¿Eres productiva o estás ocupada?

Todas nosotras manejamos una enorme complejidad diaria; nuestro trabajo, los niños, la casa, las comidas, la compra, las finanzas, por sólo mencionar algunas. Hacemos muchas cosas todos los días. Muchas. Demasiadas. Pero, ¿cuántas cosas acabas o produces cada día? ¿Tienes la sensación de ir como «pollo sin cabeza»?

Escucho mucho esa expresión. La escuchaba en el banco, la escucha ahora en mis clientas. Y yo, como planificadora nata, me revuelvo cada vez que la oigo. La energía es limitada. Cuando tienes hijos la energía es MUY limitada. Si estás emprendiendo, empezando un nuevo trabajo, buscando trabajo de nuevo, divorciándote, lidiando con la enfermedad de un ser querido, viviendo, vaya, una época exigente y según crecemos cada vez vivimos situaciones más exigente, la energía es un bien muy preciado. Es, junto con el tiempo, nuestro bien más valioso. Así que no podemos desperdiciarla. No podemos permitírnoslo. Pero lo hacemos. Así que el primer paso para ser productiva es

Cuida tu energía

Estate atenta a qué te aporta energía y estate más atenta aún de lo que te la quita. En tu casa, esas pequeñas cosas que te molestan, te quitan energía. Rehacer trabajo quita mucha energía. Determinadas personas te absorben la energía. Los pensamientos negativos quitan energía. Yo lo siento como un globo, al que se le hacen agujeros. Qué cosas hacen que el globo se desinfla, que se escape el aire. Y qué cosas inyectan aire dentro del globo y lo vigorizan.

¿Tienes fugas de energía?

Porque si desperdicias tu energía, no importa que uses las técnicas más sofisticadas para incrementar tu productividad, seguirás con la lengua fuera, exhausta como en esos sueños en que quieres correr y no puedes y vas a cámara lenta.

¿Para qué quieres ser más productiva? Tu porqué

Si tienes controlado tu nivel de energía y quieres ser más productiva, lo primero que te diría es que definas qué quiere decir para ti ser más productiva. Establece un objetivo específico, porque ser «más productiva» es demasiado genérico. Además, tiene una connotación negativa, como si ahora no lo fueras. Te recomiendo también darle una pensada al «para qué». ¿Quieres ser más productiva porque sí? ¿Cuál es tu motivación intrínseca? ¿En qué vas a emplear el tiempo que liberes al mejorar tu productividad?

¿Cuál es tu nivel de actividad actual? ¿Cómo de productiva te consideras en la ejecución de tus tareas?

Lo siguiente que te pido a mis clientas es que midan su productividad actual. Que evalúen de forma amable lo que ya hacen (por favor, cuida tu narrativa, no aproveches para atormentarte si no estás aún donde quieres estar). Cuando midas todas las actividades que haces en el día, probablemente te sorprendas. Mis clientas lo hacen. Esto no quiere decir necesariamente que seas productiva, podemos estar muy ocupadas siendo muy ineficientes, pero necesitas saber qué cosas haces en el día, en qué empleas tu tiempo y cuál es tu punto de partida.

Ahora ya sabes de donde partes (situación actual) y dónde quieres llegar (objetivo) y conoces para qué quieres mejorar tu productividad.

¿Cuál es la brecha que hay entre ambas? ¿Estás muy lejos de tu situación ideal? Si la aspiración que tienes de mejorar es ambiciosa, y seguro que lo es porque somos mujeres muy ambiciosas con grandes sueños que realizar, tienes que prepararte para el cambio.

¿Estás dispuesta a hacer el esfuerzo que supone? ¿Estás comprometida contigo misma lo suficiente para cambiar?

Alcanzar tu objetivo supone invertir en ti. Supone modificar comportamientos, adoptar hábitos, desarrollar quizá habilidades nuevas. Supone renuncias. Quizá menos Netflix, menos redes sociales. ¿Estás dispuesta?

Estar ocupada no requiere trabajo. Tu mente va en piloto automático. De verdad, Cansa, porque si no inyectas energía y sólo la gastas en actividades que no te motivan o te aportan el resultado es que estás cansada. Pero ser productiva exige estar atenta, ser consciente. El esfuerzo mental en cada actividad cuando estás modificando hábitos es alto. Y es incómodo. No estás familiarizada con la nueva forma de hacer las cosas y eso parece raro. Dejar el piloto automático implica un esfuerzo, traer consciencia, estar presentes (el mindfulness ese).

El beneficio es claro. Más tiempo y energía. Para ti. Menores fugas de energía. Que se traduce en más tiempo, para ti. Para tu porqué. Pero tienes que prepararte mentalmente para el cambio. Si no, lo vas a hacer 3 días y luego lo vas a dejar, porque el piloto automático es una fuerza poderosa y a tu mente no le gustan los cambios.

Seguiré todo el mes de febrero hablando de productividad. Espero que te resulte interesante. Me encantaría que me comentaras qué te ha parecido y de qué temas te gustaría que hablara próximamente.

Si quieres trabajar conmigo 1a 1 para llevar esto al siguiente nivel, no dudes en contactar conmigo en agliebana@lavidaquequieres.com o reserva una sesión de descubrimiento conmigo.

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Conócete. Cuídate. Crece

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