La vida que quieres

Ana García Liébana

Cómo organizar mi día siendo emprendedora

¿Te cuesta organizar tu día? ¿Sientes que no aprovechas bien el tiempo? ¿Te frustras al final del día de lo poco que has avanzado? Ser emprendedora no es fácil y requiere enfocar tu tiempo de una forma muy diferente

Diferencias en la organización de tu día al ser emprendedora

Yo pensaba que era productiva. Y organizada. Hasta que me hice emprendedora.

Tenía tiempo (al principio no tienes clientes), no tenía reuniones (lo que en mi trabajo corporativo se llevaba muchas horas al día) pero tenía una enorme sensación de agobio y de que no tenía tiempo para «nada».

Curioso.

Tenía sensación de agobio, de estar como luchando contra los elementos, pero realmente sentía que no había avanzado demasiado.

Cree la web por mi cuenta bastante rápido y empecé a escribir artículos del blog. Pero no había mucho resultado (lógico, no sabía lo que estaba haciendo y necesitaba aprender ciertas cosas). Y poco a poco se instauró una cierta cadencia en la que no había prisa. No pasaba nada si el blog no salía hoy. «Nadie lo esperaba»

Sin un jefe que te presiona, sin clientes a los que atender, tu gestión mental y el manejo de tu tiempo es fundamental.

Porque te sientes abrumada de todo lo que tienes que hacer. Y a la vez, estás «vendida a la procrastinación» porque no hay impulso externo. Eres tú y sólo tú. Si tienes agobio económico, eso es un enorme impulso. Si emprendes de forma adicional a otro trabajo a jornada partida, o sin trabajar, puedes caer en el Jobbie (más hobbie que trabajo).

No es fácil.

Creo de veras que es la razón por la que la mayoría de los negocios no duran más de 2 años. Falta la adecuada capacidad de organización y un sistema para ser consistente y productiva.

Falta cambiar la mentalidad de empleada a emprendedora. Que yo no entendía muy bien a qué se referían. Pensaba que era tener iniciativa. Bueno, yo tengo iniciativa, era directora de proyectos en un banco internacional. ¿Es disciplina? Nunca necesité ir a la biblioteca para estudiar. En casa me organizaba perfectamente.

Emprender es mucho más difícil. Porque necesitas mantener la motivación cuando no ves resultados. En el trabajo ves el resultado, el proyecto o la presentación terminada. Cuando estudias ves el resultado del examen. Al emprender, los resultados tardan, no siempre se correlacionan de forma fácil con el trabajo realizado (sí lo hacen, pero no es fácil verlo) y no tenemos las herramientas mentales para lidiar los momentos más complejos, la famosa montaña rusa de la que hablan.

Por eso tener un sistema para gestionar tu tiempo como emprendedora es esencial. Y otro de gestionar tu mente, pero ese es otro tema para otro artículo.

Cómo organizar mi día

Hay miles de sistemas de organización y libros de planificación. Aún me falta encontrar uno para una madre emprendedora. Es «fácil» emprender cuando tu negocio es tu máxima prioridad, cuando le puedes dedicar 16 horas al día, aunque es tremendamente improductivo. ¿Qué será que tenemos esa imagen del emprendedor sin dormir cuando los empresarios de éxito son muy ordenados en sus hábitos de sueño y tienen tiempo para pensar, leer y reflexionar?

Cuando eres madre además de emprendedora tienes un tiempo muy limitado para dedicarle al negocio, por eso debes ser muy, pero muy brillante en su utilización

Para empezar, tener una organización ya supone toda una diferencia. Muchas emprendedoras con las que trabajo no tienen una sistemática, no tienen ni un horario.

Esto es poco productivo. Acaban mezclando horas de trabajo y descanso. Están con la familia delante del ordenador. Todo el día a medias. No te hagas eso.

A prácticamente todas mis clientas les digo que reduzcan el número de horas que «trabajan». Y que trabajen (sin comillas, de verdad) el tiempo en que están dedicadas al negocio.

Cuando emprendes para conciliar y concilias menos que antes

Pasa una cosa curiosa. Muchas mujeres emprendemos para conciliar mejor, pero acabas peor que antes. Eliges cuando trabajas, sí, pero acabas «trabajando» (de nuevo, entre comillas) 12 horas al día, currando en fines de semana y sin vacaciones.

Es un mal negocio.

Esto no se debe a que para emprender haya que dejar de dormir y sufrir. Eso son creencias sin demasiado fundamento. Se puede, y tengo muchos casos de ejemplo, llevar una empresa y conciliar, descansar y tener tiempo para vivir muy bien.

Nos cuesta creerlo porque vemos más casos de gente agobiada. Pero hay casos de gente agobiada en todas las profesiones, porque está de moda parecer muy importante yendo como pollo sin cabeza y diciendo «No me da la vida». Es el síndrome del «busying» (estar muy ocupado.

Muchas madres del colegio me han dicho que pensaban que no trabajaba porque voy tranquila. Yo, que he sido la mayor loca del busying, me río, porque no saben el esfuerzo que supone y la intención que le pongo a no caer en eso. Es una decisión diaria que tomo y tengo muchos mecanismos para no caer en el estrés ni dejarme arrastrar por la corriente del «me estoy perdiendo algo».

La primera mentora que tuve (como emprendedora) decía no hay que trabajar más sino mejor. Hay que trabajar de forma inteligente. Luego trabajaba 60 horas a la semana, y no hacía otra cosa. Muy inteligente no me parecía. Nos decía olvidaros del trabajo de 9 a 5. ¿Qué trabajo de 9 a 5? Aquí se «trabajan» muchas horas y yo venía de consultoría estratégica en una Big Four, donde no podía hacer planes ni para cenar.

No me asustaba currar mucho, pero quería tener tiempo para los niños, mi pareja y para mí. Así que busqué otras mentoras que hubieran conseguido tener un negocio sin matarse a currar y cargarse por el camino el resto de áreas de su vida.

Y lo que buscas encuentras. Los hay. Es gente callada, que hace poco ruido, pero que tiene negocios maravillosos con mucho éxito y con una vida rica en el resto de áreas. Esa es la idea.

Áreas equilibradas

Vale. Entonces sabemos que tenemos que darnos un tiempo limitado. Es una condición, una restricción de nuestro modelo de negocio. Trabajo 35 /40 horas a la semana, según las circunstancias de cada una. No más.

Esto ya es una enorme diferencia de la mayoría de emprendedoras.

Y lo cambia todo.

No permites que tu mente divague en la confusión. No te dejas procrastinar entre semana, pues ya lo acabaré el fin de semana. Te limitas al tiempo que tienes y te conviertes en una persona muy productiva y efectiva.

Tu enfoque cambia. Tus resultados también.

Tu día organizado

Y la otra cosa que veo en emprendedoras es que no tienen su día organizado por adelantado. Van un poco como el tronco en la corriente, dejándose llevar. Se levantan y hacen lo que les «apetece», un poco de esto, un poco de aquello.

Van a tirones, cambian mucho de opinión, no terminan lo que empiezan. No tienen sistemas, ni un método de trabajo y eso les hace muy difícil escalar.

Al principio puedes con ello, pero cuando ya tienen clientes, van apagando fuegos todo el día. Van sacando el trabajo de clientes, un poco al límite y con sensación de agobio, lo que les lleva a sentirse cansadas. Y cansada, abrumada, eres mucho menos productiva.

Y tienes que trabajar más, porque no te cunde, y comienza el desequilibrio. Descuidas el descanso, el deporte, el tiempo de relax y desconexión y creas más estrés.

Cuando llega el estrés

Y el estrés llama al estrés. Se compone.

Y te preguntas si le estás dedicando el tiempo a lo que es realmente más importante. Y te pones a buscar más cursos, que nunca completas y pruebas sistemas y aplicaciones que no mantienes.

El estrés nubla nuestro juicio. Nos mete prisa, porque queremos salir de él. Es una emoción muy incómoda.

Y el mayor problema del estrés es que no hay crecimiento

Es importante dedicarle tiempo a crear sistemas, formas de trabajo. A pensar por adelantado a qué le vas a dedicar tu tiempo, cuál es tu horario ideal, cuando eres más productiva y qué necesitas para trabajar de forma consistente y sacar tiempo para proyectos importantes, aquéllos que cambian tu negocio.

person lying on chair and facing on body of water

El día de una emprendedora tiene que tener siempre un tiempo asignado a mirar por el futuro del negocio. A llevarlo a otro nivel. Es fácil caer en el día a día, en el perfil «técnico» y olvidarnos del «gestor» (la dueña de la compañía).

El horario perfecto

El horario perfecto para ti sólo puedes crearlo tú. Deja de buscarlo fuera. Tienes que probar y ajustar. Porque cada persona es única. Tenemos distintos ritmos circadianos (momentos de mayor productividad), distintas circunstancias vitales y cada negocio es un mundo.

Si existe, no obstante, ciertas recomendaciones importantes.

Lo que te comentaba antes, no trabajes más de 8 horas al día de forma recurrente. No sirve. No sólo no eres más productiva, es que a largo plazo lo eres menos. Y tienes peor calidad de vida y el resto de áreas se resienten y acabas resentida con tu negocio.

Que haya un poco de todo en tu día. Diversión, deporte, desconexión. Alimenta tu cerebro bien, pues tu cerebro es el alma de tu negocio. Cuídalo.

Las rutinas le gustan a tu cerebro. Le ayudan. Si mantienes unos horarios consistentes y haces ciertas cosas en los mismos momentos, te será más fácil currar, mantener tu productividad y no procrastinar. Tu cerebro consume el 20% de tu energía. Eso le hace ser tacaño. Tiene que serlo o te mataría. No dejaría energía al resto de órganos. Así que ayúdale. Las rutinas le hacen gastar menos energía. Y le gustan.

Y diviértete.

Esto es importante. Emprendemos en algo que nos apasiona. Dicen «Trabaja en algo que te gusta y no tendrás que trabajar un día más en tu vida». Suena bien, pero la vida no es nunca blanco o negro. El negocio de tu vida tiene áreas que te gustan menos, algún cliente se te cuela que no es precisamente fácil de contentar y la motivación a veces se apaga. Se nos olvida divertirnos.

Se puede hacer todo lo que tengamos que hacer de forma más divertida.

Añade diversión a tu día. Organiza tu día de modo que te apetezca vivirlo. Es tu día. Es tu vida.

Feliz día

Ana

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Fotos de Mayte Villares y de Simon Migaj (unsplash)

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