La vida que quieres

Ana García Liébana

¿Es posible conciliar cuando tienes hijos?

Hoy más que nunca hablamos sobre la necesidad conciliar nuestra vida personal y profesional. Pero ¿es acaso posible conciliar cuando tienes hijos?

¿Qué quiere decir realmente conciliar tu vida personal y profesional?

De entre las definiciones de «Conciliación» me gusta la que dice «Equilibrio entre la vida familiar, personal y laboral que permite el desarrollo de la persona en todos esos ámbitos»

Me gusta mucho de la definición anterior que incluye tres ámbitos, no dos, lo que me parece clave para poder conseguir el equilibrio, porque cuando hablamos de conciliación como solo dos partes, uniendo las áreas familiar y personal en una sola, iniciamos el origen del desequilibrio: la supresión del área personal.

Me explico. Antes de tener hijos la vida se divide fundamentalmente entre un área personal y un área profesional. Al entrar los hijos en la ecuación, se deben formar 3 partes. Pero no se hace así normalmente, si no que en la mente de la mujer se mantienen dos áreas.

Y esto que parece inofensivo es el origen último del problema, porque en su cabeza no hay una ampliación, si no, en muchos casos, una sustitución. Se sustituye el área personal por la familiar.

Y no son lo mismo. En absoluto.

Y es especialmente relevante porque no hay momento en que vaya a ser más importante para la mujer cuidar y desarrollar su área personal porque la maternidad es un evento vital de tal calado que cambia la identidad de la mujer. Y esto no es un tema menor. Por eso es vital que durante esa profunda transformación la mujer siga desarrollando y cuidando su lado persona de forma separada de la madre. Hay para mí de algún modo un desdoblamiento entre madre y mujer y las dos deben convivir- y llevarse bien, por cierto.

La silla para mantenerse en pie necesita 3 patas. Con un soporte de 2 patas poco peso aguanta cualquier cosa. Necesitamos al menos 3 áreas sólidas en nuestra vida para conseguir un equilibrio. Cuando la cosa se complica, la madre le roba tiempo a la mujer, a su auto-cuidado, al tiempo para ella, al deporte, al sueño, y a su desarrollo. Si estos hábitos se instauran como habituales en la vida de una mujer y se prolongan en el tiempo, producen un deterioro de la salud mental y emocional de la mujer (y físico, muchas veces también) lo que acaban pasando factura en todos tus ámbitos.

La conciliación como estado mental

Podríamos pensar que el reto que tenemos por lo tanto es en cierto modo matemático: dividir el tiempo en 3 partes, en vez de en 2.

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La realidad, sin embargo, es mucho más complicada. Podemos trabajar en nuestra gestión del tiempo, exprimir nuestra productividad y convertirnos en maestras de la organización y, aun así, no sentirnos en equilibrio.

Porque a lo que aspiramos es a un estado mental.

Por eso me gusta definir la conciliación como un estado emocional en el que te encuentras razonablemente satisfecha con el estado de cada área importante de tu vida y sientes la suficiente calma y tranquilidad en general como para poder disfrutar de tu vida.

Ahí es nada.

Mi aspiración con respecto a la conciliación es experimentar de forma habitual 4 emociones: satisfacción, calma, tranquilidad y alegría.

Las emociones que necesitamos sentir de forma habitual en nuestro día a día para ser felices son muy personales y serán diferentes para cada una, pero la idea importante es que buscamos emociones, y por tanto el trabajo está no tanto en manejar las circunstancias (los horarios, la agenda, la división de tareas), si no en la mentalidad, porque la forma en que pensamos sobre algo es lo que en última instancia determina siempre como nos sentimos hacia ello.

Razonable y suficiente

Y quiero incidir en la relevancia de dos palabras: «razonablemente satisfecha» y con la «suficiente calma» y enfrentarlas a la totalidad y perfección.

Ya no aspiro a estar totalmente satisfecha en todas las áreas de mi vida, ni a vivir libre de estrés permanentemente.

La búsqueda de la perfección en la mujer es posiblemente el mayor obstáculo a la conciliación (y me atrevería a decir que para nuestra felicidad).

Somos mujeres exigentes y ambiciosas. Si definimos lo que es ser una buena madre, definimos una madre perfecta, que no se equivoca. Y esa madre no es humana.

Somos más conscientes que ninguna otra generación de la responsabilidad e influencia de nuestro comportamiento en el desarrollo de nuestros hijos, y disponemos de una cantidad de información- totalmente contradictoria entre sí, por cierto- que puede volver loca a cualquiera que intente dominarla toda.

La búsqueda de la perfección te hace estar siempre insatisfecha porque buscas constantemente lo que falta, mientras que la busqueda de un nivel razonable te hace enfocarte en lo que has logrado, aspirando a la excelencia en global, es decir una conjunción óptima de esfuerzo y energía empleado en cada área.

He sido mucho más feliz y disfrutado más de mis hijos siendo un 7 de madre que lo que nunca lo fui cuando aspiraba a ser una madre 10.

Lo contrario de la conciliación

Muchas veces la mejor forma de entender bien lo que es algo es comprender lo que no lo es.

Lo contrario a la conciliación- siguiendo el enfoque de conciliación como emociones a las que aspiramos- es culpa, estrés, ansiedad y pesadumbre.

Estás en desequilibrio cuando no dedicas tu tiempo y energía a lo que quieres y en la medida en que quieres, o cuando algún área importante para ti está descuidada.

El desequilibrio más habitual suele producirse, como he dicho, en el área personal de la mujer (la renuncia a sus hobbies y tiempo para cuidarse) pero también, de forma muy pronunciada en la pareja. Esto tiene un doble efecto negativo, además del malestar provocado por la desconexión que experimentas se retroalimenta el desequilibrio porque dejas de sentir que sois equipo y le relegas- muchas veces inconscientemente- a un segundo padre en la función parental- lo que te supone más energía y tiempo.

Cuando el desequilibrio se mantiene a largo plazo aparece una de las emociones más nociva en las relaciones personales, el resentimiento.

¿Es posible conciliar?

La gran pregunta sigue siendo si es posible la conciliar tu vida personal y profesional. En muchos sitios escucharás que no, pero yo creo que sí lo es. Y conozco muchas mujeres que lo han conseguido y, yo personalmente considero que lo he conseguido. Me encuentro satisfecha con mi vida en este momento y el equilibrio que he diseñado entre todas las áreas que son importantes.

No son todas un 10, pero me encuentro razonablemente satisfecha con ellas, y con el resultado común que entre todas producen en mi vida.

Y hablo de este momento, porque creo que es equilibrio inestable. Mi vida está en equilibrio ahora, pero sin hacer nada no lo estará siempre. La vida cambia a cada instante, por lo tanto, mi equilibrio requiere ajustes de forma frecuente.

Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa Escritor italiano.

Y quizá esta es una de las claves para que funcione a largo plazo. Una gestión activa y una comprensión de dicho cambio.

Lo que hago en mi programa es ayudarte a diseñar tu modelo, decidir a propósito la distribución de tiempo y energía que quieres hacer entre las áreas importantes de tu vida y, luego, irlo ajustando para adecuarlo a las nuevas circunstancias, tus necesidades y querencias. Todo está en constante cambio, lo creas o no, por lo que desarrollar tu habilidad de ser flexible aceptando las circunstancias te será siempre útil en términos de conciliación.

Las claves para conciliar cuando tienes hijos

Después de todos estos años, y en base al trabajo con mis clientas, por un lado, y a mi propia experiencia, por otro, viviendo situaciones muy diversas (trabajar con niños a tiempo completo en un sector muy exigente, no trabajar al mudarme a Londres, trabajar a tiempo parcial por cuenta ajena y trabajar por cuenta propia) he aprendido ciertas cosas son especialmente importantes a la hora de conciliar.

Las creencias importan. Y mucho

No hace falta un cambio drástico en tu vida. Con las herramientas que tengo hoy lo habría podido haber conseguido trabajando en banca, pero necesitaba creerlo posible y creer más en mi valía.

Nos limitamos antes de tiempo, sin explorar todas las opciones reales que tenemos y no siempre nos encontramos legitimizadas a pedir. Entramos en mentalidad de victima «Esto es así y no se puede cambiar» y anulamos nuestra creatividad e imaginación para encontrar soluciones y posibilidades.

Siempre hay una renuncia

Necesitamos entender que hay siempre una renuncia, hasta un punto, empezando por renunciar a la perfección. Siendo consciente de ello, haces las paces con ello y se siente mejor. La renuncia, cuando es aceptada y no se siente impuesta, parece menos renuncia.

Tienes que tomar una decisión proactiva del tiempo y energía que quieres dedicarle a cada cosa y luego honrar tus planes y mantener tus decisiones. Esto te libera una enorme cantidad de energía porque apaga el ruido mental de estar aquí pensando que debería estar allí.

Cuando es tu decisión y aceptas la renuncia, encuentras la calma.

La energía es clave

El precio de no cuidarte es demasiado alto. Aspiramos a sentirnos bien. Si no duermes, no haces deporte, no te alimentas correctamente, no cuidas tu mente y no tienes tus momentos de desarrollo personal tu nivel de energía será bajo.

La culpa no sirve para nada. La única manera de librarte de la culpa, si la tienes, por dedicarte tiempo a ti por encima de tus hijos, es hacerlo y observar el impacto positivo que tiene en tu relación con ellos y en toda tu vida.

Y sé de lo que hablo, esto no es un tema menor, la culpa de madre es el tema más complicado de tratar, con diferencia en los procesos de coaching.

Analizar y entender el sentimiento de culpa es el gran trabajo por hacer de la mujer en la maternidad.

Él es importante

Él tiene que ser parte del equipo. Es clave en el proceso. La relación con él en términos de conciliación debe ser limpia. No te puede quitar energía.

Cuando la relación de pareja no está bien y no hay un consenso en el enfoque de conciliación, es muy complicado- imposible diría- que te sientas en equilibrio. Las parejas sufren con la llegada de lo hijos y suele producirse una desconexión importante.

Si encuentras la forma de reconectar con él, si le embarcas en el equipo, aceptando que su enfoque ses distinto al tuyo y su actitud en la paternidad quizá no es exactamente la que esperabas, doblarás las fuerzas. El efecto es doble, porque el problema es que si no suma resta, porque te quita paz mental.

Haz equipo.

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La felicidad está en tu interior

Y quiero acabar con una reflexión que ya me has oído en otras ocasiones, pero que no me canso de repetir, porque nos cuesta interiorizala de verdad.

La felicidad no está por llegar cuando consigas tu meta. Ni la conciliación, ni el ascenso, ni que los niños crezcan, ni ningún otro objetivo que tengas. Nos pasamos la vida persiguiendo la felicidad fuera de nosotras, en cosas que queremos conseguir, cuando la felicidad es una emoción y por tanto la creas tú, desde dentro con tus pensamientos.

Define qué es la felicidad para ti. No hay que hacer un master, pero si elevar y mucho tu nivel de autoconsciencia y presencia. Piensa en los momentos en que has sentido esa felicidad pura y enorme. Haz un esfuerzo consciente en pensar en ellos.

Porque , al menos para mí, mi nivel de felicidad creció no tanto por incrementar los momentos felices, si no por ser más consciente en dichos momentos de que lo estaba siendo.

Feliz día

Ana García Liebana

Gracias unsplah por las fotos. Hoy son de _javardh_001 y jusdevoyage

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