.

Puedes poner el límite “Os quiero y me encanta que vengáis a ver al niño, pero tenéis que avisarme o quizá os encontréis un día que no os abro la puerta. Me podéis pillar dormida, en la ducha u ocupada. Si no me viene bien y no me habéis avisado no voy a abrir. No quiero que os deis el paseo en balde. Por favor, avisadme antes de venir”.

Quizá te parezca inconcebible no abrir la puerta. Te aseguro que si explicas claramente que quieres que avisen y muestras congruencia y determinación cuando lo comunicas en la mayoría de casos nunca tienes que llegar a ejecutar la consecuencia. Pero tienes que estar dispuesta a hacerlo, si lo pones. Si no, mejor no pongas el límite.

Tendrás que entender si quieres que te avisen o quieres también negociar las horas de visita. En toda relación hay una cierta negociación. Entender cuáles son tus puntos relevantes importa. Por ejemplo una de mis clientas era super flexible, le daba igual cuando vinieran, sólo quería que la avisaran para prepararse.

Quizá para ti lo importante es la hora. Y al analizarlo te das cuenta de que en realidad no importa que no te avisen, siempre que vengan a una hora en que tú sabes que estás preparada y el niño tiene un buen rato. Entiende cuál es el verdadero problema para ti en la situación. Así puedes poner menos límites, sólo los justos. Te sentirás menos incómoda. Y cuando no tienes un listado enorme de lo que para otros son reglas o manías, es fácil respetar los límites.

Quiero insistir en que no hay una fórmula fija, hay una fórmula para ti. Tienes que encontrar lo que a ti te funciona. Te he puesto un ejemplo, una posible forma de afrontarlo. No tienes que hacer eso. No tienes que hacer nada que no te convenza, que no sea auténtico a ti. Hay muchas opciones. Recuerda, tienes opciones. Tienes que buscar la tuya.

Recuerda lo que te decía el otro día, estás poniendo límites por amor a ti, para preservar tu bienestar y por el bien a largo plazo de la relación.

Esto es claramente más fácil de decir que de hacer, sobre todo cuando no estás acostumbrada a ser firme en tus interacciones y sueles evitar el conflicto, pero te aseguro que puede cambiar toda tu vida.

Toma consciencia de la alternativa

Quiero reforzar la idea de que estás marcando límites desde el cariño. Tus suegros te gustan, les quieres pero se ha producido una dinámica que no te va bien. Si partes de un “no los soporto, no quiero que vengan” no es ya un tema de límites y hay que hacer un trabajo previo.

Me gustaría avanzar la relación hacia el futuro y ver posibles escenarios que pueden ocurrir.

El más habitual, te callas, no dices nada y aguantas como una buena chica (tenemos ese programa implementado, no generar conflicto, complacer y agradar, poniendo a los demás por encima de nosotras).

La situación se repite y cada día lo llevas peor. Estás molesta y te empieza a molestar cada comentario que hacen, hasta el punto que piensas que lo hacen para molestar. Estás tensa cuando vienen y el niño está tenso, porque hacemos mirroring los humanos (absorbemos y copiamos las emociones de nuestro alrededor). Y cada día es más incómodo. Empiezas a intentar decir sin decir lo que quieres decir. Al final no te apetece nada verlos, porque no te gusta como eres cuando estás con ellos.

Confía en que te quieren

Una alternativa es decir lo que necesitas. Con cariño, templanza y seguridad. Tienes claro lo que quieres y eres firme al comunicarlo. Muestras congruencia, transmites integridad- vas a llevar a cabo la consecuencia.

En la gran mayoría de los casos te aseguro que tu petición será escuchada y atendida. Ellos te quieren y es razonable lo que pides. Además no lo haces desde un estado emocional agitado que puede parecer que es un calentón y que te quita todo el crédito. Hay cariño de fondo y se nota.

Puede producirse una cierta negociación. Ellos te dirán lo que ellos quieren y necesitan. Y tú valorarás si cedes y en qué, pero teniendo muy claro lo que es importante para ti, lo que es innegociable.

A veces te encuentras con que las personas siguen haciendo lo que les da la gana, aún habiéndoles pedido otra cosa. Aquí es cuando tienes que hacer acopio de tu madurez emocional y pelear por ti.

Márcar límites y manternerlos. Qué hacer cuando lo siguen haciendo

Si alguien sigue traspasando un límite una vez lo has comunicado, es que no has sido firme al hacerlo, no han notado congruencia.

Y puede darse el caso. No es raro. Tú quieres una cosa, el otro quiere otra y cada uno persigue lo suyo. Hay personas acostumbradas a hacer lo que les da la gana. A costa de quien sea.

Y aquí es donde tienes que ponerte en valor. Honra tu palabra. Si no o haces, tú límite no vale nada. Es más, acabas de desacreditarte. Todos los límites que pongas de aqui en adelante serán desatendidos, porque has dicho que no son importantes. Has comunicado que son opcionales.

Pero te diré que nunca es tarde para reponer límites. En este caso es necesario nombrarlo: “Sé que hasta ahora ha sido así y lo he permitido, pero de aquí en adelante…lo que sea”.

Pero por favor, mantén tu palabra. Hónrala.

Si alguien no respeta tus límites no te respeta a ti. Punto. Y si tú no respetas tus límites no te respetas a ti. Y eso es lo peor que puedes hacerte.

A veces hay que saber decir no a una relación.

El poder te lo da que tú sepas la consecuencia

Te diré que a veces no tienes ni que comunicar la consecuencia porque cuando tú la tienes clara, clara meridiana, el límite se comunica solo.

Las personas transmitimos nuestras preferencias, nuestro modelo del mundo y nuestras creencias con cada célula de nuestro cuerpo. Decimos mucho cada día sobre lo que aceptamos y lo que no.

Por eso muchas veces no hay que marcar límites. Si tú lo tienes claros los demás los suelen conocer.

El problema viene cuando no tienes claro lo que quieres o lo que realmente te molesta en una situación. Al tener niños, por ejemplo, se producen un montón de situaciones nuevas para las que no te has formado una opinión. Entonces se producen intrusiones no deseadas, que no sabes nombrar y no entiendes del todo. Y no marcas el límite inmediatamente porque no lo tienes claro y luego ya se instaura algo porque no lo paraste desde el principio.

Bueno, nunca es tarde para marcar un límite si lo haces bien. Desde el amor a ti, con la intención de reforzar la relación haciéndola más honesta y siendo auténtica.

Y recuerda, no te centres en el comportamiento del otro si no en lo que tú quieres hacer en la situación, que es lo único sobre lo que tienes control.

No digo que sea fácil. Te digo que se puede aprender. Y que se siente de maravilla.

Feliz día

Ana

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Créditos: Fotos de unplash. Gracias etienneblog, ernest_brillo y drew_hays. La aproximación a los límites marcando la consecuencia en base a tu propia acción la aprendí de mi gran profe Brooke Castillo

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