Asertividad y decir que no

De repente me di cuenta de que paso muchas sesiones trabajando sobre asertividad.

Hablando de la dificultad de decir no.

O de lo que nos callamos por evitar el conflicto.

Decir no

Te ofrecen un plan y te sientes mal por decir no.

Por si se molestan o les ofende.

Entonces, ese plan no te apetece un carajo, pero vas.

Y lo pasas regular.

Probablemente tu amiga lo note.

Y piense, ¿Qué le pasa? ¿Habré hecho algo mal?

Dos amigas que se quieren y quieren pasar tiempo juntas, pero que en vez de ser honestas la una con la otra, ceden en cosas que realmente no les apetece y en vez de disfrutarse juntas acaban las dos con mal sabor de boca.

Somos divertidos los humanos.

Que no es que sea malo ceder.

Alguna vez.

Si lo haces en plenitud. Y apoyas tu decisión 100%. Y lo disfrutas.

Pero tampoco es malo decir prefiero hacer otra cosa.

La línea entre el egoísmo y la coherencia interna es delgada, pero debe existir.

Y es que pasa algo curioso; tu amiga quiere que te lo pases bien. Que estés a gusto.

Te doy a elegir,

Que tu amiga haga lo que tú quieres que no le mola, o hacer algo juntas que os guste a las dos.

Las relaciones auténticas, sanas y ricas se basan en la honestidad y la autenticidad.

Toda evitación, todo lo que no me apetece y hago por querer controlar la reacción o emociones de los demás, todo lo que no digo y luego me reconcome, todo lo que creo que debo tolerar para ser aceptada, erosiona la relación.

Cuando me siento violenta

Este es el caso más fácil. Una amiga o tu pareja, o un familiar.

Pero hay casos más complicados.

Peticiones que realmente te violentan, que van a suponer un enfrentamiento. O que te tocan la fibra, y te preocupa violentarte.

Hay personas que tienden a la emotividad. No se enfrentan porque temen llorar y mostrar vulnerabilidad.

Otras, porque saben que van a acabar agresivas, no quieren perder la compostura.

Y elegimos la paz.

Externa.

Porque dentro se desata una tormenta.

Y construimos relaciones basadas en mentiras, postureos, sonrisas y silencios.

Y a la larga no nos conocemos.

Porque una cosa es un conocido y otra una relación.

De pareja, amistad o familiar.

Necesitamos aprender a decir que no, por el bien de las relaciones con las personas que queremos.

Y decir no aún más para atrevernos a poner límites en las relaciones que llamo forzadas (las que no elegimos)

Qué es la asertividad

Mi forma favorita de entender la asertividad es como el punto medio entre la agresividad y la evitación.

Es la capacidad de expresar tu punto de vista y necesidades desde una emoción positiva, de respeto hacia a ti y al otro.

Es concederte el permiso y el derecho de ser tú.

A veces he escuchado que se tilda a las personas de asertivas como si fuera algo malo.

Y claro, me llama la atención, porque la asertividad es una gran virtud.

Una GRAN virtud.

Quiere decir que te conoces.

Que sabes lo que te gusta, lo que toleras y lo que no.

Significa que tienes templanza emocional.

Y que tienes la suficiente seguridad en ti misma para aceptar la vulnerabilidad que supone exponerte a un posible conflicto.

Confianza en que te elegirán. Te elegirán por encima del plan propuesto.

Requiere una gran sensibilidad al respeto.

Porque te respetas a ti y a tus necesidades.

Y también respetas al otro y te expresas de forma en que no hay ofensa ni agresión a la otra parte.

La línea es fina.

Encontrar el punto medio es un arte.

La asertividad en directo

Ya, Ana, pero cuando estoy hablando con alguien, mirando de reojo a los niños, y de refilón al reloj, pues digo lo primero que puedo y me callo porque no es el momento.

Ciertamente es de estás cosas que es muy fácil ver como lo podríamos haber hecho mejor a posteriori. Soy consciente.

Pero cuanto más nos estudiemos después mejor lo haremos en vivo.

Ensayamos para la vida, vaya.

Joder Ana, ¿Qué dices?

Pues sí, ¿Por qué no?

Mira, ahora a final de curso han sido las exhibiciones de final de curso (bueno, con el Covid menos, pero alguna ha habido).

¿Salen los niños sin ensayar?

Pues no.

Pues si queremos cambiar tendremos que ensayar pues solo practicando aprendemos a ser el nuevo yo. Y ensayar me refiero a analizar la situación que fue y pensar en cómo nos sentíamos, poniéndole nombre a las emociones, y expresar lo que nos hubiera gustado decir, con las palabras exactas que hubiéramos querido emplear.

Y esa forma de pensar se va automatizando en nuestra mente. Y un día tenemos acceso a ese autocontrol en el momento.

Lo que pasa cuando no somos asertivos

Imaginemos:

Alguien te pide algo. ¿Te importa encargarte tú, yo estoy muy liada?

Aparece el programa universal «Agradar a los demás».

Claro, claro.

Y luego piensas. Joder, pues yo también estoy ocupada. Pues no me viene bien. Lo suyo sería hacerlo entre las dos.

(Calentando) Siempre igual.

(Escalando) Hace 5 años, en el cumpleaños de Pepito me encargué yo y estaba hasta arriba de trabajo.

(Exagerando) Siempre me encargo yo.

(Culpabilizando) Soy tonta porque siempre digo que sí la gente se aprovecha de mí.

Y aquí le tenemos. Resentimiento querido.

El cáncer de las relaciones.

Tenemos la versión agresiva también.

Alguien te pide algo. ¿Te importa encargarte tú, yo estoy muy liada?

Pues yo también estoy liada, ¿Qué te crees? (con tono así entre ofendida y borde)

Bueno vale, pues déjalo, ya lo hago yo. (Con retintín «como siempre» colgado en el ambiente).

Y te sientes mal.

Porque aparece el programa de agradar a los demás. Siempre presente.

Y entra el Comité Machacón.

Pues no me gusta como lo he dicho.

No quería ser tan borde..

La verdad es que es cierto que quizá yo ahora tengo más tiempo y también quiero participar.

Pero cómo lo ha dicho. Como si fuera una mártir que viene a salvarnos a todos.

Que se vaya a la m*erda.

Resentimiento.

Doble. Hacia fuera y hacia dentro.

Fantástico.

Vivir a cámara lenta

Sé que todas queremos un botón de pausa en la vida. O al menos la posibilidad de ralentizar las situaciones, para tener más tiempo para pensar.

Existe ese botón.

Algo parecido.

Presencia y control emocional.

Explícate mujer.

Voy.

A ver, cuando estás presente y en un buen estado emocional (piensa ejemplos que seguro que los tienes), cuando alguien te hace una petición no te pones to nerviosa, en alguno de los modos tengo que quedar bien, ser amable, a ver qué me va a pedir, seguro que me enmarrona, sino que con tranquilidad te paras, te concedes unos segundos y piensas.

Y evalúas las opciones, entiendes cual es realmente el compromiso que estás adquiriendo y decides.

O usas el comodín, déjame que lo piense y te digo.

Te diré que hay dos derechos asertivos.

Bueno, hay más, luego te los cuento, pero ahora te voy a mencionar dos: Tienes derecho a no contestar inmediatamente.

Y tienes derecho a cambiar de opinión.

Y esto que parece de párvulos, pues es que no es tan obvio.

Que a veces parece que hemos firmado una hipoteca cuando le decimos sí a alguien.

Qué mala gente esta que cambia de opinión.

¿Por qué?

Pues hombre, marear a todo el mundo todo el rato y disponer del tiempo de los demás no te va a traer relaciones estables y ricas.

Pero podemos decir, perdona, lo he pensado mejor y no puedo comprometerme a esto.

En demasiadas ocasiones no nos lo permitimos y las cosas se enrarecen.

Decir no

Como te imaginas, el primer derecho asertivo es el derecho a decir no.

Pero no soy tonta. Sé que decir no produce incomodidad.

Te diré una cosa.

Está bien.

Está bien sentirse incómoda de vez en cuando.

No vas a explotar.

Te lo prometo.

Está bien sentir la incomodidad de tener un poquito de hambre y no saciarla instantáneamente. De aceptar la incomodidad al hacer deporte y sentir la resistencia. Y está desde luego bien sentir la incomodidad de hacer algo con lo que no estás familiarizada y que tu cerebro no sabe hacer.

La incomodidad para mí es simplemente que tu cerebro no tiene una conexión creada. Aún.

Es como cuando cambias de trabajo y el primer día vas con más tiempo y nerviosa porque no conoces el camino.

Y unos días después vuelve a estar automatizado.

Me he ido un poco al crecimiento.

Retorno a la asertividad.

Si no sueles decir no al principio te sentirás incómoda. Violenta.

Quizá se note.

Está bien.

De verdad.

Está bien.

Ensaya.

Repite situaciones en papel a posteriori.

Piensa cómo te gustaría haberte comportado, sentido y dicho.

Ensaya, como los pitch de ventas.

Aunque probablemente el primer paso y más importarte es entender que tienes derecho a decir no. Que no hay nada malo.

Y que la asertividad es valiosa.

En tus relaciones personales.

Y en tu vida profesional.

No es ser tirana, egoísta ni déspota.

La asertividad vive en un punto saludable, entre la agresividad y la evitación.

Derechos asertivos

Ana, has dicho que nos ibas a decir cuáles eran los derechos asertivos.

Pues sí.

Aquí me voy a ayudar de uno de mis profes de coaching, Francisco Yuste, en Herramientas de Coaching personal, propone una gran lista, pero yo me quedo con unas pocas, las que creo que más nos aplican a nosotras, mujeres y madres:

  • Derecho a decir no sin sentirme culpable
  • Derecho a ser tratada con respeto y dignidad
  • Derecho a tener y expresar mis sentimientos y opiniones
  • Derecho a ser escuchada y tomada en serio
  • Derecho a cambiar
  • Derecho a cometer errores
  • Derecho a tener éxito
  • Derecho a superarme, aun superando a los demás

Feliz día

Ana

PD. La asertividad, decir no y el establecimiento de límites es parte importante en mi programa de relaciones Reconecta. Échale un vistazo a un programa que cambia la forma en que te relaciones con los demás.

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