La importancia de entrenar tu mente

Igual que entiendes que si quieres estar en forma y tener un cuerpo sano necesitas entrenar tu físico, es importante entender que disfrutar de una mente sana requiere dedicarle tiempo de entrenamiento mental.

Estar “en forma” mentalmente

Quiero establecer una diferencia entre tener salud mental (ausencia de enfermedad) y tener un estado mental saludable.

Físicamente lo vemos muy claro, es bien distinto no estar enfermo a estar en forma y tener un cuerpo saludable. Tenemos claro que cuidamos el cuerpo comiendo sano y haciendo ejercicio.

Pero, ¿y la mente?

Si no tenemos algo “gordo” consideramos que estamos bien. Y no hacemos ningún trabajo sobre nuestra mente. En la cultura occidental, a diferencia de la oriental, no hemos trabajado (hasta ahora) proactiva y preventivamente la mente.

Las consecuencias de esto son dos.

En primer lugar, no desarrollamos los “músculos” mentales necesarios para hacer frente a situaciones difíciles, lo que acaba desembocando en muchos casos en enfermedades mentales, menores muchas veces, pero enfermedades al fin y al cabo: depresión, ansiedad y trastornos del sueño, sobre todo, que en muchos casos ni siquiera se tratan ni se les concede la importancia necesaria, provocando un mayor sufrimiento del necesario.

La silenciada depresión post-parto, ansiedad laboral o depresión tras un despido, son sólo algunos ejemplos de ello.

El entrenamiento mental es para mí preventivo de la enfermedad mental. Se estima que entre un 20-25% de la población española padecerá algún trastorno psicológico a lo largo de su vida, y los porcentajes van en aumento. Con estos datos, la importancia de entrenar tu mente me parece incuestionable.

Hay enfermedades graves o genéticas (esquizofrenia, por ejemplo) que requerirán intervención psiquiátrica y farmacológica, pero enfermedades mentales leves se pueden prevenir o al menos limitar si estamos acostumbrados a trabajar nuestra mente y hemos desarrollado resiliencia, autoestima y unos conocimientos básicos de cómo funciona nuestra mente (y cuerpo).

La segunda consecuencia, más sútil, pero tremenda en mi opinión, es el desaprovechamiento de potencial humano que ello conlleva.

Ante ausencia de enfermedad mental, no invertimos en nuestro crecimiento psicológico. Aceptamos lo que somos como algo inmutable, nos conformamos quizá con una vida mediocre y nos limitamos a sobrevivir muy por debajo de nuestras posibilidades, con mucha preocupación por el futuro y culpas por el pasado.

Dejamos desatendida nuestra mente. Pone mi profesora Brooke Castillo un ejemplo que me hace mucha gracia: tenemos la mente como un niño de 2 años solo en casa, rodeado de cuchillos, enchufes y ventanas abiertas.

Dado que nuestra mente produce los pensamientos que son la causa última de nuestros resultados, ¿no merece la pena dedicarle tiempo a entender qué estamos pensando?

Observa tu mente

El primer paso al entrenar tu mente es observarla.

Cuando empecé a meditar me di cuenta de que había cosas en mi cabeza que me resultaban desconocidas, pero muy familiares. Era raro. Pensamientos que acompañaban desde siempre pero de los que no era realmente consciente.

Os he comentado varias veces que tenemos unos 65.000 pensamientos al día, la mayoría inconscientes. La mayoría de nuestro tiempo lo vivimos en piloto automático y nuestro cerebro tira de lo que tiene en la recámara (patrones de comportamiento aprendidos inconscientemente).

Observar la mente consiste en hacer consciente lo inconsciente.

Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, dominará tu vida y lo llamarás destino

Carl Gustav Jung

Al observar tu mente te das cuenta de que eres mucho más de lo que crees. Mucho más compleja, mucho más humana, más fuerte, mucho más que tus resultados, más que tu cuerpo. Es muy potente observarse.

Y te das cuenta también de que no tienes el control. Vivimos reaccionando a las circunstancias, en vez liderándolas, mucho más de lo que creemos. El trabajo mental lleva a una vida más consciente y elegida.

Entrenar tu mente: El trabajo

Además de la meditación, que es fantástica para observar pensamientos y conectar con el presente, el amor y la aceptación, tienes que trabajar tus pensamientos.

Coger papel y boli y volcar tus pensamientos (sacar la basura mental, yo lo llamo). Y ver qué hay. Eliges en cuál de tus pensamientos te apetece enfocarte, y sobre dicho pensamiento haces el trabajo.

El trabajo es aplicar el modelo cognitivo-conductual al pensamiento que quieras trabajar.

Analizas qué emoción se genera en ti como consecuencia de ese pensamiento.

Después observas qué acciones (o falta de acciones) estás tomando como consecuencia de sentir esa emoción.

Y por último, identificas cuál es el resultado que tienes como consecuencia de dichas acciones. De otro modo, qué resultados estás creando con esos pensamientos.

Esto es tremendamente importante: tus pensamientos actuales están creando los resultados que ves en tu vida. Si quieres cambiar los resultados, tienes que cambiar tus pensamientos.

Elegir pensamientos a propósito

La pregunta obvia siempre que cuento esto es ¿Pero cómo los cambio? De hecho, hay como una urgencia en hacerlo cuando te das cuenta de que los actuales no te proporcionan lo que quieres.

Mi consejo es no hacerlo (al principio).

Dedica tiempo a observar tus pensamientos, sin más. Si ninguna intención. Es más pura la observación, porque no lleva juicio. Si lo haces para modificarlos, tu actitud es crítica es de “consultora”.

Cuando observes tus pensamientos hazlo como tu coach. Sin juzgar, con curiosidad, mente abierta dispuesta a ver y aceptar lo que es tal cual es.

Pasado un tiempo, cuando de verdad VES y has dejado al inconsciente manifestarse, entonces empiezas a actuar sobre tu forma de pensar.

Elegir tus pensamientos es un arte y lleva práctica.

Lo primero es saber qué pensamientos son los necesarios para producir los resultados que quieres. Si quieres dejar de fumar necesitas tener el pensamiento “Soy una no fumadora” y eliminar los pensamientos tipo “fumar me relaja” “me gusta fumar”, “fumar no es tan malo” “para qué esforzarme, nunca dejaré de fumar” etc.

Pero claro, eso no es tan fácil ni tan directo. Tienes que creerte el pensamiento. Requiere trabajo, estrategia y perseverancia. Requiere renuncias.

Y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo.

De hecho, la verdad es que mucha gente se mantiene en la queja de lo que no le gusta y en el victimismo porque lleva menos trabajo que cambiar. Recuerda esto, porque es probablemente la llave de la vida; tu cerebro prefiere quedarse en algo malo conocido que cambiar.

El cerebro es muy eficiente y se rige por : búsqueda de placer, evitar el dolor y eficiencia- mínimo esfuerzo. (Está programado para sobrevivir, no vivir una vida de diseño).

Además, cambiar una creencia supone admitir que antes estabas equivocada. Eso no es agradable. Durante un tiempo vives en disonancia cognitiva (pensamientos en conflicto), lo que, no te voy a engañar, es un martirio mental.

Pero al otro lado de esa incomodidad, están tus sueños.

Tú eliges si quieres vivir una vida consciente en control y creciendo, o no. En cualquier caso, no desatiendas tu mente. La vida te va enfrentar antes o después a situaciones complicadas. Si le has dado a tu mente herramientas para sobrellevarlas las vivirás de forma más sosegada.

Y además, ¿Quién no quiere vivir sabiendo que pase lo que pase vas a ser capaz de superarlo y conseguir lo que quieres porque has hecho de tu cerebro una máquina productora de los resultados que eliges, en vez de por defecto o a merced de las circunstancias?

Feliz día

Ana García Liébana

PD. Si te interesa aprender a entrenar tu mente, te interesa la Escuela de Autocoaching. La mejor forma de saber si mi estilo de coaching resuena contigo es suscribirte a la lista y leerme cuando escribo. Justo abajo tienes el formulario para unirte a mi lista.

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