El enfado

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Hoy vamos a trabajar el enfado. Sé que la mayoría de las madres pasa más tiempo enfadada del que le gustaría. Si estás harta de enfadarte, el blog de hoy es para ti.

El enfado tiene tres grados principales, fastidio (intensidad leve), frustración (media) e ira.

Lo que quiero tratar hoy aquí es cuando el enfado llega a niveles intensos, entre frustración e ira, cuando te genera un problema en tu vida.

Soy experta en emociones, pero es que el enfado, en concreto, lo he sufrido mucho a nivel personal. Ha sido mi emoción “errónea”. La emoción que mayor impacto negativo ha tenido en mi vida. La he trabajado mucho. No voy a decirte que ahora nunca me enfado, pero he logrado un dominio y un control bastante aceptable de mi ira y los beneficios son incalculables. La conexión con mis hijos y mi marido cambió radicalmente y probablemente me he librado de un potencial problema cardiovascular (hereditario).

Así que quiero hoy compartir mis aprendizajes contigo. Podemos cambiar hoy tu vida y la de los que te rodean y darte una mejor calidad de vida. Porque vivir enfada no es vida.

Si te cargas los buenos momentos de forma sistemática por tu mal humor, te amargas la vida. Yo lo he vivido muy de cerca y es una losa. Se carga relaciones y la culpa te consume. No “eres así y no se puede cambiar”. No tiene porque ser así.

Por favor, si el enfado te domina habitualmente, imprímete esto y ponte a trabajarlo hoy mismo.

El enfado no es útil. Nunca

Existe la creencia popular de que enfadarse es bueno, así no te pisan. Y en este país está desgraciadamente demasiado aceptado. Pues no lo es. Nunca.

La asertividad es buena. Explicar en total dominio de tus emociones que algo no te parece bien es maravilloso. Estableces barreras, marcas límites y cuidas de ti misma. Te rebelas contra una injusticia y plantas cara a lo que no es aceptable. Manteniendo el control de tus emociones.

El enfado conlleva una pérdida de control. Tus emociones te dominan y tu reacción no es elegida, entras en bloqueo o das una respuesta desmedida e inapropiada que te llevará posteriormente a la vergüenza y culpa (gritas a los niños, montas un show en el centro comercial, pierdes los papeles, vaya). Además, físicamente te deja agotada (la subida de tensión).

Ese enfado, créeme, no tiene nada de útil. Nada.

El origen

El enfado siempre se produce porque las cosas no son como tú esperas que sean o porque las personas no se comportan como tú crees que deberían comportarse.

Hay una discrepancia entre la realidad (lo que es) y tus expectativas de la realidad (como te gustaría que fuera).

El origen de tus enfados los encuentras siempre en tus “debería”:

“Los niños deberían recoger su cuarto”

“Mi marido debería ayudar más”

Mi jefe debería valorarme más”

No debería haber tanto tráfico

Estás “discutiendo” con la realidad y, como dice Byron Katie, siempre pierdes.

La ironía del enfado

Cuando presencias algo que no te parece aceptable, te enfadas y acabas comportándote tú de una manera que no te parece aceptable. Por eso luego sientes vergüenza y culpa.

Te pongo un ejemplo que quizá puede haber pasado alguna vez.

Una familia en Ikea. El niño que, sorprendentemente, quiere enredar. Se comporta correctamente entre 11 y 27 minutos, según carácter, pero inevitablemente y sin ninguna duda en algún momento el niño va a resultar inapropiado. El padre (podría ser perfectamente la madre) le mete al niño una reprimenda de cuidado y le dice alguna lindeza no muy recomendada para la autoestima y crecimiento emocional del pequeño. La madre se enfada con el padre por tratar y hablar así a su hijo.

Observa la dinámica: el niño se comporta mal (grita en el centro comercial), el padre reacciona comportándose mal con el niño (grita en el centro comercial) y la madre reacciona mal con el padre (le grita). La familia entera frustrada.

Ante una actuación que no es como crees que debería ser, actuas de un modo que sabes no deberías. No es la forma en que quieres ir por el mundo. Y te sientes fatal, desconectada y culpable. ¡Fantástico!

El enfado es una conducta aprendida, una respuesta infantil (porque es reactiva) ante la frustración. La buena noticia, es que como es elegida la puedes trabajar para elegir otra respuesta. Puedes reprogramar tu cerebro para actuar de otro modo

¿Fácil? No. ¿Posible? Sí.

¿Cuál es el pensamiento motivante del enfado?

A estas alturas ya conoces el modelo CPEAR (*). Tu emoción siempre la has elegido tú, al elegir el pensamiento que tienes ante las circunstancias que se te presentan.

En el ejemplo anterior, cuando le pregunto a la madre qué pensamientos le provocan esa reaccion me dice “No debería hablarle así al niño, le puede provocar un trauma” “Esa no es manera de educar a un niño”. Su reacción viene promovida por la preocupación.

Si le pregunto al padre qué pensamientos han precedido el grito al niño me dirá que eran del tipo “Este niño no está bien educado, si sigue así no llegará a nadie en la vida”. Y ahondando más llegaríamos a algo que simplificando sería un “Soy un mal padre, no estoy educando bien a mi hijo que no se sabe comportar”

(Aplíquese igual a madre que grita o pierde la paciencia con su hijo).

El origen es un pensamiento preocupante, de ansiedad por el futuro y de inseguridad en nuestro rol paterno.

Como dudamos de nuestra eficacia como padres, actuamos ineficazmente como padres. Y es que nuestros resultados siempre, siempre reflejan nuestros pensamientos, siempre están alineados. Si los resultados de tus acciones no te gustan, no son eficaces, tienes que cambiar la forma en la que piensas en esas circunstancias.

Preferimos el enfado a la debilidad

El enfado se siente mejor que la tristeza, angustia, preocupación. Parecemos más activas, más fuertes, más en control.

Elegimos el enfado ante la tristeza. Se siente más empoderante.

Bloqueamos otros sentimientos negativos con enfado.

Yo me pasé la vida sin llorar, pensando que nunca había tenido ansiedad. El enfado es ansiedad y tristeza bloqueadas.

El ser humano castiga al débil, o esa es nuestra creencia. Darwin y la teoría de la evolución mal entendida.

Yo no te voy a animar a mostrarte débil en público. Siempre te hablo de la necesidad de marcar límites.

El trabajo emocional que te propongo no es de puertas abiertas. Es para tí y es interno.

Sí te animo a trabajarte tú, contigo misma, en privado y entender tus enfados. De donde vienen, cual es la emoción que encubren.

Permítete sentir la pena, la preocupación, la tristeza, la inseguridad. Y sal al mundo en control, eligiendo la reacción que quieras tener. Una reacción que esté a la altura de tu madurez y de la que te sientas orgullosa.

Casi siempre.

Recuerda que eres humana y no aspiramos a la infalibidad para no volvernos locas.

Estrategias para trabajarlo

  • El mejor antídoto para el enfado es el humor. No puedes reírte y estar enfadada a la vez. Quitarle hierro a las cosas, no tomarnos la vida tan en serio, buscarle el lado cómico es una excelente estrategia contra el mal humor.
  • Entiende que la vida no es justa. El enfado viene muy asociado a la necesidad de justicia. Uno de mis valores principales es la justicia. Aspirar a la justicia idealistamente es vivir constantemente enfadada, porque la realidad es que la vida está lejos de ser justa. Luchar por las injusticias, pero aceptando que existen es la forma de mantener tu energía y control emocional en ti.
  • Practicar la amabilidad y la autocompasión. Se amable contigo misma, siempre. La amabilidad y paciencia con los demás exige primero una victoria privada. Debes serlo primero contigo misma para serlo con los demás.
  • Asume la responsabilidad del enfado (como de todas tus emociones y acciones). Deja de culpar a los demás. Entiende y acepta que nunca te hacen enfadar. El enfado es la reacción que tú eliges. Y es una reacción inmadura de una mente sin entrenar. Eso no quiere decir que te castigues si no lo haces bien (recuerda el punto anterior).
  • Estudia tus enfados. Entiende bien el impacto que tienen tus enfados, como están impactando de verdad en tu vida. Observa y anota el efecto en tus relaciones, las emociones que te provocan después. Analiza el pensamiento origen.
  • Identifica el dolor que hay antes de la ira. Hay una energía en tu cuerpo, un pequeño dolor que notas en tu cuerpo antes de que llegue el enfado. quieres identificarlo. Si eres capaz de demorar el enfado unos segundos, su intensidad será más controlada.
  • Y, por encima de todo, acepta que los demás tienen derecho a ser como son y a comportarse de un modo diferente de lo que tú esperas. Me encanta como lo decía Wayne Dyer:

El único antídoto para la eliminación de la ira es la eliminación de la frase interna “si sólo fueras más parecido a mí”

Cuando lleves tiempo observando el enorme daño que le hace la ira a tu vida poco a poco serás capaz de atajarlo en un estadio anterior y reducir el tiempo en que te mantienes en la emoción. Dejas de recrearte en la ira, no la dejas crecer. Y poco a poco eres capaz de frenarla antes, hasta que te haces con ella.

La frustración no va a desaparecer y quieres que así sea, no quieres “pasar de la vida”, pero la manejas de forma adulta y productiva.

Espero de verdad que lo trabajes y mejores en tu gestión del enfado. Tu calidad de vida se verá muy positivamente reforzada. Si quieres ayuda en el proceso, escríbeme. Tengo una solución específica para librarte del enfado.

Feliz día

Ana

(*) CPEAR son las siglas del modelo de autocoaching de Brooke Castillo: Circunstancia, Pensamiento, Acción, Resultado. En el blog Los pensamientos positivos no te van a cambiar la vida tienes su explicación en detalle.

Gracias unsplash por las fotos. Hoy créditos a priscilladupreez, christinafregman y jtylernix.

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