La vida que quieres

Ana García Liébana

Entendiendo la Disonancia Cognitiva

Qué es la disonancia cognitiva

La tensión, incomodidad o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona al tener:

  • Un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias o
  • Al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto entre sí

En el primer caso, las personas cambian su sistema de creencias para justificar su comportamiento, al no soportar la tensión interna que se produce. Esto se manifiesta como autoengaño.

El segundo caso, me interesa especialmente como coach es la dificultad que provoca cuando queremos introducir un objetivo en nuestra vida, puesto que necesitamos incorporar un nuevo sistema de creencias, por lo que vamos a introducir a propósito en nuestra vida disonancia cognitiva y tenemos que saber manejarla.

El autoengaño

Voy a tratar primero la disonancia cognitiva que se produce cuando nuestras acciones no están alineadas con nuestro sistema de creencias.

Las personas tenemos una tendencia natural a la coherencia por lo que este hecho nos genera una tensión que tenemos que solucionar. Si no podemos modificar la acción (por ejemplo en el pasado), cambiamos la creencia para justificar la acción.

Esto se ven en la gente que cambia de repente de opinión para justificar una compra. Has comprado un coche, la compra no te parece excesivamente buena (un coche 3 puertas cuando tienes un bebé) pero justificas la compra con nuevas creencias. Defiendes tu decisión a toda costa, porque a nuestro cerebro le gusta llevar razón “en realidad no cuesta nada meter al niño atrás y me he ahorrado dinero porque el coche estaba de oferta, por ejemplo).

Es bueno que el cerebro soporte nuestras decisiones, preserva nuestra autoestima y es eficiente, pero cuidado con los autoengaños.

El ejemplo clásico, el fumador.

Tú sabes que fumar mata. Pero fumas. Esto genera una disonancia cognitiva mayúscula.

No puedes vivir en esa tensión. ¿Qué haces? Suavizas el fumar mata “Hay personas que han llegado hasta los 80 años fumando”. “Pues yo tengo una tia que no fumaba ni bebía y le dio cáncer”, “Tampoco fumo tanto”.

Ignoras los estudios que relacionan el tabaco con el cáncer de pulmón y te fijas deliberadamente en lo que soporta tu idea de que hay personas que fuman y no han tenido cáncer.

Esto lo soporta otro concepto del que ya te he hablando anteriormente, el sesgo de confirmación (nuestra tendencia a prestar más atención y dar más validez a aquélla información que apoya nuestra creencia).

Y así vivimos auto-engañados.

Tiempo de calidad

Uno de los grandes autoengaños en mi opinión de nuestra generación es el del “tiempo de calidad”.

Tienes un hijo y no tienes tiempo para estar con él/ella. La naturaleza de la madre es estar con el bebé. Todos los estudios demuestran que los bebés necesitan un cuidador principal y las bondades de pasar mucho tiempo con su madre (nos pese lo que nos pese, porque esto tiene múltiples consecuencias, que trabajo mucho).

Pero no es posible (¿o si?).

Hay que volver al trabajo a las 16 semanas. Y se inventa el concepto de “tiempo de calidad”.

Recuerdo perfectamente una conversación con uno de los jefazos del banco. Le transmití mi preocupación sobre no pasar tiempo con la niña, pues yo en ese momento salía a las 20.30 como pronto de trabajar.

Y me habló sobre del tiempo de calidad.

Me lo creí. Es más, lo creí feliz. Me había lanzado un salvavidas. Había resuelto (aunque sólo temporalmente) mi disonancia cognitiva.

Abracé con ilusión el concepto y me convertí en super woman. Después de 10 horas en la oficina salía a tope para pasar tiempo de calidad con mi hija. A estimularla y ser en una hora la madre que no había sido en todo el día.

En mi caso, el problema es que nunca conseguí neutralizar la disonancia cognitiva en mí. No llegué a creerme del todo la justificación del tiempo de calidad, por lo que vivía en tensión en incomodidad constante. De ahí mi insatisfacción.

Mis creencias eran:

  • Los niños deben pasar mucho tiempo con sus padres
  • Quiero crear un fuerte vínculo con mi hija y ese vínculo exige tiempo.
  • Mi hija tiene más vínculo con Emilia (su cuidadora) que conmigo.

No digo que sean ciertas o verdades absolutas. No tienen por qué ser las tuyas. Pero eran mis creencias. Y bajo esas creencias mi forma de actuar era insostenible. Pero no era consciente de ellas. Operaban en mí en un modo inconsciente, porque no supe verbalizarlas y traerlas a la superficie.

El resultado en mi caso fue una huida hacia adelante, un cambio drástico, que es habitual. Cambiamos las circunstancias para evitar la situación que crea el problema. Podía haber cuestionado esas creencias, aprendido a gestionarlas, decidir si las quería mantener o no y haber gestionado mis emociones sobre ello y podía haber probado con ajustes sobre la situación.

Pero para ello necesitas consciencia. Es bueno identificar donde tus acciones están en conflicto con tus valores o creencias importantes.

La disonancia cognitiva fruto del crecimiento personal

Otro tipo de disonancia cognitiva aparece cuando estás modificando tus pensamientos a propósito, con el objetivo de modificar un hábito y cambiar tu identidad, para crecer como persona.

El ejemplo típico es es del dejar de fumar, adelgazar o ponerte en forma.

Está demostrado que para que el cambio de hábitos persista tienes que cambiar tu identidad; no dejar de fumar, sino convertirte en una persona no fumadora.

Has identificado, mediante el trabajo de coaching que hemos hecho juntas, que necesitas nuevos pensamientos que te permitan dejar de fumar: Soy no fumadora (de hecho, las personas que no fuman no piensan en el tabaco). Ese es el objetivo final, ni pensar en ello, pero mientras lo consigues, el objetivo es pasar de Soy Fumadora a No fumo, cuando te ofrecen un cigarro.

Hay que pasar de No puedo dejar de fumar a Soy capaz de dejar de fumar.

Y lo que pasa es que al principio, los dos pensamientos conviven y vivimos en disonancia cognitiva.

Modelo intencional alternativo

Recordando cómo hacer modelos intencionales.

Hoy piensas una cosa: No puedo dejar de fumar/no puedo perder peso/no puedo ganar más dinero. Con ese pensamiento el resultado siempre, siempre evidencia el pensamiento y no puedes conseguirlo. O como he dicho, lo consigues pero no permanentemente porque no has creado otro sistema de creencias.

Lo que necesitas es entender qué pensamiento diferente necesitas para lograr el resultado alternativo que quieres. Por ejemplo, “Soy capaz de dejar de fumar”.

No vale decirlo una vez. Tienes que creerlo, tienes que practicarlo. Tienes que convertirlo en creencia (un pensamiento repetido que se ha instaurado en nuestro inconsciente se convierte en creencia).

Entonces, siempre que te fijes un objetivo significativo, vas a tener disonancia cognitiva. Eso quiere decir que tu cerebro va a sentirse incómodo.

¿La tendencia? Abandonar. Recuperar la armonía, el equilibrio. “Déjate, no eres capaz, cuánto trabajo, etc.”

De hecho cuando abandonas, te sientes bien porque acabas con la disonancia.

Y hay gente que dice, si te da paz, es que la decisión es acertada.

Y una porra.

Como coach quiero que aceptes esa incomodidad. La incomodidad de vivir con dos pensamientos contradictorios a la vez. Y practicar el nuevo hasta que prevalece.

Y una buena noticia, cuando esperas la incomodidad, la anticipas, es más fácil resistirla.

Recuerda, tu cerebro no quiere cambiar. Busca la eficiencia. Un pensamiento en el inconsciente es eficiente, no consume energía. Crear un nuevo circuito, una nueva creencia requiere trabajo y energía. E intención.

Escalera de pensamientos

A veces nos cuesta pasar de un pensamiento a otro de forma directa, porque el salto es muy grande. Creer de repente No me gusta fumar o no soy fumadora parece un salto al vacio.

En estos casos, ayuda crear lo que se llama una escalera de pensamientos. Empezamos cuestionando el pensamiento original. Se trata de abrir una brecha, una posibilidad al cambio. De cuestionar la creencia tan arraigada que tenemos.

Y poco a poco nos movemos hacia donde queremos llegar.

Sería algo como:

Me gustaría creer que no me gusta fumar.

Estoy dispuesta a creer que no me gusta fumar.

Creo que algún día creeré que no me gusta fumar.

Es posible que no me guste fumar.

Estoy trabajando para que no me guste fumar.

Puedo elegir el pensamiento de que no me gusta fumar.

Es posible para mí creer que no me gusta fumar.

Elijo creer que no me gusta fumar.

No me gusta fumar.

El proceso consiste en “probarse” pensamientos y ver qué emoción te provocan. Si el pensamiento te provoca rechazo directo, la emoción no es buena, necesitas un pensamiento menos alejado de tu pensamiento actual.

El ritmo sobre el que puedes moverte variará de la frecuencia con que practiques.

A veces es fácil y rápido moverse. A veces necesitarás meses.

El túnel disonante

A la etapa en la que mantienes dos pensamientos en conflicto en tu cabeza para crecer como persona la llamo el túnel disonante.

Es duro, no te voy a engañar. Se pasa mal. Te estás quitando la razón, estás invalidando tu creencia anterior de quién sabe cuántos años y, ay amiga, eso no plato de buen gusto.

Lo curioso es que al cerebro sí le gusta que consigas tus objetivos. Hay chute de dopamina cuando lo logras. Pero no le gusta empezar, no le gusta el proceso, la transición porque consume mucha energía.

Tu cerebro tiene mucho que hacer, manejar todos los órganos, mantenerte viva, procesar millones de estímulos y ahora tú te empeñas en cambiar y crearle más “caminitos neuronales”. Pues te va a pelear un poco.

Pero se trata de entrenamiento. Y recuerda, es temporal. Una vez instaurado el nuevo pensamiento ya no consume energía.

A mi no me supone ningún esfuerzo no fumar porque el pensamiento de “Nunca volvería a fumar” está interiorizado. Es más, lo cierto es que no tengo ningún pensamiento al respecto. Y esa es la gran diferencia de hacerlo tirando de fuerza de voluntad o hacerlo modificando tu modelo, modificando el pensamiento.

Mira, mi marido dejó de fumar antes que yo (cuando intentamos hacerlo a la vez casi nos costó el matrimonio). Pero él sigue comprando puritos en las bodas. Se concede determinados momentos especiales para fumar. Él aún se cree que le gusta fumar. Posiblemente vuelva a fumar algún día. Es una enorme diferencia.

El verdadero cambio de hábitos requiere un cambio de identidad y la identidad no es más que la suma de las creencias que tenemos.

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