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Coach de Vida Equilibrada

Aprendizajes sobre Paternidad Positiva

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He estado durante esta semana en una conferencia de paternidad positiva. Hacía tiempo que tenía muchas ganas de formarme en el tema, y con la niña entrando en pre-adolescencia me pareció el momento oportuno.

Ha sido una semana intensa. Cuando hablamos de paternidad, las emociones están a flor de piel. No estás sólo aprendiendo de expertos cómo funciona el cerebro del niño, cómo aprendemos, qué dice la neurociencia sobre cómo se construye la resiliencia y la felicidad, estamos, sobre todo, juzgando nuestro papel como educadores. “Esto lo he hecho mal”. “Ya la he cagao

En mi caso además, se junta con que me dedico a ayudar a madres a vivir una vida más plena y feliz, y las herramientas que enseñan tienen que ver mayoritariamente con el autocontrol y el coaching, por lo no paro de pensar, “Esto puede ayudar a mis clientas”. “Esto es muy potente”.

Total, que he acabado los días agotada. Fundida mentalmente. La cabeza me iba a explotar.

Pero ha merecido la pena. Me llevo muchos deberes, una lista de libros extensa y muchas ideas. Soy un poquito mejor madre y un poquito mejor coach.

Así que hoy quiero compartir algunos de mis aprendizajes. Son horas de contenido, no pretendo resumirlo, pero sí trasladaros reflexiones que tuve mientras atendía y que son importantes para todas las madres.

El sentimiento de culpa

Todos los expertos en paternidad positiva insistían en que no nos contaban esto para que nos sintiéramos culpables. Que la aspiración no puede ser la perfección, sino el crecimiento. Porque el hecho de que veamos que lo haríamos diferente ahora, es inevitable y bueno, porque indica que estamos creciendo y aprendiendo.

Y es que los avances en neurociencia han cambiado profundamente el conocimiento que se tiene del cerebro humano y de cómo aprendemos y cómo desarrollamos la corteza prefrontal, la parte más desarrollada. Además, se puede medir, desde hace relativamente poco la relación entre las partes del cerebro que se activan y las sustancias químicas que se lanzan al torrente sanguíneo. Por último, se sabe, como nunca se ha sabido, que el cuerpo influye tremendamente en nuestro comportamiento.

Esto es NUEVO.

Y viene a cambiarlo TODO.

Pero eso a la vez pone de manifiesto muchos, “Uy, lo he estado haciendo mal”. Y a mí personalmente me provoca dolor. Pero si entro en eso, no hago el trabajo, no aprendo y no crezco. Necesito compasión como madre, hacia mí en primer lugar.

Y esto me llega al segundo gran mensaje de esperanza que me llevo:

Nunca es demasiado tarde

“History is not destiny”.

Ahhh, me encanta.

Podemos reprogramar nuestro cerebro, lo sabemos, gracias a la neuroplasticidad. Sabemos hoy que el cerebro está diseñado para modificarse a través de las experiencias.

Podemos construir una nueva relación, sana, profunda, un vínculo fuerte y una gran conexión con nuestros hijos (y marido) desde hoy.

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Foto de Artem Maltsev

Y el camino es el crecimiento personal, el coaching.

¿Creéis que se hablaba del niño en las ponencias? Se hablaba del cerebro del niño Y del comportamiento del padre. De la regulación- autocontrol- del padre. Y de la gestión emocional, del padre, siempre previa al intento de regulación emocional del niño.

Y estás aquí. Lo que quiere decir que estás haciendo tu trabajo personal. Estás formándote cada semana en paternidad positiva. Y ese es el camino. Eso es lo que crea transformaciones y produce cambios significativos en tu calidad de vida. Y la de los que te rodean.

Personalmente te diré que he vivido el nunca es tarde. Mi relación con mi hija mayor es hoy unos de mis mayores motivos de satisfacción, pero no siempre lo fue. Cuando la niña tenía 4 años me sentía muy desconectada con ella. No gusta la madre que fui para ella en ciertos aspectos. La excesiva exigencia que me caracterizan me llevaron a ciertas dinámicas de las que hoy me avergüenzo. Sé que no fueron buenas. Lo hice desde el amor por ella, pero guiada por el miedo y la necesidad de control. No son emociones que crean buenos resultados.

Cuando empecé mi trabajo personal mi relación con mi hija fue siempre una de mis grandes motivaciones. Y uno de los mayores puntos de dolor, también te digo. Hoy tiene 9 años y nos decimos que nos encanta la relación que tenemos.

¿Es perfecta? No. ¿Me equivoco? Mucho. Pero ya no intento aparentar que lo sé todo y ocultar mis carencias. Cuando la cago, reparo.

Y eso me lleva a mi siguiente mensaje.

La Reparación

De todas las conferencias, la que más disfruté fue la de Tina Payne Branson. Ella es increíble. Bueno, todos son ponentes de altísimo nivel. Pero ella es…algo excepcional. Los conceptos que explica, muy riguroso, basado en estudios muy serios y con toda la neurociencia detrás. Y lo explica que da gusto escucharla.

Los principales mensajes son:

Tenemos que ser un puerto seguro al que el niño pueda acudir cuando lo necesita. Y ello requiere forjar un vínculo seguro con el niño. El apego sano.

Ese vínculo sano se forma a través de las 4 eses: Safe (mantener el niño a salvo-física y mentamente), Seen (que el niño sea visto), Sued (consolado), y cómo consecuencia de lo anterior se crea la Security (seguridad de que vamos a atender tus necesidades).

Dice “no se trata de ser perfectos como padres, si no de ser predecibles”. De que el niño sepa que puede esperar que vamos a ayudarle, que vamos a responder a lo que necesita.

Los estudios demuestran que los niños que tienen un vínculo sano y fuerte con un cuidador (basta uno) se desenvuelven en la vida mejor- y lo que han visto ahora es que tienen más desarrollada su corteza pre-frontal- que es la que se encarga de la resiliencia, liderazgo, inteligencia emocional, etc.

¿No es apasionante?

Esa parte del cerebro es la que más tarde se desarrolla. Para fortalecerla, hacer más fuertes las conexiones, el niño tiene que estar en estado calmado. Por eso necesita tener sus necesidades, físicas y emocionales cubiertas.

Te lo contaba en el artículo de Relaciones sanas según la neurociencia, si hay una amenaza se activa un “modo” en nuestro cerebro en que el sistema nervioso toma el control. En ese modo no se produce aprendizaje ni crecimiento.

Si queremos saber si lo estamos haciendo bien, el esquema de las 4 S nos da un marco de referencia.

Pero somos humanos, ya lo hemos dicho y a veces vamos a tener una respuesta incorrecta. Nosotras mismas entramos en modo amenaza (“Mi hijo no comparte los juguetes y no va a tener amigos” o “este niño está muy mal educado, soy una mala madre, no llegará a nada en la vida”), o estamos agotadas y estresadas y desde ese estado no siempre conseguimos autocontrolarnos y dar una respuesta elegida y sensible.

Y ahí es donde entra la reparación, esencial la creación del vínculo sano y positivo.

La reparación es disculparnos. Y es básica en relaciones personales. “Siento haber gritado. Os he debido asustar. No ha estado bien” No culpar al niño. Asumir la responsabilidad de tu reacción y pedir perdón si no es esa la manera en que querrías haber reaccionado.

Todos los expertos de relaciones hablan de la reparación. Lo vimos en pareja y lo vemos ahora con los niños.

Por cierto, que tenemos un sesgo negativo (esto te lo cuento en detalle otro día), por lo que necesitamos 5 interacciones positivas por cada una negativa para mantener un “saldo positivo” en la cuenta bancaria emocional de la relación. La reparación nos permite transformar la interacción negativa en, al menos, neutra y es una gran oportunidad de conectar: muestra vulnerabilidad y autenticidad.

Si reaccionas presa de las circunstancias y esa no es la forma en que quieres responder, díselo a los niños y repara. Así te conviertes en su lugar seguro. Y entonces sí puedes ser una influencia para ellos.

Más influencia que control

“No somos responsables del comportamiento de nuestros hijos” dice Hal Runkel, autor de Scream Free parenting.

¿Cómo?

Esta es un concepto difícil de asimilar. Aún para mí que me dedico a enseñar esto, pilar básico del coaching, reconozco que me costó y mucho asimilar este concepto en niños, pero creo que es inteligente y merece la pena entenderlo.

Todos hemos intentado controlar el comportamiento de nuestro marido, nuestros hijos y posiblemente alguien más. Y sabemos lo que pasa.

Aún así, nos gusta discutir con la realidad, negar la evidencia y seguir intentándolo.

Dice el experto que tenemos mucha influencia, poco control. Y es cierto. Finalmente el comportamiento del niño depende de lo que le decida hacer el niño, de lo que piense y le pase al niño.

De hecho, en otra ponencia nos explicaba otra experta cómo se va demostrando que mucho comportamientos del niño (y los adultos) son lo que llaman bottom up (del cuerpo a la mente- no pienso y luego actúo, si no al revés). Es decir que el niño no lo hace aposta, no es consciente. Está respondiendo físicamente a un impulso, porque aún no ha desarrollado la parte del cerebro que es capaz del control emocional y la regulación. (Esto es enorme, pero es para otro artículo, porque el tema es denso, pero va a cambiarlo TODO en educación).

¿Y cómo ejercemos la influencia? Con el ejemplo. ¿Queremos que se controle el niño? Controlémonos nosotros. Decimos más con lo que no decimos que con nuestras palabras.

Y esto escuece (a mí al menos), pero cuando le das una pensada tiene mucho sentido. Porque si yo no me controlo, le digo “Necesito que te calmes para calmarme yo”. ¿Cuánto poder le damos al niño? ¿Es realmente a quién le queremos dar el poder de nuestras emociones y comportamientos? ¿Quién es el adulto?

Me encantó la frase:

“Tenemos que pasar de intentar lo imposible (cambiar y controlar a nuestros hijos) a intentar lo difícil (controlarnos y cambiarnos a nosotros mismos)”

Coaching en vez de controlling

Como padres tenemos una tarea compleja. Estamos educando niños para ser adultos. Queremos que se conviertan en adultos independientes capaces de tomar sus propias decisiones, y decisiones inteligentes. Pero son niños.

Entonces, son niños, están aprendiendo, pero tenemos que dejarles que se equivoquen, que piensen por si mismos, y aprendan a asumir la responsabilidad de sus acciones (respons-abilidad: capacidad de responder, de elegir la respuesta). Tienen que ir siendo adultos.

Esto conlleva enseñarles reglas de convivencia, desde luego y explicarles cómo esperamos que se comporten. Libertad con límites. Límites y exigencia apropiadas a su desarrollo madurativo (mucha pena me da no haber conocido antes el proceso de desarrollo del cerebro, porque le exigí cosas a mi hija mayor que eran inapropiadas a su edad).

“No podemos asumir la responsabilidad de su comportamiento, controlarles, no desarrollar la resiliencia y la toma de decisiones como niños y luego en la adolescencia quejarnos de que no asumen responsabilidad por sus acciones y de su falta de iniciativa e independencia” (principal motivo de queja entre padres de adolescentes).

La solución que proponen es el coaching. En doble sentido: Auto-coaching y autocontrol (regularnos a nosotros mismos, por ejemplo el miedo que tenemos para permitirles asumir riesgos, caerse y aprender) y coachearles a ellos para desarrollarles las habilidades adultas, la corteza prefrontal vaya: autoconciencia, inteligencia emocional, reflexionar sobre lo que ha pasado, análisis de acción- consecuencia, perseverancia para construir resiliencia y todas esas cosas tan bonitas que cómo estás aquí ya estás trabajando y que ahora hay que transmitir- de forma apropiada a su edad- a los niños.

Y si tienes dudas te diré que ya hay estudios que muestran como cuando yo le digo a alguien lo que tiene que hacer, aunque sea una super idea y estén de acuerdo se activa en el cerebro una zona defensiva. No trabajamos sobre la corteza prefrontal. El cerebro desarrolla esa parte pensando por sí mismo.

Cuando una clienta llega a lo que se conoce como insight, una comprensión profunda de cómo es y el impacto que ello tiene en su vida es cuando se produce el cambio, la transformación. Y deja huella en el cerebro.

Podría estar horas escribiendo porque el tema me apasiona y me ha encantado, pero voy a dejarlo aquí. Retomaré conceptos y profundizaré en ellos, desde el punto de vista de la madre, porque la crianza es uno de los temas recurrentes de las sesiones. No soy experta en educación y crianza, no es mi intención, pero sí lo es daros herramientas para vivir vuestra maternidad de forma más feliz, así que aquéllo que conozca que os pueda ayudar en esa vivencia, lo compartiré.

Os dejo con una frase que dijo el experto en Programa tu cerebro para la felicidad (Rick Hanson):

Si queremos cambiar el curso de la humanidad, tendríamos que hacer del bienestar de la madre la prioridad número 1 de la sociedad.

(Igualito que ahora)

Feliz semana

Ana

Conferencia de Paternidad Positiva (PPC 2020)

La conferencia a la que estoy asistiendo se llama Positive Parenting Conference y la organiza la encantadora Sumitha, Fundadora de NiceParenting.com

Podéis consultar los expertos y tiene muchos recursos. Y si queréis preguntarme sobre algo concreto, os ayudaré encantada.

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2 comentarios en «Aprendizajes sobre Paternidad Positiva»

  1. ¡Gracias Ana por otro post lleno de aprendizajes! Me han encantado el concepto de “puerto seguro” y esta frase: “tenemos que pasar de intentar lo imposible (cambiar y controlar a nuestros hijos) a intentar lo difícil (controlarnos y cambiarnos a nosotros mismos)”. Este es un tema apasionante, así que te agradezco mucho que compartas lo que vas aprendiendo.

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