Estoy estresada y no hago nada

Vacaciones. 11 días. Maravilla.

Ha sido un año complejo. Para todos. Y yo, siendo consciente de que no puedo articular ni media queja, porque estamos todos bien y hemos pasado el año completo sin un confinamiento, necesitaba las vacaciones.

Salir de Madrid. De mi casa. Mi barrio.

De esa sensación de ahogo y miedo. Que no la tengo en mí, pero la percibo. Y así somos los humanos, empáticos. Nos afectan las emociones de los demás.

Así que estos días en la playa han sido un soplo de aire fresco.

Y he aprovechado para leer mucho más sobre el estrés.

Curiosa elección de lectura vacacional, lo sé.

Mola leer sobre el estrés cuando estás sin él. Porque si estás estresada, lees sobre todo el mal que te hace y te estresas más. Es como cuando leías sobre los peligros de fumar y te agobiabas tanto que necesitabas fumar inmediatamente.

Nada estresa más que saber que estás estresada y no haces nada.

Pues, como te decía, he estado leyendo sobre las bondades del estrés. Pero esta vez lo he hecho sobre una perspectiva médica, más física. Por si no tenía suficiente sobre los impactos en nuestro rendimiento cognitivo (cómo pensamos y razonamos) y los impactos emocionales, ahora he aprendido sobre el estrés físico, que es aquel al que están sometidos nuestros órganos como consecuencia de las radiaciones, comida basura, desajustes horarios, falta de sueño y esas cosas.

Ha sido un poco como una clase de biología. Y química. Átomos. Y energía. Fascinante

[Esto me vendrá estupendo cuando repase ciencias con mis hijos. Pobres]

Y como lo que entendemos mejor, lo cuidamos más fácil, pues quiero compartirle, consciente de que aunque en principio estrese (listar todo las «agresiones» que le hacemos al cuerpo), a la larga nos ayuda, porque podemos implementar ciertas medidas que reducen el estrés. Físico y percibido (el emocional, de los pensamientos).

Pero empiezo desde el principio.

Qué es el estrés

Ay, Ana, te has puesto teórica.

Definición.

No, tranquila, para nada me pongo conceptual, pero como hablamos del estrés como palabra comodín para referirnos a tantas cosas, pues he pensado que no sobra explicar a qué nos referimos por estrés. De hecho es útil que cada uno escriba a lo que se refiere por estrés cuando dice estoy estresao.

Para ti y para mí te aseguro que estrés no significa lo mismo. La intensidad de cada emoción es única para cada persona. Y la interpretación, la forma en que vivimos dicha emoción, es personal también.

Por eso es siempre revelador descifrar lo que entendemos nosotros por cada palabra. Para hacerlo más sencillo voy a darte algunas definiciones típicas para que escojas la que más te identifique.

Para mí sin duda la expresión que más me ha ayudado a trabajar el estrés es «tensión». Se produce estrés cuando hay tensión entre lo que es y lo que yo querría que fuese.

Como ves, el estrés no es sólo provocado por la gestión del tiempo o tareas. Esa es la cara más visible, obvia. Pero el estrés tiene muchas capas.

El estrés es la capacidad de adaptación. Es una habilidad positiva del ser humano. Nos permite responder a la realidad, responder a los peligros y sobrevivir. El problema lo tenemos cuando perdemos dicha capacidad de adaptación. Y la perdemos cuando nos creamos una vida en la que estamos constantemente en «peligro» y el cuerpo no sabe ni puede vivir en constante adaptación.

Los nuevos peligros

Aquí entra mi yo más maja, esta chica que me me visita de vez en cuando y que siempre trae unas palabras de aliento.

Los de hoy sois unos flojos, que estrés ni que tonterías. Pues si vivierais en las cavernas. O en la edad media. Bebías agua y palmabas. Si no te morías en el parto te pillabas una bacteria y hasta luego. O la guerra. Anda que no vivís bien, ¿Qué estrés ni que tonterías? Consentidos.

– Gracias querida. No sé que haría sin ti.

Pero es que no funciona así.

Tu cuerpo no siente una emoción, se congela y dice. ¡Espera! No debes sentir frustración, debes sentir apreciación y gratitud porque mira todo lo que tienes. Piensa en hace 3 siglos como vivían. Piensa en lo que has leído en las noticias. Las desgracias que le pasan a la gente cada día. Debes estar feliz.

Ah bueno, en ese caso… cambio mi emoción. Me descongelo y sigo con mi vida.

Eso que he descrito se puede hacer, (es en lo que consiste el autocoaching) para no anclarte en emociones negativas. Pero tenemos derecho a sentirnos mal a veces.

No hay que justificarlo.

No hay que juzgarlo.

La emoción se siente. Es real. Y es importante.

Que haya personas que tengan circunstancias peores que las tuyas no le quita valor ni intensidad a lo que tú sientes. Y es un primer paso muy importante en la gestión de cualquier emoción. Constatarla, nombrarla y no juzgarla.

Estrés percibido

Volviendo al estrés- el percibido, como emoción- hoy en día tenemos un estilo de vida que provoca una tensión constante. Y dicha tensión, crea estrés.

El «peligro» ha cambiado, pero sigue existiendo para nuestra amígdala. En la mayoría de los casos afortunadamente ya no tenemos un peligro por nuestra seguridad física (o sí, si eres mujer en ciertos matrimonios o gay en ciertos lugares), pero hay muchas situaciones que el cerebro puede interpretar como un peligro.

Por ejemplo, no estoy suficientemente preparada como madre (peligro para el bienestar de mis hijos), o para el nuevo ascenso (peligro para mi seguridad económica o estatus). Me siento incomprendida con mis amigas o mi familia (peligro de ser excluida o rechazada).

No gestiono bien mi tiempo, no me organizo bien. No me da la vida para todo lo que tengo que hacer- provocado por la avalancha de productos/cursos que nos quieren vender (si, yo también vendo, soy consciente). Aquí el peligro es quedarte atrás, no estar al día, perder una oportunidad importante (el enésimo super descuento). Peligro de no ser suficiente. Suficiente cool, suficientemente delgada, suficientemente guapa, suficientemente ingeniosa, generosa. Osa. Ya sabes, la super woman ( y el super hombre que le pasa lo mismo, pero cambiando las emociones desde las que nos manipulan).

El Síndrome FOMO. [Ahora hay demasiados síndromes, es un poco pesado, pero es cierto lo que dicen, if you can name it, you can tame it– si puedes nombrarlo puedes domesticarlo]

Así que sí, tenemos muchos peligros.

Percibidos.

Y alimentados y exacerbados por el marketing (el miedo vende).

Estrés físico

Además, a todo esto le añadimos el estrés físico, que para explicar, me gusta utilizar la definición de estrés industrial: la presión ejercida en un material.

La presión que metemos en nuestro cuerpo es la carga a la que le sometemos. El cuerpo tiene que hacer unos procesos para sentirse bien. Son necesarios, labores de crecimiento y también de mantenimiento y reparación. El cuerpo se regenera (las células de cada órgano) de forma completa cada 7-10 años [WOW], además de todos los miles de procesos para transformar la comida en energía, luchas contra bacterias y virus, por mencionar solo algunas cosas.

Para ello necesita dormir bien. Necesita mantener unos horarios que se ajusten a los ritmos circadianos (cada órgano debe trabajar a sus horas), Requiere una alimentación apropiada. Si quieres construir una casa con mierda en vez de cemento…la casa se vendrá abajo.

[Vaya metáfora, Ana. Cierto, veras cuando la lea Carlos, que siempre nos reímos de las suyas, porque tiene la capacidad de elegir siempre metáforas imposibles. Atención metáfora de papá. Las esperamos con alegría]

Pero te haces a la idea.

¿Y por qué tiene estrés físico el cuerpo? Porque no le permitimos dormir lo suficiente. Ni relajarse. Llevamos un estilo de vida sometido a muchos desajustes, que desequilibran el organismo. Añádele además los tóxicos. Contaminación, wifi, jabones, las ultravioleta, la barra libre de medicamentos para acabar rápido con la molestia y poder seguir con el ritmo frenético sin parar ni un segundo.

Y entonces el cuerpo trabaja a deshoras. Y la química del cerebro y los distintos órganos se desajusta. Se produce más cortisol (sensación de alerta, peligro), se prepara el cuerpo para la huida o lucha. Y en ese modo se inhibe el sistema inmunológico y de reparación. Y comienza un círculo negativo, que mantenido en el tiempo provoca daños del cuerpo a la mente.

Digamos que el estrés percibido va de la mente al cuerpo. La forma en que pensamos, nuestra tensión, el no aceptar las cosas como son, el anclarnos en el pasado, el resentimiento, las emociones negativas provocan química negativa (abreviando mucho).

Y el estrés físico daña la mente desde el cuerpo.

La presión excesiva en los órganos hace que el cuerpo pierda su capacidad de adaptación (el ejemplo más fácil para mí, como llevamos con dignidad no dormir una noche, pero 3 días seguidos te da algo). Y de forma sostenida en el tiempo, desajusta nuestro equilibrio y acaba llegando hasta el cerebro. Es como la gota de agua en la piedra. Que de tanto caer consigue hacer un agujero en la roca.

Es tramposo decirnos que no nos pasa nada porque llevamos haciéndolo toda la vida. La gota no rompe la piedra el primer día. Pero dale años.

Creo que todos sabemos cuando nuestro estilo de vida nos envenena. Física y mentalmente. Si paramos un segundo y tomamos consciencia sabemos si vivimos con salud. Física y mental.

Parar

Es un remedio sencillo y a la vez muy difícil.

Parar.

Relajarnos y bajar el ritmo.

Observarnos.

Retornar a la naturaleza. Al presente.

Dejar ir el odio. El pasado si hace daño.

Abandonar la proyección al futuro si nos crea más preocupación que ilusión.

Pero exige ir contracorriente. Contra toda la marea de Walking Deads del metro, corriendo sin ser conscientes de nadie. Desconectados del mundo y de nosotros mismos. Presentes ausentes.

Un día íbamos al cole y una chica pasaba corriendo y con el bolso le dio un golpe a David en la cara. Tendría 4 añitos en ese momento y le pillaba el bolso a la altura de la cara. Ella ni se enteró. Sé que no era una mala persona, simplemente había caído en las garras del ocupadísmo, del yo yo yo y de la ausencia emocional.

Vivir desconectados del mundo y de nuestro propio cuerpo y mente tiene un precio. Yo lo viví. Mucha gente lo vive y no lo sabe. Lo nota. Hay algo ahí. Una molestia. Pero seguimos tirando y la acallamos.

Hay un remedio sencillo. Parar y tomar consciencia.

No es necesario meditar 3 horas al día, hacer yoga e irse de retiros espirituales. De verdad es más sencillo. Te sorprende lo que logran pequeñas desconexiones de toma de contacto de 10 minutos.

Leí que encuentras tiempo para la salud o lo encontrarás para la enfermedad.

Me es un poco antipático el dicho. Agorero oye. Pero voy creyendo cada vez más claro que tiene mucha más razón de la que me gustaría.

A mi la vida me brindó la oportunidad de parar sin proponérmelo y creo en lo profundo de mi ser que fue un gran regalo. Desde entonces han cambiado las cosas y hablamos ya en la calle y la empresa de autocuidado y de sensatez.

Hay un rol de Gestor de la felicidad en la empresa. Hay formaciones en productividad y gestión del estrés.

Vamos bien.

Eres ingenua , Ana.

Quizás. Pero ya sabes lo que hace el cerebro. Filtra de la experiencia aquello que le has marcado. Si dices Vamos mal, tu cerebro busca evidencias de ello. Si le dices vamos bien, te busca ejemplos y te aporta evidencias que lo soportan. Todo es cierto y nada lo es. Tú escoges en qué te enfocas.

Ahora es cuando me hablas de gente en situaciones muy complicadas. Sí, podemos irnos a extremos, y yo puedo responder con ejemplos también excepcionales de gente que ha hecho cosas extraordinarias en circunstancias insufribles, pero los extremos desvirtúan los análisis. Cualquier situación será mejor o peor según la interpretes. Aprender a mantener tu mente enfocada en lo que te ayuda y tomar consciencia cuando tu mente te penaliza, porque se recrea y engrandece lo negativo es el mejor regalo que puedes hacerte para el futuro.

Feliz día

Ana

PD. En la Escuela de Autocoaching te enseño a entrenar tu mente para gestionar tus emociones. Y a vivir una vida con intención, elegida y dirigida por ti. Pásate por el enlace.

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