La importancia de marcar límites y mantenerlos

Saber marcar límites claros en nuestras relaciones con los demás es un elemento indispensable para disfrutar de relaciones sanas y auténticas.

Son esenciales en las relaciones y, sin embargo, a mucha gente les cuesta poner límites, se siente incómoda y acaba tolerando cosas que no quiere por no atreverse a marcarlos. Esto tiene muchas consecuencias, a corto plazo, en el bienestar emocional de la persona y su autoestima, y, a largo plazo, deteriora las relaciones.

Qué es un límite en una relación

Un límite en una relación marca hasta donde está uno dispuesto a tolerar. Al igual que los límites físicos delimitan claramente donde está permitido el paso y donde no, los límites en una relación marcan lo que se acepta y lo que no.

Haciendo la investigación sobre el tema, me encontré una definición que me encantó, de Lisa Dion.

Es el punto en que si lo paso dejo de ser yo misma. Si el otro sigue haciendo lo que hace o yo sigo haciendo lo que estoy haciendo dejo de ser yo, “me pierdo”, ya no soy auténtica a mi misma.

Y me ha parecido brillante porque haciendo la analogía con el mundo físico es muy fácil verlo.

Imagina una casa con jardín.

Tiene una cerca. Esa cerca delimita claramente la propiedad. Si pasas de la cerca, deja de ser la propiedad. Si alguien entra sin invitación dentro, vas a sentirte invadida, en peligro, enfadada. O, si no eres tan miedosa como yo, lo que está claro es que vas a tener una reacción emocional ante el hecho y vas a dar una respuesta, desde hablar con ellos a llamar a la policía, según el caso.

En el mundo de las relaciones personales existen invasiones similares, pero no siempre las reconocemos como tal, no son tan obvias.

Pero el efecto es el mismo, una fuerte agitación emocional.

Entonces ya no respondes desde tu yo calmado y pleno, sino de un modo reactivo. Ya no eres tú en todo su esplendor y no vas a serlo mientras dure la invasión.

Saber identificar, entender y gestionar estas circunstancias es fundamental.

Requiere trabajo y su manejo demanda mucha madurez emocional. Trabajar con límites es uno de los trabajos profundos en crecimiento personal. No es fácil, pero tiene muchas recompensas. Para empezar, incrementa tu autoestima y sentimiento de valía personal. Además, la forma en que gestionas tu tiempo también cambia. No permitir interrupciones cuando estás concentrada en algo, por ejemplo, es un límite.

¿Por qué nos cuesta marcar límites?

Por muchos motivos, pero se reducen principalmente al miedo al rechazo, a perder la relación y a la falta de autoestima o consideración de suficiente valía interior en ese momento. Me explico.

Cuando marcas un límite, cuando dices “por ahí no” estás exponiéndote a no gustar. Normalmente si tienes que marcar un límite es porque ha habido una violación primero.

Por lo tanto, estas respondiendo a un ataque, intromisión, ofensa. Y eso genera conflicto. No todo el mundo se siente bien en el conflicto.

En primer lugar, quizá el otro ni es consciente de la ofensa. Lo que ha hecho para él o ella es totalmente aceptable. Los límites son personales, lo primero quizá es que nos cuestionamos la validez de nuestros sentimientos (quizá es que yo soy excesivamente sensible). La sociedad a veces exige que aceptemos cosas que no queremos o que se consideren habituales cosas que a ti te generan incomodidad.

Esto se hace muy claro en personas de distintas culturas. Cuando me mudé a Londres entendí que lo que aquí era normal allí no lo era. Por ejemplo, visitas a los recién nacidos. Y eso cambió mi perspectiva. Si algo te incomoda, violenta o no es para ti, tienes derecho a que no te guste y marcar un límite.

Los demás tienen derecho a enfurruñarse también, claro. Y eso es algo que tenemos que aceptar, y no es nada fácil de asimilar.

Porque no nos han enseñado a manejar las discrepancias y en esta sociedad, en general, nos han educado para complacer, agradar, emocionalmente hablando.

Entonces, llegado el momento, quizá no reaccionas, lo dejas pasar. Y luego te sientes fatal. Porque de alguna forma nos hemos traicionado a nosotras mismas, no nos hemos defendido.

Cómo identificar cuando han sobrepasado tus límites

Lo primero de todo es entender cuáles son tus límites. El autoconocimiento es clave para tu bienestar.

No hace falta que te pongas ahora a listar tus limites. Basta con que actives tu autoconciencia para identificarlo cuando llegue el momento.

De algún modo ya lo sabes, pero quizá no te has tomado el tiempo de ponerlo negro sobre blanco.

Tu cuerpo es muy sabio y tus emociones son tu brújula.

Tienes que aprender a leer las señales que te manda. Cuando estás con alguien y alguien cruza un límite tu cuerpo reacciona.

Lo que vas a notar es un incremento del ritmo cardiaco, agresividad, los puños se aprietan ligeramente, la mandíbula se tensa. Tu cuerpo percibe una amenaza y se prepara para una respuesta pelea o huye.

Te sientes incómoda.

Si estás con alguien y notas tu cuerpo mandando señales es que ha habido una violación de un límite tuyo. Cuánto más te conozcas mejor, porque sabrás entender qué te está pasando en el momento y eso te posibilita dar una respuesta consciente, elegida y no una reactiva.

Lo que quieres es alargar el tiempo entre el estímulo y tu respuesta para poder elegirla y poder ir por el mundo de la forma que quieres, y no reaccionando a las circunstancias con escaso control de tus emociones y comportamientos de los que luego te avergüenzas.

Entonces, lo primero es identificarlo y nombrarlo. Ser capaz sólo de esto ya es un paso enorme. Las emociones habituales en caso de invasión emocional son ansiedad, estrés, resentimiento, miedo y enfado.

Una vez que eres consciente toca comunicar al otro lo que ha pasado. O callarse y aceptar la violación del límite y nuestra incomodidad.

Más veces que menos elegimos callarnos.

Pero tiene un precio.

A la larga crea resentimiento. Porque te molesta que lo hagan. Y te enfada que no lo cambien (aunque no has dicho nada, somos así).

Por eso a la larga, para construir relaciones bonitas y duraderas hay que atreverse a pasar esos momentos de incomodidad. A expresar que algo no nos gusta y a expresar lo que va a pasar si siguen cometiendo esa «infracción».

Y saber hacerlo bien, de forma asertiva, sin agresividad pero con firmeza es un arte.

Y no digo que sea fácil, digo que se puede aprender. Y que se siente de maravilla.

Feliz día,

Ana García Liébana

Conócete. Cuídate. Crece

PD. Pues entre unas cosas y otras, gran parte de mi trabajo consiste ayudar a mis clientas a poner límites. Bien para proteger sus relaciones, bien su tiempo. No controlamos nuestro tiempo si no sabemos/podemos decir que no a nada. Tengo un ebook sobre límites, que regalo al suscribirte a mi lista. Abajo tienes el formulario para apuntarte.

Photo by Isaiah Rustad. Gracias a unsplash

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