Huye del victimismo

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Hoy te quiero hablar de la cómo la mentalidad de víctima es la más perniciosa de todas las mentalidades. Huye del victimismo y escapa de juegos victimistas.

El blog tiene dos partes muy diferenciadas, en la primera parte quiero que trabajes en ti, en identificar tus victimismos (todos tenemos algunos) y en la segunda parte te explico el triángulo dramático, un “juego” en el que te pueden haber situado (sin tu consentimiento) para manipularte emocionalmente.

Qué es el victimismo o la mentalidad de victima

La mentalidad de victima la adoptas cuando culpas a los demás de lo que pasa en tu vida. Desplazas la responsabilidad de tus acciones, resultados y emociones a otros (personas o circunstancias ajenas de ti).

Todos tenemos momentos victimistas: “Me has hecho enfadar” “Me has entretenido” “Me haces llegar tarde” “Me has ofendido”, pero un victimista es una persona anclada en la mentalidad de victima de forma crónica.

Estamos delegando el poder de nuestra vida en otros. Ya me has oído muchas veces invitarte a asumir tu responsabilidad y las riendas de tu vida, para vivir una vida más plena y consciente.

Siempre que te oigas en el “pobrecita yo” es una alarma de que has entrado en la mentalidad de victima.

Otra cosa es un victimista, persona que vive en la mentalidad de victima de forma crónica. Son personas que se quejan constantemente, que viven en la negatividad, tienden a culpar a los demás de todos los males que padecen y a resguardarse en la compasión ajena.

Lo que consiguen es la pena, ser el centro de atención. Es una forma de no asumir las responsabilidades. Sabemos lo bien que se vive sin responsabilidades, pero no es la idea, ¿verdad?

Cómo identificar tus momentos de victimismo

Los encuentras en tus quejas, en tu negatividad, cuando le echas la culpa a los demás.

Los identificas en tus emociones. Las emociones que rigen un estado de victima son:

Desprotección/ desventura/ impotencia/ injusticia/ incapacidad/ inseguridad/inferioridad/insuficiencia/estar a la defensiva y ofenderte con facilidad.

No sé tú, pero yo no son estados emocionales en los que quiera permanecer mucho rato.

Es una plaga, y cuidado que se pega

La observo por todas partes. En amigos, familiares y cuando trabajaba en oficina…madre mía.

Es horrible, entran ahí y no salen. Todo es compararse, todo el mundo les odia, les perjudica, todo les pasa a ellos. Observaréis que es gente que se queja mucho y hace poco. Llevan años quejándose de su trabajo pero ni han actualizado el curriculum. Se quejan de sus parejas pero no van a dejarlas nunca, ni iniciar algún proceso para intentar arreglarlo. Los profesores te suspenden o te tienen manía. Tu compañera tiene enchufe o se debe haber acostado con el jefe (yo he oído cada barbaridad que daba un asco-pena…).

Es peligrosa porque te sientes justificado en el conformismo, porque no puedes hacer nada ya que no eres responsable.

Qué forma tan curiosa de vivir la vida.

Lo peor es que con esa mentalidad de escasez y de víctima sólo atraes a gente como tú. El resto sale pitando. Y te rodeas de lo mismo y…olvídate. Mucho más justificado.

Mi etapa victimista

Yo abracé la proactividad desde bien joven, después de leer los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, que ya te he recomendado alguna vez.

Pero en Londres hubo una época en que caí en el victimismo. Qué horror, la época más gris de mi vida.

Nos mudamos a Londres por Carlos, mi marido. Él quería ir más que yo. Al fin y al cabo yo dejaba mi trabajo y estando embarazada no era el momento ideal de buscar otro. Todo se complicó, el peque prematuro, alergias, chicas que estaban de paso y pasaban los meses y aquello se complicaba más y más.

Entré en bucle y todo se tornó oscuro. Me convencí de que mi nivel de inglés no era suficientemente bueno (mentira), de que no había nadie suficientemente capaz para cuidar a mi hijo alérgico (mentira), de que habiendo estado meses/años sin trabajar no encontraría trabajo (mentira) y de que había tirado mi vida profesional por la ventana (mentira).

Culpaba a Carlos por haberme convertido en una ama de casa y estaba constantemente enfadada con él.

Fue horrible. No estar allí. Fue horrible renunciar así a mi vida. Entré en “pobrecita yo y todo es tu culpa”. No pasa de la noche a la mañana, fueron años, pero se adueña de ti esa mentalidad.

Un día me di cuenta de que no estaba enfadada con él, si no conmigo. Él no tenía la culpa de mi situación. Él no me había obligado a ir a Londres, yo soy mayorcita y fuimos a Londres porque yo necesitaba un cambio. Fue una huída hacia delante, que siempre es un error, pero fue mi error, mi responsabilidad.

Y todo cambio. Recuperé mi poder. Reconecté conmigo. Y yo no soy quejicosa, no soy complaciente. Soy una mujer de acción muy resolutiva que nunca he esperado que nadie me arreglara la vida. Soy independiente y me encanta serlo.

Así se sale de las cosas. Asumiendo la responsabilidad y el control. Terminé con las culpas y el enfado y decidí cómo quería vivir mi vida desde ese momento. Y aquí estamos.

Hoy la agradezco porque sin esta etapa en mi vida hoy no podría ser coach. Me faltaría la humildad de entender que a veces no estamos bien, que somos humanas y a veces fallamos. Y puedo creer en el cambio y en el crecimiento basado en la mentalidad, porque yo misma lo he vivido.

He querido compartirlo contigo porque a priori esto no es una historia de victimismo. Yo no me percibía como tal cuando estaba ahí. Y eso es lo peligroso, que la dejamos entrar despacito y puede adueñarse de nuestra vida.

Controla siempre tus victimismos. Que un poco no pasa nada, es hasta sano. Que te cuiden de vez en cuando está bien, pero no lo hagas, por favor, tu estilo de vida. Huye del victimismo. Es mucho mejor desarrollar una mentalidad de crecimiento.

El triángulo dramático

Quiero terminar el blog de hoy explicándote qué es el triángulo dramático. Si estás en una relación con alguien en la que te sientes culpable, la mala de la película, esto te interesa, quizá te han hecho la villana de un triángulo del drama. O quizá eres tú la que estás “villanizando” a alguien para manipularle.

No es un tema fácil para tratar en un blog y es más complejo de lo que suelo tratar, pero el análisis transaccional es sin duda uno de mis temas favoritos en psicología y quería compartirlo con vosotras.

Lo que os voy a explicar es un “juego”. Se llama juego según la teoría transaccional en la que se basa este concepto a situaciones que se producen entre personas en las que hay roles y dinámicas (inconscientes) que se repiten entre personas. Como en todo juego, hay ganadores y perdedores.

El triángulo del drama es un juego relativamente común y me parece útil que seáis consciente de ello, por si os veis un día atrapadas en uno.

Los roles

Los roles del “juego” son:

  • la víctima: tenemos una víctima manipuladora que va a usar el “pobrecita yo” para manipular emocionalmente a los demás. Nada es su culpa ni responsabilidad.
  • Si hay una víctima, tiene que haber un villano. La víctima crea un villano terrible, culpable de todos sus males. El villano chantajeado, sin gestionar correctamente su papel acaba comportándose como el rol que le han impuesto.
  • El juego sólo se produce si hay un salvador. Alguien entra como salvador, lo que refuerza a la víctima y consolida al villano. El salvador juega el papel de “te voy a arreglar la vida”, “vengo a salvarte”.

Cómo se juega

Pongamos un ejemplo de una familia. Madre y dos hijos o hijas.

El villano podría ser uno de los hijos. Le hace sentir culpable, “es que no me llamáis y estoy tan sola”. El salvador puede ser otro de los hijos (“villanizando” al hermano al convertirse en salvador).

La “villana” actúa desde la culpabilidad, manipulado por lo que probablemente cuando la llame o visite la tratará mal, con impaciencia, porque ha sido forzado. Suele adoptar un actitud de “eres débil” y justificarán el mal trato.

El “salvador” es controlador y manipulador también, ojo. Entra con sensación de superioridad, vengo a arreglarte la vida. El salvador es el que perpetúa el juego, porque afianza a la víctima. La permite ser.

El juego es inconsciente y sutil. Son dinámicas que se repiten y los personajes actúan por reacción. La sensación que queda después de estos encuentros no es agradable.

Si estás atenta pronto puedes detectar los juegos en que participas. Estás con alguien y notas ciertas sensaciones. Si te han hecho la villana sentirás culpabilidad, que has hecho algo mal, que estás fuera de lugar. Te mueven hacia un posicionamiento infantil (en cuanto a manejo de emociones no controlado).

El villano se siente culpable porque su madre esté sola. Esto es un error de pensamiento, la responsable de la soledad de la madre es la madre. El hijo actúa manipulado desde el chantaje emocional y la llama o visita obligado, con resentimiento inconsciente. El resultado es que no es una conversación o encuentro agradable, no se generan más ganas de verse y se perpetúa la situación.

Si has entrado en la salvadora, sé consciente de que lo haces sintiéndote superior a la víctima y asumiendo que la víctima no sabe o puede gestionar su vida y su problema sin ti. Le estás quitando su poder. Quieres sentirte necesitada. La salvadora necesita a la víctima. Cuidado con este rol como madres, que tenemos tendencia (ahí lo dejo). La salvadora siente superioridad moral frente al villano.

Cómo terminar un juego

Todos los juegos terminan volviendo a la madurez emocional. A un papel adulto y responsable de cada uno en su vida.

Para salirse de un juego hay que ser consciente de existe y querer salirse. A veces puede costar la relación, porque son dinámicas tan instauradas que los demás participantes no están dispuestos a dejar de “jugar”.

Si fueras la villana, hay que cortar la reacción ante el chantaje. En el ejemplo, el villano no es el culpable de que la madre se sienta sola. Las emociones de su madre son sólo responsabilidad de su madre. Esa es la dura realidad. Cuando acepte maduramente eso, puede elegir la relación que quiere tener con su madre. Pero no reactivamente ante un chantaje, porque eso sólo lleva al resentimiento.

Si eres la salvadora tendrás que devolverle el poder a la víctima y aceptar que te va a convertir en el villano. El salvador sale del juego normalmente como villano. Por eso no se acaban los juegos, porque nadie quiere ser el malo de la película.

Si eres la victima, vuelve al inicio del blog. Asume la responsabilidad de tu vida, acciones y emociones y recupera el control de tu vida.

Espero que os haya resultado, al menos entretenida la teoría de juegos. A mi me fascina. Quería darle otro toque al tema de los victimismos, que está muy manido.

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Fuentes: Games people play (Eric Berne). I am Ok, you are Ok (Thomas A. Harris). No son libros excesivamente fáciles, os aviso, pero son muuuy chulos.

Gracias unslash por las fotos. Hoy fotos de charlesdeluvio y greystorm

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