La emoción ha sido demasiado difícil de manejar

Djokovic llora durante los últimos minutos de su partido en la final del Gran Slam.
Demasiada emoción dice. El apoyo de la grada me ha emocionado.

Este hombre podía convertirse en el mejor jugador de la historia, de la historia, si ganaba.
El estadio lo sabe.
Y el estadio quiere vivir la historia.

Y es mejor vivir la historia viendo a un deportista ganar un partido que viviendo una pandemia histórica como nos ha tocado.
En eso creo que estaremos todas de acuerdo.

Y le animan.
Y se emociona.

No puedo ni imaginar la sensación.
Toda esa presión. Ese cansancio acumulado de miles de horas en la pista.
El vértigo de sobrepasar a Federer y a Nadal.

Esas cabezas están mejor amuebladas que los acueductos romanos.
Impenetrables.

Pocas veces hemos visto lágrimas en los jugadores en la pista.
Quizá no ganó, pero fue bastante histórico.

Y el broche final es que cómo explica en la rueda de prensa.
Miro mi vida y veo que mis prioridades han cambiado. Quiero pasar más tiempo con mis hijos. Me duele mi ausencia.

Toma.

Le entiendo tanto.
Y que poco se dice.
Que poco lo oímos.

Nos duele nuestra ausencia de las cosas que son importantes para nosotros.
Y nos duele porque es la forma de nuestro cuerpo, nuestra alma o lo que sea, de decirnos que necesitamos un cambio,
Porque nos estamos alejando de lo que es importante.

Podemos callarlo, y anestesiarnos con ocupaciones superfluas.
 O escucharnos y actuar en consecuencia.

Lo segundo no es el camino más fácil.
Pero es el camino correcto.

Si tu destino es vivir con intención.
Eligiendo.

Puedo enseñarte cómo adueñarte de tu destino.
Uy qué poético me ha quedado.

Reformulo.

Puedo enseñarte un método para autocoachearte todos los días y entender por qué haces lo que haces y por qué estás donde estás en tu vida (lo bueno y lo no tanto).

Y luego, te puedo enseñar qué provoca las emociones que tienes y cómo dirigirlas para actuar de otro modo, si es que necesitas un cambio. Lo enseño aquí: Escuela de Autocoaching

 [Nota obvia: si quieres resultados distintos, necesitas actuar de otro modo]

Te falta calle, mamá

Y hablando de emociones. ¿Qué mas emocional que un adolescente?

Cenábamos.
Un sitio guay, un chalet reconvertido en restaurante en una zona arbolada de Madrid.
En la terraza, en reservados que tienen en ese jardín maravilloso.
Se come regular solo, pero el sitio es tan agradable que merece la pena.
Y la compañía era estupenda.

Nuestros hijos van entrando en adolescencia y empiezan a considerar a sus padres algo desfasados.
Eso nos contaba una amiga.
Les da por las rimas con los números y esas cosas.
Y cuando la pillan le dicen que le falta calle.

Entre el trabajo y las minimierdas de casa y niños, nos falta calle y avenida supongo.

No sé los tuyos.
Yo voy viendo atisbos de adolescente en mi hija y lo mismo me da la risa, que me da pena que se acabe la niña o me entra el nervio, porque yo fui una adolescente muy cabrona.
No sé que decidir sobre esta etapa.

De momento me estoy leyendo Tormenta cerebral.
Y dice que es una fase de explosión creativa que si sabemos aprovechar tiene muchas oportunidades.
También riegos y dificultades, no pienses que lo ha escrito un fumao que nos va a venir a decir que la adolescencia es la panacea.

Pero me gustó el enfoque. Me cambió la forma de ver las cosas.
Eso vale mucho.
Y por una vez, me voy a leer los libros antes de llegar a la etapa.
No después, cuando estoy en medio del tumulto
Para ver todo lo que he hecho mal.

Porque estos libros son un poco de sentirte inadecuada como educadora, ¿verdad?

Cada vez más, creo que yo que esto de los libros de disciplina positiva y educación hay que tomárselos con filosofía.
Ayudan.
Inspiran.
Pero cuidado con usarlos como arma arrojadiza contra una misma.

Porque con nuestra educación emocional, nula,
Con el mundo de nerviosos en que vivimos,
De gente que te aturulla,
que en vez de al super se cree que va a la guerra,
con niños que te hablan a la vez, mientras ves que se ha caído tu web y ha subido la factura de la luz,

Quizá podemos ser compasivas el día que metemos un grito y nos sale un suspenso en madre.

No es justo que tire por tierra todos los días buenos.
Todo lo bien que lo hacemos en el conjunto.

Y quizá no podemos hacer mucho por cambiar la frenética universal,
Pero si por controlar la nuestra.
Al nombrar las emociones disminuye su intensidad. Al identificarlas podemos manejarlas. Y al entender qué las provoca podemos controlarlas. Entonces, sólo entonces, tus reacciones cambian.

Y, oye, ¿imagínate como sería tu vida con mayor control de tus emociones?

Si quieres crearlo en vez de sólo imaginarlo, te animo a echarle un vistazo a la Escuela de Autocoaching.

Feliz día



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