Cómo poner límites y crear relaciones saludables(1)

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Saber poner límites claros en nuestras relaciones con los demás es un elemento indispensable para disfrutar de relaciones sanas y auténticas.

Son esenciales en las relaciones y, sin embargo, a mucha gente les cuesta ponerlos, se siente incómoda y acaba tolerando cosas que no quiere por no atreverse a marcarlos. Esto tiene muchas consecuencias, a corto plazo, en el bienestar emocional de la persona y su autoestima y a largo plazo destruye las relaciones.

Te voy a explicar paso a paso por qué nos cuesta poner límites, qué pasa cuando no lo haces y te voy a hacer unaa propuesta de como marcar claramente tus límites, sintiéndote bien al hacerlo y cuando aceptar de buena gana la ausencia de los mismos.

Y te traigo una novedad. Ahora tienes la opción de verlo en vídeo si no te apetece leer hoy.

Este es un artículo de los que guardarse como guía para volver a él recurrentemente, porque este es de los temas en que es al ponerlo en práctica donde nos encontramos muchas dificultades. Lo he dividido en 2 partes porque tenía demasiado contenido y se hacía muy largo. Hoy te hablo de por qué es imprescindible tener límites y la semana que viene profundizo en cómo ponerlos y la importancia de honrarlos.

Qué es un límite en una relación

Un límite en una relación marca hasta donde está uno dispuesto a tolerar. Al igual que los límites físicos, delimitan claramente donde está permitido el paso y donde no, los límites en una relación marcan lo que se acepta y lo que no.

Haciendo la investigación para escribir este artículo, me he encontrado una definición que me ha enamorado de Lisa Dion.

Es el punto en que si lo paso dejo de ser yo misma. Si el otro sigue haciendo lo que hace o yo sigo haciendo lo que estoy haciendo dejo de ser yo, “me pierdo”, ya no soy auténtica a mi misma.

Y me ha parecido brillante porque haciendo la analogía con el mundo físico es muy fácil verlo. Imagina una casa con jardín. Tiene una cerca. Esa cerca delimita claramente la propiedad. Si pasas de la cerca, deja de ser la propiedad. Si alguien entra sin invitación dentro, vas a sentirte invadida, en peligro, enfadada. Lo que está claro es que vas a tener una reacción emocional ante el hecho y vas a dar una respuesta, desde hablar con ellos a llamar a la policía, según el caso.

En el mundo de las relaciones personales existen invasiones similares, pero no siempre las reconocemos como tal, no son tan obvias. Pero el efecto es el mismo, una fuerte agitación emocional. Entonces ya no respondes desde tu yo calmado y pleno, sino de un modo reactivo. Ya no eres tú en todo su esplendor y no vas a serlo mientras dure la invasión.

Saber identificar, entender y gestionar estas circunstancias es fundamental para vivir una relación saludable. Requiere trabajo y su manejo demanda mucha madurez emocional. Trabajar con límites es uno de los trabajos profundos en relaciones y crecimiento personal. No es fácil, pero tiene muchas recompensas. Para empezar, incrementa la autoestima y sentimiento de valía personal.

¿Por qué nos cuesta marcar límites?

Por muchos motivos, pero se reducen principalmente al miedo al rechazo, a perder la relación y a la falta de autoestima o consideración de suficiente valía interior en ese momento. Me explico.

Cuando marcas un límite, cuando dices “por ahí no” estás exponiéndote a no gustar. Normalmente si tienes que marcar un límite tiene que haber habido una violación primero.

Por lo tanto, estas respondiendo a un ataque, intromisión, ofensa. Y eso genera conflicto. No todo el mundo se siente bien en el conflicto.

En primer lugar, quizá el otro ni es consciente de la ofensa. Lo que ha hecho para él o ella es totalmente aceptable. Los límites son personales, lo primero quizá es que nos cuestionamos la validez de nuestros sentimientos.

Además, no nos han enseñado a manejar las discrepancias y en esta sociedad, en general, nos han educado para complacer, agradar, emocionalmente hablando.

Entonces, llegado el momento, quizá no reaccionamos, lo dejamos pasar. Y luego nos sentimos fatal. Porque de alguna forma nos hemos traicionado a nosotras mismas, no nos hemos defendido.

Es un tema complejo, voy a ir despacio.

Cómo identificar cuando han sobrepasado tus límites

Lo primero de todo es entender cuáles son nuestros límites. Como siempre te digo el autoconocimiento es clave para nuestro bienestar.

No hace falta que te pongas ahora a listar tus limites. Basta con que actives tu autoconciencia para identificarlo cuando llegue el momento.

De algún modo ya lo sabes, pero quizá no te has tomado el tiempo de ponerlo negro sobre blanco.

Tu cuerpo es muy sabio y tus emociones son tu brújula. Tienes que aprender a leer las señales que te manda. Cuando estás con alguien y alguien cruza un límite tu cuerpo reacciona.

Lo que vas a notar es un incremento del ritmo cardiaco, agresividad, los puños se aprietan ligeramente, la mandíbula se tensa. Tu cuerpo percibe una amenaza y se prepara para una respuesta pelea o huye. Cuidado, porque algunas personas reaccionan totalmente al contrario, se cierran, se apagan y se protegen con una estrategia de congelarse. En este estado no puedes pensar y probablemente te cueste hasta identificar lo que sientes, es como un vacio emocional.

Si estás con alguien y notas tu cuerpo mandando señales es que ha habido una violación de un límite tuyo. Cuánto más te conozcas mejor, porque sabrás entender qué te está pasando y eso te posibilita dar una respuesta consciente y no una reactiva.

Como hemos hablado otras veces, quieres alargar el tiempo entre el estímulo y tu respuesta para poder elegirla y poder ir por el mundo de la forma que eliges, y no reaccionando a las circunstancias con escaso control de tus emociones y comportamientos y luego arrepintiéndote de tu respuesta.

Entonces, lo primero es identificarlo y nombrarlo. Ser capaz sólo de esto ya es un paso enorme. Las emociones habituales en caso de invasión emocional son ansiedad, estrés, resentimiento, miedo y enfado.

Ahora viene el momento de la verdad, has escuchado a tu cuerpo, has identificado que te ha alterado una violación de tus límites… ¿qué vas a hacer?

El momento decisivo

Veamos, cuando alguien hace algo que no quieres que haga, pasa un límite tuyo (te violenta realmente, te ofende) tienes que decidir qué hacer con ello y aquí juegan muchas variables.

Creo que con un ejemplo se ve mejor. Imaginemos el clásico ejemplo de suegros que se plantan en tu casa sin previo aviso ni invitación para ver a los nietos.

Lo primero que quiero destacar es que ninguna situación constituye en sí misma una violación de un límite. Eso es lo complicado de esto, que depende de cada uno. Para algunos las visitas inesperadas no les supone ningún problema. Quizá hasta les encanta. Hay otras personas que si van a recibir se exigen a sí mismas estar arregladas, tener la casa en ciertas condiciones, por lo que para ellas una visita inesperada es motivo de alto estrés y agitación.

No es ni bueno ni malo, es lo que es.

Ahora, en tu cabeza se puede producir un auténtico conflicto. Recuerda, tenemos 65.000 pensamientos al día. En este momento puedes tener a la vez 100 en 3 segundos, totalmente contradictorios sobre el mismo tema. Así que te pido que seas compasiva contigo misma si no eres capaz de gestionarlo siempre de la forma óptima.

Esfuérzate en aprender y conocerte para poder desarrollar respuestas elegidas. Práctica, como todo, y no te castigues si no lo haces bien un día.

Estás en casa y aparecen tus suegros. La casa es un desastre y tú estás agotada. El bebé lleva un día complicado. Pero a la vez, en ese momento aparece tu programa (que todas lo tenemos en mayor o menor medida) de complacer a los demás, por encima incluso de nosotras. Nos han enseñado que hay que ser buena anfitriona. En España en concreto, hay que ser flexible, saber improvisar.

Además, tú sabes que los abuelos quieren a los niños. Y tú quieres que tus hijos disfruten de sus abuelos.

Pero la realidad es que tú te sientes muy violentada en ese momento. Mucho.

Tienes que elegir. Y la elección es siempre la misma. Ellos o yo. Siempre se reduce a lo mismo, ¿a qué le das prioridad?

Complacencia y traición o límite desde el amor

Recuerda que estoy hablando de algo que te agita realmente. Da igual si tienes razón o no. Da igual si la sociedad estipula que eso es aceptable. La realidad es que tú no puedes soportar esa situación.

Y te diré algo, no la vas a soportar.

Quizá la estás supuestamente soportando, pero como te sientes tan mal, acabas estando maleducada mientras están, de mala gana, luego le echas una bronca a tu marido y, para terminar, te sientes culpable y te machacas por no haber estado a la altura. Un desastre.

Fíjate, por no parecer maleducada de primeras y decirles, “Os quiero mucho, pero no podéis venir sin avisar“, tragas y te comportas maleducadamente. Quizá no la primera vez, pero seguro que sí a la séptima. Has enrarecido la relación por no elegirte a ti.

Cuando decides no marcar un límite, no decir un no que quieres decir, no enfrentarte a algo que te parece injusto o inadecuado te estás traicionando a ti misma y eso pasa factura. Crea resentimiento. Y, curiosamente echamos la culpa al otro. -“Mira lo que han hecho, venir sin avisar. ¿A quién se le ocurre?”- De nuevo, no estamos asumiendo la responsabilidad de nuestras emociones y comportamientos.

Si no dices que algo te molesta, ¿qué quieres que te lean la mente?

La necesidad de ser congruente al poner un límite

Sólo podemos construir relaciones sanas desde la honestidad y autenticidad. Si renuncias u ocultas quien eres para gustar o complacer a los demás estás construyendo una mentira y las personas no podemos soportar la incongruencia durante mucho tiempo. Es una mentira, te estás diciendo no a ti misma. “No puedes ser como eres en realidad, o no vas a gustar, no te van a aceptar”.

Esto compromete tu valía, tu autoestima y a la larga siempre la relación, porque al final la cabra tira al monte y en relaciones se dice mucha más con el cuerpo que con las palabras.

Y podrás negar lo que sientes con las palabras, pero jamás serás capaz de ocultar lo que transmite tu cuerpo. Somos incongruentes y el resto sabe leerlo. El cerebro tiene una parte especialmente diseñada para detectar peligro, la amígdala. La incongruencia en alguien la percibimos como peligro.

Te habrás dado cuenta de que a veces estás con alguien y algo no encaja, no cuadra lo que dice con lo que hace. Y lo llamamos intuición, pero es en realidad falta de congruencia. Tenemos neuronas capaces de leer emociones. Tal cual. Somos capaces, aún sin saberlo, de identificar cambios apenas perceptibles- en la tonalidad de la piel, cuando se tensan las mandíbulas y la pupila se dilata. Leemos a las personas.

Las relaciones siempre se producen a dos niveles, el manifiesto, lo que se dice y el ulterior (lo que hay por debajo), que son el lenguaje no verbal que es en realidad el que marca el resultado del encuentro.

Es fascinante, pero me disperso…

Que no engañas a nadie, vaya. Cuando estás molesta se nota. Y marca la relación, lo nombres o no. Por eso para mantener relaciones sanas y prolongadas es necesario aprender a marca limites, conocerlos, primero, y saber comunicarlos, cuando sea pertinente de forma elegante y madura.

Poniendo límites desde el amor

Hay una cosa que quiero aclarar. Los límites los pones para ti. No son un intento de manipular o controlar al otro. No son amenazas.

Es que te conoces y quieres el bien de tu relación y por eso expones lo que funciona para ti y lo que no. Y es que te amas y te priorizas siempre. Un límite es un signo de amor por ti.

No es egoísta, ojo, que a las madres nos cuesta la vida entender que tenemos que ser las primeras. Que no funciona de otra manera. Parece que sí, pero no. Que cuando pones a otro por encima de ti durante un tiempo prolongado sí o sí se transforma en resentimiento.

Te recomiendo que nunca pongas un límite desde el miedo o el enfado. Hazlo desde el amor. Así se marcan límites de forma adulta.

Y falta un tema esencial. EL TEMA. La consecuencia

¿Qué vas a hacer si se produce una violación de un límite?

Para que un límite sea efectivo tienes que ser congruente. Y ser congruente significa honrar tu palabra y validar el límite que has puesto con tu comportamiento posterior.

Muchas veces los límites no funcionan porque no estás dispuesta a ejecutar las consecuencias. Esto se nota mucho en los castigos a los niños o cuando quieres cambiar una conducta, pero tú sabes y ellos saben que no lo vas a llevar a cabo.

Pues los adultos también sabemos leer si alguien va a seguir adelante con un límite o si son sólo palabras.

Un límite no es un límite si no lleva asociada una consecuencia. La pregunta clave es qué vas a hacer si no los respetan. Y ahí es donde empieza lo difícil. La mayoría de la gente no se atreve a ejecutar la consecuencia.

Si marcas un límite pero al comunicarlo- tácita o expresamente- no estás dispuesta a llevarlo a cabo, el límite no sirve para nada, de hecho te debilita. Cuidado porque debilita tu autoestima y confianza en ti.

En el ejemplo anterior la decisión a tomar es si aceptas o no que vengan sin avisar. Si decides que por tu bien y el bien de tu relación con ellos vas a ser honesta tendrás que comunicarlo.

Y aquí es cuando te sientes incómoda. Pero observa que ya estás incómoda cuando se presentan sin permiso. Vas a elegir otro tipo de incomodidad temporal, que a la larga puede ahorrarte resentimiento o conformarte con la incomodidad continuada en el tiempo.

El famoso refrán: “Mejor una vez la cara colorada que cientos amarilla”.

¿Comunicarlos o no?

Hay límites que hay que comunicar y otros que no. Hay límites que se comunican solos, pero cuidado con los que damos por hecho. Los límites son absolutamente personales.

Por ejemplo en una pareja los límites habituales en nuestra sociedad son la fidelidad y la no agresión física. Pero, y ¿la verbal? ¿Tú aceptas que te levanten la voz? En mi casa se levanta la voz, éramos de discutir acaloradamente. Sin embargo, en casa de Carlos, mi marido, no se gritaba y se abrumaba en cuanto yo levantaba la voz. Este es un buen sitio en el que él debía poner un límite.

Pero si estás abrumado y te has “cerrado” (reacción de protegerte) no es fácil hacerlo.

Atreverte a poner un límite exige coraje y confiar en tu valía. Y práctica. Sobre todo si no eres hábil en manejar conflictos y te sientes incómodo al hacerlo.

Para atreverte a marcar un límite necesitas actuar desde una mentalidad de abundancia

En mi primer trabajo el jefe era un impresentable, nos trataba con muy poco respeto. Yo era becaria, tenía 20 años y pensaba que tenía que aguantar eso. Unos años después tuve un jefe que gritaba y era muy agresivo. Pero yo ahí ya tenía experiencia laboral. Sabía que era un recurso valioso para la empresa y para él si me dejaba trabajar en mi modo óptimo. Físicamente confiaba en mi manejo emocional en discusiones con voz alzada- mi reacción ante la confrontación es “pelea, no huye”. Así que pude comunicar mis límites. Y lo hice muy bien.

Le expliqué, “Mira, yo no puedo ni quiero trabajar con gritos. Soy la senior que te ha tocado en este proyecto. Si me gritas pienso peor y haré un peor trabajo. Si me enseñas puedo aprender. En el siguiente proyecto ya pides otro senior si no te gusta como trabajo”

Lo entendió. Es la persona que más me ha enseñado en mi vida. Es un tio brillante. Trabajamos en todos los proyectos juntos mientras ambos estuvimos en la empresa. Porque me atreví a decirle “Así no”. Hubo una elección en mi mente, “Si me tiene que echar, que me eche, pero así no trabajo”. Me elegí a mí. Decidí protegerme. Me acordé de mi yo a los 20 años en mi primer trabajo como invalida y desprotegida y decidí que no iba a tolerar eso nunca más. Y no estaba pidiendo nada irracional. Estaba pidiendo que me dejaran trabajar.

Pude tomar esa decisión porque tenía una mentalidad de abundancia: hay más trabajos, soy muy capaz y no me va a faltar nunca trabajo.

Marcar un límite conlleva un riesgo, arriesgarse al rechazo y a perder la relación. Si crees que no hay más- trabajos, parejas, amigas- aceptarás cosas que no quieres porque preferimos que nos traten mal a que no nos traten. Desde la escasez no se eligen relaciones sanas.

Los límites fortalecen las relaciones

Marcar límites es un momento vulnerable, porque estás siendo auténtica. Por eso cuando se ponen bien, los límites fortalecen las relaciones porque las hacen más honestas.

Puedes relajarte cuando has comunicado tus límites, no tienes que pretender ser quien no eres ni ocultar tu personalidad. Esto en pareja es crucial porque necesitar ser tu mismo y que el matrimonio sea un lugar de cobijo y seguridad.

De hecho, la relación que más se fortalece cada vez que pones un límite es la más importante. Tú relación contigo misma.

Me he extendido en el artículo de hoy porque el tema es posiblemente el más relevante en las relaciones y seguiré la semana que viene ampliando cómo establecer límites apropiados y cómo honrarlos. Ir a la segunda parte del blog

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Créditos: fotos de yann_allegre, isaiahrustad, jannesboy62. Gracias unsplash.

4 comentarios en “Cómo poner límites y crear relaciones saludables(1)”

  1. Me ha encantado el artículo. Para mi una constante en mi vida, no saber poner límites. Aguantar cosas que me han molestado por falta de autoestima , y miedo a molestar o al rechazo.

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    • Gracias Marisol. Me alegro de aportar en un tema tan complejo. Sigue trabajando en ello, merece la pena y si puedo ayudarte dime. Feliz día

      Responder
    • Hola Oriana. Gracias por tus palabras. Me alegro mucho de haberte aportado claridad en un tema tan esencial para nuestras relaciones.

      Responder

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