Desarrolla una mentalidad de crecimiento

Hoy te traigo un regalo, especialmente si tienes niños. Te voy a hablar de la mentalidad de crecimiento, un tipo de mentalidad que nos permite desarrollar todo nuestro potencial

¿Piensas que la inteligencia es fija? ¿Que nacemos con cociente intelectual inmutable que no se puede desarrollar? ¿O crees que el cerebro es un músculo y como tal trabajándolo puede mejorar?

¿Y nuestras habilidades y personalidad? ¿Podemos mejorar?

Por qué es importante desarrollar una mentalidad de crecimiento

La psicóloga e investigadora Carol Dweck lleva décadas estudiando como hay personas que desarrollan todo su potencial y otras que, con el mismo talento, no lo hacen.

Ha llegado a una conclusión de que las personas tenemos dos tipos de mentalidades diferentes, fija o de crecimiento, y de que esta mentalidad influye de forma determinante en el desarrollo de nuestro potencial.

Las personas con una mentalidad fija consideran que la inteligencia, personalidad y habilidades son heredadas y estáticas, no pueden desarrollarse. Consideran que las personas tienen un talento dado, o no lo tienen. Tienen un cociente de inteligencia concreto y han heredado una personalidad concreta “son como son”.

Por el contrario, las personas con mentalidad de crecimiento, creen que el cerebro es un músculo y como tal se puede ejercitar, que las habilidades se trabajan y que la personalidad se puede modificar. Con lo que naces es solo el punto de partida. Con esfuerzo, puedes desarrollarlas y crecer.

Los recientes avances en neurociencia apoyan la mentalidad de crecimiento, gracias al sorprendente hallazgo de la neuroplasticidad– el cerebro, contrariamente a lo que se creía, modifica su estructura, por lo que es capaz de adaptarse a cualquier edad. Qué gran noticia.

¿Quiere decir esto que todo el mundo puede ser Einstein o Mozart? No. Lo que dice es que no se puede predecir el verdadero potencial que un ser humano puede alcanzar tras años de pasión y entrenamiento.

Evidentemente hay personas que llevan una “buena mano” en la vida. Lo vemos desde niños. Niños y niñas con un talento natural para ciertas actividades, más inteligentes desde un punto de vista académico o con una personalidad más adecuada a las exigencias sociales. Pero habréis conocido seguro algún niño que apuntaba maneras y no llegó a nada. Y niños que no destacaban especialmente y han llegado a tener un enorme éxito en su vida. Darwin y Tolstoi fueron clasificados como niños normales, por poner sólo algún ejemplo.

Las dos mentalidades

Tras estudiar muchos años niños con los dos tipos de mentalidades, han encontrado unos comportamientos predominantes en cada tipo:

Comparativa entre mentalidad fija y de crecimiento (resumen del texto)

Comportamientos característicos de una mentalidad fija

Las personas con una mentalidad fija (y la mayoría lo somos) presentan más habitualmente o con más intensidad los siguientes comportamientos:

  • El creer que tu inteligencia y habilidades son estáticas genera una urgencia por probarse constantemente. Si tu inteligencia no puede aumentar más te vale probar que tienes “suficiente”. Si no, ¿en qué te convierte?
  • Las personas con una mentalidad fija tienen una menor predisposición a salir fuera de su zona de confort porque el fracaso tiene un impacto en su autoestima. Se mantienen en actividades que dominan. No les gustan los retos.
  • Le dan un menor valor al esfuerzo, al considerar que el que es listo o vale, no necesita esforzarse. Esforzarse es para los que lo necesitan, porque no tienen de forma natural la inteligencia o habilidades naturales.
  • Aceptan peor el feedback o críticas, por lo que aprenden menos de si mismos y de sus posibilidades de mejora. Esto por sí mismo ya explicaría que desarrollen en menor medida su potencial porque para crecer necesitamos conocernos y para conocernos necesitamos contar con la visión externa que nos aporte mayor perspectiva.
  • Además, se toman las críticas como algo personal. Extienden el alcance de la crítica a toda su persona, mucho más allá del espacio concreto en que haya sido formulada. Por ejemplo, si hay un error, la tendencia es a “Soy un desastre”. “No sirvo para las matemáticas”, en vez de “Me he equivocado en la suma”, por ejemplo
  • Les cuesta aceptar el fracaso y aprender de él. Buscan culpables y excusas, en vez de asumir su responsabilidad y buscar nuevas estrategias para afrontar el reto otra vez. Esto se debe de nuevo a que el fracaso lo generalizan y lo interpretan de una forma que les deja en mal lugar y les hace sentir mal. Si nos decimos “No vales para esto, nunca serás capaz de conseguirlo, nos sentimos mucho pero que si simplemente nos decimos. Estoy aprendiendo, la próxima vez lo haré mejor. Y sobre todo si me pregunto ¿Qué he aprendido de todo esto? Sólo cuando miras cara a cara al error puedes aprender de él. Si te incomoda lo evitas y el aprendizaje es menor.
  • Les cuesta aceptar con positivismo el éxito ajeno. Lo achacan a la suerte y se sienten amenazados por él. Se comparan y cuestionan así mismos cuando otros triunfan. Esto es, primero, porque tienen una mentalidad de escasez, de que la vida es un juego de suma cero. Si a uno le va bien, hay menos para mí. Y además porque se comparan, dado que su validación es externa no interna.

La mayoría hemos sido educados en la mentalidad fija, porque cuando éramos pequeños se creía que (i) la inteligencia era fija (se media con el cociente intelectual basado sólo en la habilidad lectora y lógica,- cuando se habla de 7 tipos de inteligencia) y (ii) que el cerebro no cambiaba en la edad adulta.

Se pensaba también que los genes influían más de lo que hoy en día se sabe gracias a los últimos estudios. Hoy se sabe mucho más de la influencia del entorno y las experiencias en el desarrollo del cerebro y sobre todo de cómo adquirimos nuevas habilidades.

La buena noticia, es que no importa que tengamos una mentalidad fija, porque podemos cambiarla. Con entrenamiento yo he adoptado la mentalidad de crecimiento y lo que hace años me costaba hoy me sale de forma natural. Mejor aún, les he enseñado a mis hijos a desarrollarla y ya veo los efectos. Mi hija pasó de “No soy muy buena en matemáticas” a ” Me gustan y se me dan bien”, gracias al trabajo y esfuerzo, por supuesto, pero, sobre todo, a la creencia de que podía mejorar.

Como madres, me parece esencial adoptar una mentalidad de crecimiento. Porque lo que veo habitualmente entre mis clientas, es que ante el menor olvido, se castigan mucho y se cuestionan como madres. Parece que eres o no eres una buena madre, como algo estático. Pero no lo es. Te conviertes en madre y creces como madre, cometiendo errores y aprendiendo de ellos. Y un olvido no te define ni te convierte en una mala madre.

Mentalidad de crecimiento. Comportamientos característicos

Bien, ¿Qué podemos hacer para desarrollar una mentalidad de crecimiento. Bueno, lo primero es conocerlo bien. ¿Qué comportamientos caracterizan a una persona con una mentalidad de crecimiento?

  • Tienen una inclinación natural para aprender, porque entienden que es el camino para crecer.
  • Les atraen los retos y no les desaniman los fracasos. Y es así porque no se cuestionan su valía ante ellos, si no que entienden que es parte del proceso de aprendizaje y que necesitan buscar nuevas estrategias para superarlos.
  • Valoran el esfuerzo y disfrutan el proceso. “Becoming is better than being“. (Lo que importa es el camino). Conceden valor al esfuerzo, porque entienden que sirve para algo (el cambio y el aprendizaje).
  • Aceptan mejor el feedback y las críticas, las entienden como oportunidades de crecimiento y no se las toman como una afrenta personal a toda su persona, si no que la entienden limitada al contexto concreto en que se ha emitido.
  • Se inspiran por el éxito ajeno. La posibilidad de que otro haya conseguido algo les anima a intentarlo ellos también, porque creen que pueden crecer y tienen una mentalidad de abundancia. Hay más inspiración que envidia.

La mentalidad de crecimiento se muestra en la pasión y determinación por superarte a ti mismo, seguir intentándolo, no abandonar, especialmente cuando no va bien. Es la mentalidad de crecimiento la que permite a la gente prosperar en los momentos mas complicados de su vida. Por eso es tan importante. Porque antes o después, todos tendremos momentos que nos pondrá la vida a prueba.

Cómo favorecer en nuestros hijos una mentalidad de crecimiento

Existen algunas prácticas que podemos poner en marcha para ayudar a nuestros hijos a desarrollar una mentalidad de crecimiento. Por supuesto, siempre el ejemplo es la mejor forma de enseñar algo. Pero aún cuando tú sepas que no tienes una mentalidad de crecimiento, aún, se la puedes ir enseñando. Ellos son más ágiles adoptando conceptos, sobre todo que les ayudan a crecer. Recuerda, los niños quieren despuntar, quieren que les vaya bien.

En primer lugar, debemos explicarles que trabajando pueden desarrollar su inteligencia y mejorar sus habilidades. La sensación que sienten cuando aprenden, cuando trabajan duro y se esfuerzan, es su cerebro ensanchándose, creciendo. Es bueno aprender a familiarizarnos con esa sensación un poco incómoda que se produce cuando nos esforzamos, cuando nos estiramos fuera de nuestra zona de confort.

Es bueno alabar el trabajo, el esfuerzo, la perseverancia más que alabar por las cualidades fijas, inteligencia o talento con el que han nacido y sobre el que no tienen capacidad de actuación. Hay que celebrar con ellos cuándo se han establecido un desafío y lo han logrado, cuando han probado nuevas estrategias y poner en valor el aprendizaje obtenido tras un fracaso o un error.

Centremos las alabanzas en aquello sobre lo que tienen capacidad de actuación. Expliquemos el error como parte del aprendizaje e invitémoslos a salir de su zona de confort, a atreverse y disfrutar de nuevos retos.

Foto que dice FAIL (Fracaso)- First Attempt In Learning: Primer intento en el proceso de aprendizaje
 "El éxito se logra yendo de fracaso en fracaso sin perder una pizca de entusiasmo" (Winston Churchill)

El poder del “No, aún”

Hay un pequeño truco que lo cambia todo. Yo lo uso mucho con mis clientas cuando estamos trabajando para modificar creencias.

Fíjate en cómo cambia la cosa si en vez de decir “No puedo hacerlo” dices “No puedo hacerlo, aún“.

La forma más rápida de favorecer y adoptar una mentalidad de crecimiento es introducir el “aún”. Pruébalo. Yo lo he hecho y a mis hijos les cambia la cara. Y se atreven a intentarlo de nuevo. He conseguido que quieran hacer las cosas por ellos mismos. Que quieran aprender.

Porque abrimos su mente a la posibilidad. Y la “posibilidad” es la antesala de lo posible. Los humanos no podemos hacer nada si no creemos primero que podemos.

El cerebro está cómodo en lo que conoce. “Yo soy así”. La mitad de mi trabajo consiste en abrir la puerta al cambio, en encontrar una rendija en la creencia “No puedo” que me lleve al “Quizá puedo” “Estoy aprendiendo la forma de poder”.

Eso es lo más difícil. Que mis clientas acepten la posibilidad de que pueden cambiar (perder peso, dejar de fumar, emprender, conciliar). Con eso conseguido, llevamos la mitad del camino hecho.

Si los niños lo aprenden desde pequeños, se llevan una herramienta muy potente para toda su vida. Que de esto va la cosa al fin y al cabo, de tener herramientas mentales para enfrentarnos a la vida de la manera más solvente posible.

Y los adultos ¿Podemos cambiar nuestra mentalidad?

Con mayor esfuerzo que nuestros hijos, desde luego, pero los adultos también podemos adaptar nuestra mentalidad. Los recientes avances en neurociencia descubrieron algo que ha cambiado toda el paradigma de habilidades; la neuroplasticidad: la capacidad del cerebro de adaptarse y crear nuevas conexiones y rutas neuronales a cualquier edad.

Es decir, el cerebro está en constante cambio durante toda la vida. Somos capaces de re-programarnos, crear nuevas formas de pensar y adquirir nuevas habilidades también en la edad adulta.

Para cambiarlo, lo primero que necesitamos es saber cuál es nuestra mentalidad predominante. Y sabiéndolo podemos estar atentas para modificar aquello que no trabaja en nuestro beneficio. No se trata de modificar los comportamientos, sino las creencias. Los comportamientos anteriores son consecuencia de la creencia, no su causa.

Y es verdad, que no es tan fácil porque tenemos muy fortalecidos los circuitos que llevamos años utilizando. Yo trabajo cada día en mi crecimiento personal y me sigo pillando en mentalidad fija muchas veces. No es tan fácil a los que nos han educado en el sistema tradicional. Pero se puede y pasados unos meses, comienzas a ver los resultados.

Y se crea efecto bola de nieve. Cuando has sido capaz de cambiar algo en ti, ya crees en la posibilidad del cambio en ti. Y, además, has reforzado tu confianza. Con lo que el siguiente reto que te pongas te será aún más fácil.

Feliz día

Ana García Liébana

PD. La mejor forma de saber si mi estilo de coaching resuena contigo es suscribirte a la lista y leerme cuando escribo. Estoy especializada en mujeres, con el objetivo de vivir en equilibrio y sin estrés.

Conócete. Cuídate. Crece

Fuente: Mindset: The New Psychology of Success by Carol Dweck

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