La vida que quieres

Coach de Vida Equilibrada

El año de nuestras vidas. Reflexión de fin de año

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Hoy cumplo 41 años y es momento de reflexión. De final de año, y menudo año, y de mi entrada en los cuarenta.

Además me viene bien como ejemplo para animarte a lo más importante, que hagas tu propia reflexión de tu año y te plantees lo que quieres mantener y lo que prefieres cambiar para el futuro.

El año de tu vida

Recuerdo diciembre de 2019. Todo el mundo decía Prepárate para el año de tu vida. El 20-20. EL AÑO.

Y lo ha sido.

Es un año que no olvidaremos desde luego.

La vida tiene su propio plan, está claro. Y muchos aprendizajes.

Que no tenemos control, que somos muy pequeños y que la vida hay que devorarla cada día. Sin esperar.

Eso no quiere decir para mí dejar de planificar o pensar en el futuro. Para nada.

Simplemente me ha recordado, de nuevo, la necesidad de apreciar, de vivir el presente, de no dar nada por supuesto.

De la necesidad de una mente flexible y adaptativa.

Y de la relevancia de no discutir con la realidad.

Mirar a través del miedo

No cierro el año resentida con él. Ha sido, de hecho, un año bastante bueno para mí en muchas cosas.

Y tengo un recuerdo amable de lo que ha pasado.

Sé que puede sorprender.

Incluso provocar rechazo.

Pero así es como lo siento yo.

Creo que se debe a que me ha dejado ciertos aprendizajes que me gusta tener. Me gusta más como soy hoy gracias a ellos, aunque para aprenderlo haya tenido que pasar por esto.

De todos, me quedo con el agradecimiento al autocoaching y con el poder de sentir las emociones.

Dos años de autocoaching (más otro de formación en coaching) y creo que por fin me he permitido sentir emociones. Sentirlas de verdad. Procesarlas hasta el final. Sin bloquear, sin evitar, sin resistir.

(Sí, me ha costado, pero es que son muchos años de ser racional y dura).

Soy mujer de acción, lo sabes. Ocuparse para no preocuparse.

Pero cuando ingresaron a mi hermano en marzo no había ocupación posible.

Recuerdo perfectamente una pregunta que me hizo mi coach. ¿Qué hermana quieres ser para él en estos momentos?

Yo quería enseñarle el modelo de autocoaching, quería que entendiera (a toda leche) la importancia que tenía su estado de ánimo en su recuperación.

Intentaba controlar el resultado. Me molestaba que no tuviera las herramientas personales para gestionar su estado mental. Me culpaba por no haberle obligado a practicar el entrenamiento mental antes. Por no haberle insistido.

Resistía mis emociones. Totalmente.

Es lo que hago. Lo que hacemos.

¿Qué hermana quieres ser para él en estos momentos?

Sólo quiero quererle.

Cuando fui capaz de mirar detrás del miedo, ví claro que no quería pasar mis conversaciones diciéndole lo que tenía que hacer. No quería ser su coach. No quería tener mi propia agenda.

Quería ser su hermana. Quererle. Y ya.

Qué distinto es el modo en que hablas con alguien cuando simplemente estás ahí 100% para él y piensas Te quiero.

Cuando miras al miedo directamente a la cara. Y no lo resistes. Lo dejas estar.

Y lo aceptas.

Sólo cuando acepté lo que no quería ni nombrar, lo diluí.

Nunca dejará de dolerme que le pase algo a un ser querido. Pero he aprendido que me gusta más quien soy cuando no me resisto a la posibilidad. No actúo desde el miedo, controladora. Actúo desde el amor.

Esto es algo que había oído a mi coach muchas veces. Pero no lo entendía de verdad.

Y no es impasividad. Para nada. Es elegir quién quieres ser para ellos en cada momento.

Y eso es muy potente.

Y por este duro aprendizaje, estoy agradecida.

Cada uno elige su experiencia de cada suceso

Hay personas que llevan 9 meses hablando del covid. Todo mal.

Si intentas cambiar la conversación, vuelven al tema.

Hay también personas que parece que el covid no va con ellos.

A veces juzgo, te soy sincera. Tú también lo haces, lo sé. Es lo que hacemos los humanos.

Incluso los coaches.

Luego me doy cuenta, porque se siente mal (juzgar es una mierda) y reenfoco.

Recuerdo que simplemente somos personas lidiando lo mejor que sabemos con la situación.

Que yo también, con todas mis herramientas, a veces caigo en el pesimismo y me recreo un ratito en ello.

O me olvido del dichoso bicho y cometo quizá un descuido.

Y que a veces lo hago bien. (Actúo como quiero actuar y soy quien quiero ser)

Y lo hago bien cuando dirijo mi mente a propósito hacia pensamientos útiles, que me provocan emociones positivas y accionables.

Ofrezco una respuesta elegida y no reactiva ante las circunstancias.

Darle tiempo a lo bueno conscientemente

Este año nos deja cosas increíbles.

Porque siempre que surge un reto imposible surgen personas extraordinarias que logran lo imposible.

Han creado una jodida vacuna en 9 meses.

Imagino la presión a la que han estado sometidos y se me encoge el corazón. Pensar que tienes que crear algo para salvar miles de vidas. Y algo muy complejo. Muy complejo.

Los médicos, enfermeras, todo el personal sanitario y tantos otros se han dejado la piel para ayudar y proveer servicios a los demás. Me emociona.

Y los niños nos han explicado unas cuantas cositas de la vida.

Nos hemos ayudado unos a otros como nunca.

Somos una especie resiliente. Nos hemos adaptado a un ritmo récord.

Nos han puesto en nuestro sitio, es innegable.

Y creo que la mayoría apreciamos más la vida ahora y hemos ajustado nuestro enfoque de la misma. Y eso puede ser un enorme regalo.

Podemos decir que este año ha sido una mierda. O que ha sido el año que nos humanizó y dio perspectiva.

Y las dos cosas son verdad.

Donde decidamos pasar más tiempo será lo que configure nuestra experiencia final de esta pandemia. Porque el cerebro encuentra lo que busca.

Discutía conmigo misma si el año había sido bueno o malo.

¿Cómo no va a ser un mal año, con lo que ha pasado?

Pero no puedo evitar echar la vista atrás y observar la historia de la humanidad y pensar en qué vidas han tenido nuestros antepasados. Los retos a los que se enfrentaron. Vaya vidas duras.

Y yo (mi experiencia, sé que hay gente que ha vivido otra realidad muy distinta), me he tenido que quedar en casa con mi familia, con Netflix, agua corriente, calefacción y comida (incluido muuucho chocolate).

Entonces, pensando en mi abuela que vivió una guerra civil y enterró a 3 hijos, pues miro al 2020 con ojos amables. Con tristeza, claro. Pero con mucho agradecimiento también.

Porque entiendo que he vivido 40 años increíbles. 40 años de pura prosperidad.

Y acepto con serenidad la situación actual. Tal cual es. Acepto vivir la experiencia humana completa.

También te digo, no tengo ganas de celebraciones este año. Me pide el cuerpo silencio, reflexión, introspección. Dejar posar lo que ha pasado. No habrá árbol ni luces en casa esta Navidad.

Un soplo de aire fresco

El blog más leído por las suscriptoras este año ha sido el de los 4 hábitos de los matrimonios felices.

No creo que sea casualidad.

El cerebro necesita divertirse.

Es normal. Porque cuando tienes malos pensamientos, estrés, miedo, generas cortisol. Y el cortisol en pequeñas dosis nos mantiene vivos, pero en exceso nos mata.

Sí, lo he puesto muy bruto y simplificado, pero así es.

Y el cuerpo que es sabio, te dice que necesitas salir de ahí, de lo malo constante. El cuerpo siempre te señala lo que necesitas, si sabes escucharle.

Pero a la vez tu cerebro está programado para sobrevivir y busca el peligro constantemente. Para estar preparado. Así que se engancha a las noticias negativas.

Por eso tenemos que buscar, con intención, motivos de alegría, para no caer en la desilusión y desesperanza.

Aunque a la vez, si nos lo pasamos bien o nos divertimos en medio de esto tan grave nos sentimos irresponsables o culpables.

Nos hemos hasta sentido mal por sentirnos bien en medio de estas circunstancias.

Y todo esto es humano.

De nuevo, la dicotomía nos encarcela y nos limita. Y la experiencia humana y, en concreto las emociones, son cualquier cosa menos limitada. Son complejas y enormes.

Recuerdo después del entierro de mi tío, que fuimos a comer los primos en el hostal del pueblo. Y en medio de la comida nos entró la risa por una tontería que dijo alguien. Y recuerdo la cara de mi prima y parar de golpe. Supongo que pensó que no era apropiado reírse en esas circunstancias.

Pensé en cómo la vida sigue, cómo el cerebro busca la alegría, seguir bien. Y que una risa auténtica y sana nunca debería ser contenida.

Porque es un soplo de aire fresco para seguir adelante.

Y peleo mucho eso en mi vida.

¿Qué quieres crear en el futuro?

Ay que intensita me he puesto.

Voy a terminar con una nota más alta.

Este diciembre, como cada año tienes que soñar, ilusionarte con los cambios que quieres conseguir.

(Sí, no solo en diciembre, pero si no lo haces el resto del año, ¡empezamos con algo!)

Es importante.

Tener un motivo para levantarte por la mañana importa.

Si el motivo es ilusionante y personal, mejor que para pagar los recibos en este trabajo que odio.

Piensa en ti, cómo quieres ser. Recuerda que las habilidades se pueden desarrollar. ¿Quieres ser más organizada? ¿Llevar un estilo de vida más saludable? Es posible. Puedes trabajarlo.

¿Quieres mayor conexión con tus seres queridos? Puedes crearla.

Yo reconfiguré totalmente mi relación con mi hija. No me gustaba como éramos. No había nada malo, pero no había una conexión realmente especial y profunda. Hoy tengo una relación maravillosa. Gracias al coaching. A trabajarlo expresamente.

Aquello donde pones el foco, cambia, mejora.

¿En qué áreas de tu desarrollo personal te vas a centrar este año?

Si estás aquí es por algo.

Mira, trabajar en mi negocio me ha dado más quebraderos de cabeza, frustración y ansiedad de lo que jamás me dio trabajar por cuenta ajena. Y aún así me encanta, porque el enorme desarrollo personal que me supone.

Esa es la magia de un proyecto. Que no tiene por qué ser emprender. Pero sí algo que te ilusione, que te active, que te haga sentir viva. Es algo que te permita desarrollarte.

No sabría decirte qué hacemos aquí los humanos, pero cuando creces, aprendes y conectas de verdad con otro, cuando haces algo que te apasiona y en lo eres buena y cuando contribuyes, aportas valor en el mundo, parece que la cosa tiene sentido.

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Tengo una lista de correo muy activa y entretenida en la que mando consejos para organizarte mejor, vivir con más equilibrio y plenitud.

Escribo a menudo porque me gusta, y porque a la gente le gusta y me lo pide. Únete y comprueba por qué. Además, cuando te suscribes te regalo mi ebook Por ahí no, una guía para saber poner límites.

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Feliz día

Ana García Liébana

6 comentarios en «El año de nuestras vidas. Reflexión de fin de año»

  1. Ana, me ha gustado tú post y me he visto reflejada en la anécdota de tu tío, yo tuve una parecida cuando falleció mi abuela y recuerdo a mi madre muy enfadada por la situación pero en ese momento nos vinieron bien esas risas, era un buen recuerdo de un momento familiar compartido con ella. Vamos a por el 2021 con ganas y a valorar lo bueno que nos ha dejado el 2020. Que no ha sido el mejor año, lo sabemos todos pero no hay que dejar que nos invada la tristeza.

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  2. Increíble post. Me gusta todo lo que escribes, pero este post me ha encantado, me ha tocado mucho. Gracias, Ana, por decirnos siempre las palabras justas y por ayudarnos a crecer.

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