La vida que quieres

Ana García Liébana

El objetivo de la planificación no es cumplirla

Sé que hay mucha gente que deja de planificar porque siente que no sirve para nada, porque no se cumple. Bien, porque hay imprevistos, bien porque se sienten culpables al no cumplir lo que se proponen. Esto es un error con importantes consecuencias en tu nivel de estrés.

Planificar o no planificar, esa es la cuestión

Iba una noche de 2005 en mi Seat Ibiza volviendo de León. En ese momento trabajaba en consultoría estratégica en Deloitte y tenía un proyecto allí.
Por entonces no existía el AVE y viajábamos en coche. Mi coche.
Hice kilómetros ese año cual camionero.
A muchas ciudades de España.

A León era especialmente duro, porque era invierno y la niebla entraba con una intensidad que llegabas a casa con las piernas entumecidas de la tensión y los ojos doloridos de agudizarlos, para no chocarte con uno de tantos camiones que circulaban despacito. Aún más despacito, que con niebla no corre nadie.

Recordaba las palabras de un gran amigo cuando andábamos de ruta por los Pirineos: Esto forja carácter.
Joder, que ya lo llevo forjado. ¿Tú crees que me viene bien más?
Y se reía.

No recuerdo por qué, pero ese día viajaba sola.
Me paré a descansar en un bar de carretera. Donde pude. Necesitaba un descanso.
Nunca volví a parar yendo sola.
No paso nada. Pero lo cierto es que todas las demás veces me convencí de que no pasaba nada si no paraba. Que 350 kilómetros se pueden hacer de una tirada. Qué déjate “no sea que…”.
Nunca terminé el “no sea que…”

A veces olvidamos los motivos, pero nunca olvidamos las sensaciones. Y actuamos desde esa memoria.

Había otra solución más inteligente, lo que pasa que yo en ese momento toda mi energía y capacidad cognitiva me la dejaba en el curro y no me daba para más:

Planificar el viaje

Yo esos días iba sola, improvisaba, paraba en bares de mala muerte si coincidía, con baños en los que al del algodón se le hubieran caído los pantalones.
Y años después tuve un bebe. Y luego otro. Y los viajes se convirtieron en una ginkana.

Y la diferencia entre planificarlo bien o no es acabar limpiando vómito y con un ataque de nervios. Los niños. Tu marido. Tú.

Elegir la mejor hora para salir y que los críos hagan parte del viaje durmiendo.
Parar en un sitio aseado con jardín donde puedan corretear y desfogar.
Esos y otros tantos detalles que reducen la tensión (estrés) del viaje y que crea experiencias positivas o al menos neutras de los viajes en coche.

Eso es para mí planificar; evitar el vómito por el coche.

Tanta gente me dice que “si es que nunca se cumple”
Bueno, esto es una trampa. Porque planificar no va de adivinar el futuro.
El objetivo es pensar, anticipar, obtener información y tomar decisiones.
En la carretera habrá baches, atascos, posibles accidentes.
Si has planificado el viaje, estarás mejor preparada. En esto no hay discusión posible.

Que no se vaya a cumplir la planificación no es motivo para dejar de hacerla. Porque el objetivo de la planificación es simplemente estar mejor preparada para el viaje. Dejemos las brujas intentar adivinar el futuro.

Planificar te ayuda a sacar más trabajo aunque no se cumpla del todo

También te digo que medido y demostrado está que cuando planificas sacas más trabajo. Produces más.

Otro motivo para planificar

Quizá no haces todo lo que te has propuesto. Quizá pasan cosas que te desvían de tu plan. la vida pasa. Pero sin duda harás siempre más que si no te has marcado objetivos claros y un plan de lo que quieres hacer el día, la semana en curso o el mes que empieza.

El temido domingo

Hablando de planificar, me preguntan por el mejor momento. ¿Domingo tarde? ¿Lunes mañana? Busca el mejor momento para ti. El tema es planificar. Yo prefiero el lunes a primerísima hora. Y el domingo lo disfruto entero.

Y hablando de disfrutar el domingo, los americanos, que le ponen nombre a todo, llaman a la angustia que sienten ciertas personas el domingo “scary Sunday”.

Es cuando empiezas a pensar en la semana que te viene y te agobias. Ese entregable que tienen por delante. Esa reunión difícil. Ese nuevo producto que tienes que lanzar y temes el momento porque no tienes ni idea de por dónde atacarlo.

El que más o el que menos lo ha sentido alguna vez.
Por ese mal hábito que tenemos de abandonar el presente y habitar en el futuro
Hay a gente que realmente le amarga el domingo. Pues si tienes dos días libres y uno no lo disfrutas…malo.
Siempre disfruté los domingos, pero lo cierto es que me pasaba la semana esperando el viernes.
 
Un día hice las mates. Las mates no mienten. Son duras.
De la semana de 7 días, nos pasamos 5 esperando que llegue el fin de semana. Eso es “vivir” un 29% de la semana.
Entonces, nos pasamos 1 tercio de la vida durmiendo y 5 séptimos de la semana sobreviviendo, no sé a ti, pero a mí me parece que la vida se queda corta.
Un 19% de nuestro tiempo exactamente acaba siendo el que VIVO. Un quinto.
1 de cada 5 días vives
A mi ese número me sacudió.
 
Hay que meterle vida esos otros 4 quintos.
 
Emprender es una opción.
No es la única.
Y no te asegura nada. Hay gente que emprende para acabar “trabajando” 7 días a la semana cobrando menos que antes.
Lo pongo entre comillas porque el que trabaja 7 días a la semana, no trabaja 7 días.
Merodea sobre las tareas durante mucho más tiempo del que sería necesario.
 
En un taller de productividad el otro día me preguntaron ¿Para qué voy a ser más productivo si no me voy a poder ir antes?
 
Que gran pregunta
Que modelo perverso.
Di una gran respuesta.
Pero es para maduros emocionales. Avanzados en el crecimiento personal.
 
Yo hace tiempo decidí que no quería temer los domingos.
Ni ningún día de la semana.
Que no es decirte que no haya días en que me levanto sin ganas.
No vivo en el reino arcoíris de la felicidad infinita
Pero le encuentro sentido a lo que hago y por qué lo hago
Y decido yo si trabajo 4 días a la semana.
Eso vale mucho. Es un lujo y soy consciente de mi privilegio.
El de VIVIR, en mayúsculas, los siete días de la semana.
 
Es un privilegio que se sostiene con mucha constancia y disciplina el tiempo que trabajo.
Con un sistema sólido y exigente.
No es para todo el mundo.
Si te interesa:
Emprendedora productiva

Feliz día
Ana

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